martes, febrero 12, 2008

Valentin Puig, Al paso alegre de Zetapé

martes 12 de febrero de 2008
Al paso alegre de Zapatero
POR VALENTÍ PUIG
AHORA Zapatero es el organillero que nos ayudará a celebrar la alegría de la vida que pasa. Es un antepenúltimo perfil de figurante. Le asisten las nóminas del arte y la farándula para que ni el menor retazo de alegría caiga fuera de la red. Dadle alegría al ciudadano, ponedle hilo musical a los quirófanos y crematorios del Estado de bienestar, que al recibir los cuatrocientos euros suene la sección de viento del júbilo. Humilde, más humano que nunca, altruista, hombre de la calle, el estadista de La Moncloa abandona por un momento sus deberes y le da al organillo por las esquinas de la ciudad. El repertorio es de pueblo contentadizo aunque mejor si tiene piezas musicales de atractivo intergeneracional, letra multiculturalista y en conjunto contribuye a dispensarnos de la sombría partitura de la derecha. Para la derecha el órgano desafinado, el «Dies Irae», la tiniebla y el pecado. Por ahí anda la derecha más montaraz, todavía con bigotillo recortado, gafas oscuras y «Montañas nevadas». Lo que Zapatero se propone, en cambio, es defender la alegría. Elemental y lírico mecenazgo del organillero.
Pero organistas y organillero topan ambos con la misma incertidumbre. Las encuestas una y otra vez desentonan con el resultado real de las cosas. ¿Hace uno lo conveniente al alegrar la vida al género humano o debiera hablarle más bien de realidad? Hasta cierto punto, algo tendrá que ver todo esto con el hecho de que siempre haya votantes que les dicen a los encuestadores lo que quieran escuchar: amagan su voto asimilándose, como los camaleones, al color predominante en la pared. Por ahí puede andar el organillero ofreciendo romanzas cuando la gente que se asoma a los balcones preferiría una vieja marcha militar o una mazurca.
En la campaña electoral norteamericana, la neurociencia está estudiando nuevas reacciones y comportamientos. Los científicos de la universidad de Washington han analizado las reacciones ante los debates electorales. Datos de enero publicados por «Los Angeles Times»: un número significativo de personas que dijeron preferir a Obama en una encuesta informal por internet luego resultaba que, según sus reacciones subconscientes, preferían a Hillary Clinton. Un precedente es el caso del alcalde Bradley de Los Ángeles, negro y demócrata. A pesar de llevar una ventaja de un 22 por ciento, perdió las elecciones a gobernador frente a un candidato blanco y republicano. De ahí se dedujo que algunos electores dicen en las encuestas que van a votar a un candidato negro y luego votan por el candidato blanco. A inicios de siglo, persiste la complejidad racial. Lo que por ahora está claro es que escanear la actividad cerebral no garantiza una previsión fiable del sentido final del voto. Puede darse la circunstancia de que los científicos detecten como ansiedad lo que es felicidad por el simple hecho de que no pocas zonas del cerebro procesan emociones muy diversas. Los electrodos del Gran Hermano nos grapan el cerebro y el corazón sin garantía de exactitud.
Por presiones de ambiente o por simple real gana, a menudo apetece darles el cambiazo a los encuestadores. Posamos en falso como indecisos, como entusiastas de un partido o de otro, como votantes minoritarios o moléculas de lo mayoritario. Es como votar dos veces. Por eso uno puede permitirse darle a entender al organillero que la alegría es lo que importa y luego votar por el «De profundis». O al revés. En términos de clasificación mental, seguramente es más musical la sonrisa de Zapatero que la de Rajoy. Rajoy posiblemente sea capaz de desafinar incluso tarareando la sintonía del «Tour de France». Zapatero sonríe en papel pautado, llevado en volandas por la ilusión de la kermés. Mejor defensor de la alegría, imposible. Lo de la derecha es de agonías, de gente desaborida y atravesada. Pero, ¿esperamos de los políticos alegría o seriedad? Según los datos del Instituto DYM para ABC, la percepción genérica de una crisis económica ya es parte de la agitada electricidad de nuestros cerebros. Los aparatos electroencefalográficos que intentan sistematizar las emociones del voto algún día revelarán la melodía más adecuada para domesticar a los electores. Por ahora no hay precedentes de que el paso alegre del organillero pueda aliviar una situación económica.
vpuig@abc.es

http://www.abc.es/20080212/opinion-firmas/paso-alegre-zapatero_200802120305.html

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