jueves, febrero 14, 2008

Otra sangria de datos economicos

jueves 14 de febrero de 2008
Otra sangría de datos económicos
EL Instituto Nacional de Estadística hizo ayer públicos nuevos datos que subrayan la magnitud del cambio de ciclo económico registrado en nuestro país el año pasado, cifras preocupantes que evidencian que se detuvo el proceso de creación de empresas y, también, que empiezan a detectarse alarmantes señales de morosidad. El número de sociedades mercantiles constituidas cayó un 3,9 por ciento en 2007, pero sólo en diciembre el descenso fue del 19 por ciento. Además, el capital suscrito disminuyó el 16 por ciento y el número de empresas disueltas aumentó en un 85 por ciento en diciembre. Por si faltara algo, España quedó excluida de la lista de veinticinco destinos más atractivos para la inversión extranjera elaborado por la consultora internacional AT Kerney, tras perder la confianza de gran parte de los inversores europeos. Parece que hay algo más que incertidumbre en el aire: empieza a haber miedo.
El proceso de creación de empresas es un acto de confianza en el futuro. Los emprendedores arriesgan su dinero, su tiempo y su energía en un proyecto empresarial desde la confianza -nunca hay certeza absoluta- en que se den las condiciones de entorno que lo puedan hacer rentable. Esas condiciones tienen que ver con la financiación, la situación laboral, el clima de los negocios y las expectativas de mercado. Y todas estas condiciones se han deteriorado significativamente en el último año. La financiación se ha hecho más cara y escasa por la subida de los tipos de interés y de los diferenciales de crédito y el endurecimiento de las condiciones de acceso como consecuencia de la revalorización del riesgo. En el mercado laboral, el Banco Central Europeo ha alertado sobre el resurgir de la conflictividad y las crecientes presiones salariales al margen de la productividad, al tiempo que en España una legislación garantista, inspirada en el buenismo dominante, encarece los costes fijos de empleo creando una nueva barrera a la creación de puestos de trabajo. El clima de los negocios ha empeorado con la fragmentación del mercado nacional impulsada por la reforma estatutaria que ha aumentado los costes de hacer negocios en España y disminuido su atractivo internacional en un momento de especial vulnerabilidad. Por último, las cifras de negocio previstas han disminuido abruptamente: véanse la caída de las ventas al por menor en Navidad, como consecuencia del clima recesivo que vive la economía mundial, la pérdida de poder adquisitivo de las familias españoles y una inflación desbocada. Hubiera sido un milagro que estos datos no se hubieran traducido en un descenso drástico en el ritmo de creación de empresas y, por consiguiente, como reflejaba hace unos días el INEM, en la destrucción de puestos de trabajo. Esta es la última, la más reciente fotografía de la economía española, y no va a cambiar mucho antes de las elecciones de marzo; si acaso empeorará con nuevos datos malos de paro e inflación. Por eso el Ejecutivo anda con la moviola y, como los malos economistas, habla de datos medios y no de fin de período.
El Gobierno sigue empeñado en su argumento negacionista, del que sólo sale ocasionalmente el vicepresidente Solbes para reconocer con aparente humildad que se equivocó en sus previsiones de ajuste inmobiliario. Menos mal, porque el desplome del sector es ya un clamor popular ante una crisis que ha arrastrado a miles de empresas a la quiebra y a decenas de miles de trabajadores al paro. Pero incluso esas tímidas aproximaciones a una desdibujada realidad se ven pronto desmentidas por el propio presidente, que sigue asido a su discurso optimista y enganchado a una hipótesis de corta y suave desaceleración, desmentida cada día que pasa por los datos del momento y por las previsiones de todos los analistas e instituciones internacionales. Este será un mal año, pero 2009 puede ser aún peor, porque se está perdiendo un tiempo precioso en tomar las medidas adecuadas. El Gobierno parece confiar ya sólo en que la economía sea sensible a su talante, aunque los electores, ante la avalancha de datos negativos de los últimos meses, prefieran la competencia necesaria para gestionar una crisis que los propios ministros del G7 esperan intensa y larga.


http://www.abc.es/20080214/opinion-editorial/otra-sangria-datos-economicos_200802140246.html

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