jueves, febrero 15, 2007

Ignacio Parada, Tambien te juzgan a ti

viernes 16 de febrero de 2007
También te juzgan a ti
LUIS IGNACIO PARADA
Ya sé que estás ahora en lo mejor del nirvana: refugiado en tu sillón anestésico, haciendo bíceps con el mando a distancia, contando los días que faltan para que te den ese barquillo de sueños que es el coche nuevo; que te mantienes en pie con el coraje de los amotinados, que anoche estabas tan cansado que hasta a tus pies les costaba trabajo seguirte los pasos, que hay días en que has de tomar un sedante antes de mirarte al espejo porque cada día te pareces más a tu mascarilla, que vivir se ha convertido para ti en un suicidio a dosis diarias. Y que pasas de política como pasan de ternura los rufianes. Así que no voy a amargarte con monsergas.Pero te preguntas ahora, después de haber visto anoche de reojo los telediarios, cómo se puede saber la verdad en un macrojuicio cuando el primer acusado de ser uno de los autores intelectuales de los atentados del 11 de marzo de 2004 sólo contesta por la tarde a las cómodas preguntas de su abogado, tras acogerse por la mañana al derecho a no declarar, dejando a la fiscal y a los acusadores privados con sus preguntas lanzadas al viento que sólo tendrán la respuesta de su propio eco. ¿Qué tipo de justicia tan garantista es ésta -te preguntas-, donde un presunto culpable, con la perfidia de un trilero tiene más derechos y es mejor tratado que las víctimas de sus supuestos crímenes? ¿Cómo un juicio puede convertirse en un espectáculo mediático, un striptease político, un escaparate de quincallería?Tienes que saber que, por mucho que odies a esos políticos que fingen con la avilantez del telediario, por mucho que desconfíes de esos jueces que dictan sentencia con la sinuosidad de las lombrices, por mucho que desprecies a esos periodistas que hacen de las portadas una palangana de burdel, ayer también te empezaron a juzgar a ti en la Casa de Campo.¿Te has dado cuenta de que en este juicio se dan todas las circunstancias, todas las situaciones, todos los personajes de las tragedias griegas? ¿No se parecen los 29 acusados al coro que entona salmodias para lograr la catarsis del espectador y alcanzar la purgación de sus pasiones? ¿No es el presidente de la sala ese deus ex máchina del que esperamos un desenlace racional a una situación de la que ha quedado excluida la esperanza? ¿No es la fiscal una Medea de nuestro tiempo que lanza reproches a la divinidad por permitir las injusticias? ¿No es Aznar el Edipo intolerante que se negó a aceptar las predicciones del oráculo y el día del gran atentado se hizo a sí mismo un gran mal sin saberlo? ¿No es Rajoy el nuevo Polinice, hijo mayor de Edipo, que puede morir a manos de un hermano como predijo su propio padre? ¿No parece Esperanza Aguirre la Clitemnestra ahíta de certidumbres y ambición de poder, empeñada en castigar desmesuras hasta convertirse ella misma en tirana? ¿No es Gallardón el Agamenón que debe tomar una decisión límite para que los vientos no le sean contrarios en su partida hacia Troya? ¿No son Rodríguez Zapatero, De la Vega, Rubalcaba, Moratinos, Pepiño, Acebes, Zaplana, personajes que recuerdan las confusas vidas de Creonte, Antígona, Orestes, Ifigenia, Filoctetes, las bacantes lanzadas al desenfreno en la ado- ración de un dios pagano en su permanente confrontación de la razón de la Verdad y la razón de la Política?Sígueme unos días y sabrás por qué te empezaron a juzgar a ti ayer en la Casa de Campo.

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