jueves, febrero 15, 2007

Garcia Brera, Respondones

viernes 16 de febrero de 2007
Respondones
Miguel Ángel García Brera
H AY en el más cruel Buñuel unas impresionantes escenas protagonizadas por un grupo de menesterosos que reciben ayuda y responden prácticamente destruyendo la casa que les dio cobijo. Muchas veces la pobreza es mayor en lo cultural que en lo económico; otras veces la necesidad se mezcla con el resentimiento…Yo mismo me he encontrado más de una vez, con personas a las que, en la calle, he socorrido con más dinero del que es habitual en las limosnas de los viandantes, y en lugar de reaccionar con agradecimiento, lo han hecho saliendo por pies, seguramente pensando que me he equivocado en la cifra donada. Otros, animados por mi ocasional desprendimiento, han creído encontrar una mina y, descaradamente, incluso gritándome, me han exigido más recitando un catálogo de necesidades propias y de toda su familia. Aunque a mi no me ha ocurrido, se de alguno a quien, al ir a sacar la cartera para socorrer a un indigente, éste se la ha arrebatado. Para un cristiano es de justicia dar a quien lo necesita y, por esa razón, esas posturas de los mendicantes no me han apartado de mi costumbre, que por otro lado, no está nunca a la altura de lo que me haría sentirme más de acuerdo con mi fe. Lo que si prefiero, en vista de que hay gentes que te salen respondonas, es canalizar la ayuda a través de instituciones religiosas; pero no siempre –aunque me lo propongo-soy capaz de pasar al lado de quien pide, como si no lo viera o escuchara. El Gobierno español también va a tener que cuidar su política de ayudas en vista de que algunas naciones están saliendo respondonas. La actitud de Mauritania, ajena a toda solidaridad con gentes de su continente, insolidaria con un país amigo, como es España, irrespetuosa con las leyes del mar, exigente como los pobres a que antes aludía, debe hacer reflexionar al Gobierno español y decidirle a tomar las riendas de la política internacional de una vez por todas, con la exigencia del respeto que merece una nación secular con muchas páginas brillantes en su historia desde muchos siglos antes de que otros territorios ni siquiera pasaran de ser un conglomerado exiguo, tribal y sin destino. No es de recibo para el honor nacional español que el mismo día que aparece en el Boletín Oficial el aprobado de una subvención a Mauritania para ayuda a sus problemas relacionados con la emigración, se niegue el desembarco del “Maine I” o se haga ir y venir a los aviones con gente por retornar, y mucho menos que se desprecie, con “trato de perros”, a los policías españoles llegados para ayudar y suplir la escasa plantilla o la poca competencia ajena. Sólo un Gobierno acomplejado puede tolerar estas cosas, como si se tratara de ese equipo de solera, que, al parecer, puede aguantar que un camerunés, elevado a la fama por su facilidad para dominar el balón, se le suba a las barbas, decida desobedecer al entrenador y jugar, o no, un partido según le venga en gana, y encima tenga a su disposición los micrófonos de toda España para ejercer de respondón. Claro que, si de la política exterior española no cabe decir sino que sonroja pensar que el ministro del ramo no ha dimitido todavía, qué decir de ese otro ministro novato, que acaba de iniciar su andadura atacando a un poder del Estado cuyo órgano de gobierno es el Consejo General del Poder Judicial, cuando no es el tal ministro ni siquiera el representante del Poder Ejecutivo, sino uno de sus miembros y además recién llegado. Al nuevo titular de Justicia, de quien dicen que no se le daba mal hacer de bajista en Los Cirros, aunque no consiguiera aportar al conjunto nada que lo hiciera medianamente famoso, cabria suponerle mejor oído para escuchar uno de los fundamentos democráticos, la división de poderes. Porque no es que el ciudadano Bermejo haya criticado a los jueces o al Poder Judicial, como cualquiera puede hacer con ese Poder y con los otros dos en aras de la libertad de expresión –otro fundamento de la democracia–, es que le ha negado legitimidad, lo que, además de suponer una falacia, es un desconocimiento de la legalidad vigente incluida la constitucional. En este periodo histórico en que los despropósitos dominan nuestra vida política y nuestra sociedad, todavía me atrevo a denunciar otro aún mayor. La Academia General Militar de Zaragoza está vigilada por una empresa privada dedicada a la limpieza y a la seguridad. Hace ya años que me sorprendió encontrar los Juzgados vigilados por mozalbetes, generalmente vestidos de azul, encuadrados en empresas particulares. Siempre pensé que en edificios públicos la mejor garantía de seguridad es la de las fuerzas policiales entrenadas por el Estado para su defensa y el de la población. Puede que salga más barato encomendar esa tarea a profesionales privados, pero no creo que sea más fiable, aunque dados los casos, que ya van siendo llamativos, de policías corruptos o de soldados delincuentes, no se si tengo razón, a no ser que vuelvan los Cuerpos de Seguridad y los Ejércitos a un cuidado más escrupuloso para que en sus filas, los indeseables o los traidores – y siempre ha sido imposible evitarlos al cien por - sean los mínimos. Desde luego, para los militares, estoy convencido de que ver su recinto formativo defendido por los empleados de una compañía privada no debe ser motivo de satisfacción. ¡Ellos que, constitucionalmente, son la garantía de la defensa nacional! Y como hablaba de despropósitos, no dejaré sin citar el de Telemadrid al poner en manos de Sánchez Dragó, su informativo de noche. Como he tenido siempre muy buena impresión de la capacidad intelectual del soriano, nunca me ha molestado en exceso su egolatría, manifiesta en sus programas de libros, pero, al penetrar en el mundo de los informativos su ego se ha transformado de tal modo que se ha convertido en un verdadero bufón. El hombre parece creer que con llevar a dos amigos para que uno defienda lo blanco, otro lo negro y él mismo lo que quiera, está dando un ejemplo de objetividad, cuando lo cierto es que resulta patético, teatral o chungo. A mi modo de ver, rizó el rizo el otro día con motivo del triste fallecimiento de Erika Ortiz. Comenzó el telediario con una perorata cargada de indeterminada moralina contra los medios que, según él, no habían acogido la petición de la familia Ortiz de que hubiera respeto ante el suceso. Y, cuando, como consecuencia de su perorata, yo creía que ahí iba a quedar su información, el soriano dedicó prácticamente la totalidad del programa, con psiquiatra o neurólogo incluido, a recordar las circunstancias de la vida y la muerte de la pobre muchacha. ¿Será que, como suele ocurrirnos a los ancianos, Sánchez Dragó está ya un poco gagá? Resultaría triste que así fuera para quienes, como yo, le tenemos bastante admiración por algunos de sus libros. A ellos debería regresar y dar por finalizada esta rocambolesca aventura que no hace sino daño a su imagen y a quienes añoramos la profesionalidad de sus antecesores en el programa.

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