lunes 12 de febrero de 2007
Veinte años después: seamos honestos
Después de pasar cinco días especiales en Sofía, capital de Bulgaria, entro por primera vez en un avión de Bulgaria Air que me llevará al próximo destino de este viaje sin (muchos) planes, que hago en homenaje a los 20 años de mi peregrinación por el Camino de Santiago. Debido a la prohibición de encender el ordenador antes y durante el despegue, paseo mis ojos distraídamente por la revista de a bordo. Como en todas las revistas de las compañías aéreas, sé que allí deben de estar describiendo las maravillas del país y no tengo mucho interés en el asunto, ya que mi visita fue óptima y no necesito que nadie me diga que el lugar es maravilloso. Hace años durante el durísimo régimen comunista, cuando nadie podía visitar el lugar, un escritor brasileño escribió un libro poniendo en cuestión la propia existencia de Bulgaria: según él, jamás había conocido a una sola persona que hubiese venido hasta aquí. De esta manera, ¿quién sabe si todo no pasaba de una gran conspiración para hacernos creer en una realidad inexistente? Es evidente que el libro fue realizado con mucho sentido de humor, sin ninguna crítica a los búlgaros, pero explotando el hecho de que el imaginario colectivo algunas veces puede ser manipulado. Estoy pensando en este escritor cuando leo en la revista de a bordo, en las páginas donde normalmente se encuentran recomendaciones de hoteles, restaurantes y procedimientos de embarque, algo que me deja fascinado y sorprendido. A) Caminar por el centro de Sofía significa enfrentarse con coches estacionados en el cordón de la vereda, gente bocinando en sus oídos, perros sueltos, agujeros que surgen sin cualquier aviso. B) Si quiere entrar en un autobús, recuerde que la puerta es pequeña y hay una gran posibilidad de golpearse contra el batiente. Tire una moneda de un lev (moneda local) en la falda del chofer, grite dónde desea bajarse y sepa que no siempre los autobuses van a respetar las paradas. No pierda su buen humor por causa de eso. C) Para conducir, tenga en consideración los requisitos siguientes: su registro de conductor, pasaporte, nervios de acero inoxidable, ojos que no pueden parpadear en ningún momento, señales de tránsito que se parecen a jeroglíficos (Bulgaria usa alfabeto cirílico), motoristas desvariados. D) Al parar en un semáforo, esté listo para ver su coche cercado por una multitud de niños dispuestos a limpiar su parabrisas: sea firme, ¡no acepte! E) Los guardias de tráfico son extremadamente venales (está escrito: prodigiously venal!) y no le sacan el ojo de encima. Compórtese como un santo, no se estrese, a no ser que desee pagar una `multa en la hora´, lo que no es nada más que un tipo de corrupción. F) Bulgaria tiene un alto índice de criminalidad, pero, por favor, ¡relájese! Usted estará tan seguro, o inseguro, como en Nueva York, Londres, París o cualquier otra ciudad. G) La iluminación es pésima durante la noche. H) Los comerciantes nunca tienen cambio. Pida en su hotel billetes pequeños o se estará arriesgando a quedarse esperando al vendedor que fue hasta un vecino o al banco más cercano para conseguir cambio. I) Volvamos al autobús: existen algunos que tienen una máquina `asustadora´ en la entrada, y usted necesita descubrir cómo conseguir sacar su tique de allí. Recuerde que en cualquier lugar del mundo el transporte público es de pago. Es evidente que hay grandes ocasiones de ver durante el recorrido inspectores entrando y pidiendo los billetes a los pasajeros; la gran mayoría no los tendrá, habrá una discusión y serán obligados a pagar una multa. Ya que usted superó todos los problemas y compró el suyo, observe estas peleas sin miedo. Seamos honestos: casi todas las grandes ciudades del mundo tienen la mayoría de estos problemas (ése del tique, por ejemplo, yo lo viví en Ámsterdam), pero por primera vez una compañía aérea habla abiertamente sobre ellos. Felicitaciones por el coraje que me hace amar, más todavía, el país y a su pueblo.
lunes, febrero 12, 2007
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