lunes, febrero 05, 2007

Santiago Gonzalez, Extrañados

martes 6 de febrero de 2007
Extrañados
SANTIAGO GONZÁLEZ
Apenas conocida la sentencia del Tribunal Supremo que declaraba organizaciones terroristas a Jarrai, Haika y Segi, los 23 condenados se dieron a la fuga. El ministro del Interior aseguró que «en cuestión de poco tiempo ingresarán en prisión los 23, en las próximas horas o los próximos días. Ese es mi vaticinio y creo que no me voy a equivocar».No se ha equivocado y es justo destacarlo. En cuestión de horas, unas 360, los jóvenes prófugos fueron detenidos el domingo en el frontón de la Esperanza. Es verdad también que se entregaron ellos. La mayoría acudieron a la concentración con la mochila y convocaron a los medios de comunicación para encerrarse después en el frontón con sus simpatizantes para ser detenidos uno a uno por la Ertzaintza, pero Rubalcaba no había descendido a los detalles y no cabe, por tanto, hacerle reproche alguno.El implacable portavoz del grupo socialista en el Congreso, en cambio, se ha puesto excesivamente campanudo al comentar las detenciones como si fuesen un triunfo de la investigación policial: «Saben que en España, antes o después, quién la hace la paga, que cuando se comete un acto terrorista o se comete un delito, las instituciones funcionan, las fuerzas de seguridad actúan, les detienen y les ponen a disposición judicial».Hubiera sido preferible afrontar la explicación con un poco menos de triunfalismo, habida cuenta de que no habían cruzado la frontera, han estado aquí durante los últimos 15 días, sin que las fuerzas de seguridad acertasen a dar con ellos. Pero sí podemos celebrarlo como un triunfo para las estadísticas: ayer, la Policía autónoma consiguió en una sola operación sumar el 43,9% de los detenidos en relación con el terrorismo durante todo el año pasado y aún nos quedan once meses. Este envidiable ratio sólo conoce parangón en los asombrados versos con los que el poeta Eladio Cabañero ironizaba sobre el prolífico escritor portugalujo Mario Ángel Marrodán: «Cojones, dijo el cartero,/ tres libros de Marrodán/ y estamos a dos de enero».Uno de los hitos de la Marcha de la Libertad que recorrió Hego Euskal Herria (Euskadi Sur en el lenguaje de la época) fue la aparición en Durango de los extrañados. Así se llamaba a los últimos militantes de ETA que Suárez no se había atrevido a liberar antes de las elecciones, entre los que figuraban los seis condenados a muerte en el proceso de Burgos.Fue aquel un acontecimiento épico, lleno de incertidumbre, cuyo meollo consistía en el triunfo de la impunidad, en aparecer y desaparecer para dejar en evidencia a la Policía. Esta vez los extrañados han sido los ertzainas.Caben interpretaciones sobre su entrega. Los forofos de la negociación y los optimistas de la escuela de López Garrido pueden pensar que es la contribución de estos muchachos al proceso de paz, aunque es mucho más probable que estemos ante el toque de campana para una próxima campaña de la kale borroka. O así.s.gonzalez@diario-elcorreo.com

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