viernes, febrero 16, 2007

Quiñonero, El terror y las dudas

viernes 16 de febrero de 2007
El terror y las dudas

El proceso del 11-M, que comenzó ayer, se percibe como un acontecimiento mundial. Nadie se interesa por las teorías conspirativas, pero los lectores de varios continentes intentan sacar lecciones de alcance internacional sobre el estado de la lucha contra el terror.
Financial Times, Frankfurter Algemeine Zeitung y Le Figaro, entre muchos otros grandes medios occidentales, consagran largas informaciones a la presentación del caso contra los responsables de los atentados de Madrid, pero quizá sean los lectores quienes avancen las opiniones más audaces. El Times de Londres, por ejemplo, continúa recibiendo muchas cartas, y F. Bonmati, que escribe desde Nueva Jersey, Estados Unidos, afirma que «España perdió la guerra del terror el día que abandonó Irak». Fran Clemenkowff, que escribe desde la ciudad de Townsville, en Australia, añade: «Creo sinceramente que España será un ejemplo para el resto del mundo sobre cómo tratar el problema del terrorismo islamista».
En Santiago de Chile, El Mercurio hace suya esta opinión de Juan Avilés, ex director del Instituto Universitario de la Seguridad Interior: «Por motivos políticos, se han generado muchas polémicas en torno a los atentados. Sin embargo, el grado de esclarecimiento es bastante completo y no creo que haya muchas novedades».
En México, Letras Libres, la revista fundada por Octavio Paz y dirigida por Enrique Krauze, publica un análisis de Ricardo Cayuela Gally que termina de este modo, poco esperanzador: «La negativa de Zapatero a volver a convocar el Pacto Antiterrorista y luchar junto al PP por la derrota policial de ETA, modelo que tuvo éxito en el pasado, es un triste augurio. La negativa del PP a acompañar a las asociaciones de ecuatorianos en las marchas de duelo y de protesta no lo es menos. ETA, con su bomba, ha logrado dividir a los dos partidos políticos, y en este año electoral que se abre todo parece indicar que España camina a ciegas pidiendo a gritos un verdadero estadista. Uno que no se vislumbra ni a izquierda ni a derecha».
Juan Pedro Quiñonero
REVISTA DE PRENSA

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