miercoles 14 de febrero de 2007
CARTA AL MÁS ALLÁ
Felix Arbolí
M I querido Dios: No sé si ésta será una manera correcta y acertada para dirigirme a Ti, ni tampoco estoy seguro de que el encabezamiento se atenga al “protocolo” que rige en esas dimensiones celestiales. Nadie sabe nada de ese mundo donde acaba la vida y empieza una nueva, según nos tienen dicho profetas, apóstoles y otros propagadores de mitos y realidades que escapan a nuestras humildes facultades cognoscitivas. Ninguno de los que se han ido han venido a contarnos los que se halla más allá de nuestras fronteras corporales, cuando el psique, la esencia, el espíritu o el alma, según creencias y maneras de enfocar este asunto, escapa hacia su destino definitivo, que es esa ignota eternidad que según nos dicen los más sabios, doctos y entendidos en la materia se goza tras la vida. Yo creo en Ti, aunque ignore cómo eres y te presentas ante nosotros. Por eso, Te escribo esta sencilla carta, esperando que el soplo de mi fe, aunque no llegue a ésa que dicen es capaz de mover montañas, tenga el suficiente empuje para elevarla hacia esas etéreas alturas donde dices has fijado Tu estancia, que será nuestro paraíso. Porque, perdóname Señor, no creo que seas capaz de enviar a los infiernos a una criatura que has creado a Tu imagen y semejanza para que allí sufra eternamente. Es como si yo padre de tres hijos, enviara a uno de ellos, por muy mal que se portara, a un lugar donde lo atormentaran de por vida y sin posible consuelo. En ese hipotético y horrible caso, el que merecería peor castigo sería yo, al dejar que mi cólera represiva fuera superior a mis sentimientos hacia ese hijo y a la misericordia y el perdón que como padre debo estar siempre dispuesto a concederle. Hay lagunas en nuestra religión que escapan a mi raciocinio y lógica. Lo siento, puedo estar equivocado, seguramente, pero no estoy de acuerdo en estos puntos que nos han ido inculcando desde que apenas teníamos uso de razón y aumentándolos y conformándolos a través de los años, como una verdad absoluta. Debe haber otro procedimiento para que puedas castigar a los opresores, déspotas y toda esa larga letanía de malas personas, sin necesidad, de que sean atormentados eternamente. Voy a exponerte mis penas y solicitar Tu consuelo, porque se que desde donde estés, sin necesidad de bajar a este enloquecido mundo donde vivimos, puedes echarme una mano y aliviar un poco mi atormentado comienzo del año. Vengo del hospital de visitar a mi suegra, mejor, la madre de mi mujer, que se encuentra internada esperando de un momento a otro Tu llamada. Según los médicos, no hay esperanza posible, pues a sus cerca de ochenta y nueve años, su organismo está invadido por una infección producida durante una operación a vida o muerte en el intestino grueso y ya no tiene órgano sano y sin complicaciones de gravedad. La tienen sedada para que no sufra dolores ya que no pueden hacer otra cosa. No admite alimentos, los antibióticos no le hacen efecto y al verla y contemplarla, he sentido la proximidad de la muerte sobre ese cuerpo inerte y de dificultosa respiración. Dentro de pocos días, a lo mejor cuando salgan estas líneas publicadas se ha producido ya el luctuoso hecho, la tendrás ante Ti, en quien creía ciegamente. Una estampa del Cristo de Medinaceli, una de sus más fervientes devociones, preside su cama y le protege en sus últimos días entre nosotros. Ella, ya ni ve, ni conoce, ni habla, ni hace el menor gesto cuando se le habla. Es un cuerpo muerto que aún tiene su alma dentro. Me daba pena contemplarla en ese estado, cuando hace apenas unas semanas “regañábamos” por cualquier cosa y luego, tras unos instantes de caras largas, me acercaba, la besaba y echábamos “pelillos a la mar”. Porque he de confesar que en los treinta años de convivencia bajo el mismo techo, hemos tenido momentos más tensos que relajados. Ha sabido desempeñar con más frecuencia y vehemencia el papel de suegra, que el de “madre política”, aunque yo tampoco tuve en cuenta, en muchas ocasiones, más de las debidas, que ella era una señora mayor, viuda, muy golpeada por la vida, hasta incluso perder al padre y al hermano mayor sacados una noche de su casa madrileña por unos milicianos y no haber tenido noticias de ellos desde entonces. De ahí que todo lo que huele a socialismo, comunismo y otros “ismos”, por el estilo, la ponen frenética y es inútil que yo intente convencerla que nada tienen que ver éstos con aquellos, que la guerra y las matanzas terminaron hace mas de sesenta años. Para ellas y Tu lo sabes mejor que nadie, los enemigos de tu fe, los profanadores de Tus imágenes y símbolos, los que mataban a los que creían en Ti, eran enemigos irreconciliables, a los que jamás podría perdonar. Hemos tenido periodos de bonanza, de silencios embarazosos y de algunos altercados más o menos ruidosos. ¿Para qué negarlo?. Pero Tu sabes que en el fondo nos queremos y respetamos y yo soporto sus rarezas, a veces con algo de cabreo, pero siempre he estado presto a darle alguna muestra de afecto y demostrarle que mi rencor es solo cuestión de minutos, pues no me siento a gusto con enemistades y desavenencias. Solo deseo y Te pido con todo el sentimiento del que es capaz el ser humano, que seas benévolo con ella cuando la tengas ante Ti. Que Te olvides de sus posibles errores, rarezas y momentos de encono; de sus provocaciones por motivos inexistentes y de ese posible celo que pudiera sentir, y ese fuera el objeto de sus enfados, al ver que su hija me mima con exceso y me atiende solícito y se siente un tanto desplazada con esas muestras de cariño hacia un hombre que ni lleva sus apellidos, ni tiene su misma sangre. Son elucubraciones mías, intentando hallar la causa de esa lejanía en el trato familiar y cotidiano, en algunas ocasiones, a pesar de compartir la misma casa. Ahora no es el momento de buscar motivos, causas y circunstancias que no vienen al caso, sino el tiempo y la oportunidad de pedirle perdón públicamente por las ofensas que pude ocasionarle, los chistes grotescos que he dedicado a la suegra, pensando en la que me había tocado y de confiar en Tu benevolencia y misericordia para que aceptes mis culpas y las perdones, porque yo Te puedo asegurar que por mi parte he olvidado todo el mal que he podido padecer por parte de ella, con o sin su voluntad y que me gustaría enormemente, con sinceridad, volverla a tener en casa, para ofrecerle en toda su amplitud el calor de mi dilatado corazón (como han podido comprobar médicamente). Gracias a ella, he podido recibir el mayor regalo de mi vida, con esa mujer a la que le dio la vida, para que en el futuro me hiciera tan feliz. Como ven, mis tristes presagios continúan su marcha calendario arriba y este 2007, será un año trágico como inesperadamente pronostiqué la noche del pasado 23 de diciembre, sin tener motivos para ello. Primero, mi internamiento por un principio de neumonía felizmente superado. A continuación, días más tarde de abandonar el hospital, la inesperada muerte de mi cuñado, el marido de mi hermana, un golpe tremendo a mis sentimientos de afecto y sensibilidad y a los escasos días, el ingreso urgente de mi suegra y su próximo y esperado final, ateniéndome a lo dicho por el médico y la contemplación de la enferma que no ofrecía, desgraciadamente, lugar a dudas. ¿Hasta cuándo Dios mío?. ¿Qué estás intentando conmigo?. No, no soy ni tengo materia de santo, para soportar tanto mal resignadamente. Por favor, déjame ver nuevamente tu misericordia y bondad, Tu faceta de Padre excepcional. No hundas la débil barquichuela de mi fe en ese proceloso mar donde, al parecer, me tienes navegando falto de timón y perdido de rumbo. Y no olvides recibir a esa oveja en Tu redil, porque bastante ha sufrido entre tantos lobos que han destrozado su vida y no han logrado mermar su fe en Tu inmensa misericordia. Posdata: Son las tres y media de la madrugada cuando a través de no por esperada, menos dolorosa, me anuncian del hospital la muerta de mi suegra. La abuela que tanto luchó, quiso y se ocupó de mis hijos, mientras nosotros, los padres, andábamos en viajes, cócteles y quehaceres sociales propios de mi profesión. Una segunda madre que ellos han sabido agradecer con su cariño y atenciones a lo largo de su vida. La noche se ha convertido en un cruce de llantos y llamadas de teléfonos. Ella descansa en paz de su ajetreada y no muy grata existencia y los que la quisimos, lloramos su ausencia, pero en el fondo sentimos cierto alivio al comprobar que su angustiosa agonía, ha cesado para siempre. Ya estará gozando con ese Dios que tanto le colmaba y al que tanto amaba y se habrá encontrado con ese padre y ese hermano del que no tenía noticia alguna y con ese marido, mi suegro y segundo padre que tuve la inmensa suerte de encontrar. Descansa en paz querida abuela y desde donde estés acuérdate de los infelices que dejas aquí sufriendo los avatares y sinsabores de un mundo sin conciencia, sin moral y sin creencias, tan necesarias en este momentos de la auténtica verdad.
martes, febrero 13, 2007
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