jueves 14 de febrero de 2008
Ser español, según Sánchez Dragó
Joan Pla
P UESTOS a recitar tópicos, repetiré aquí el que acaba de soltarnos Bernabé Sarabia, crítico literario del suplemento cultural del diario "El Mundo", refiriéndose a Fernando Sánchez Dragó y a su último libro "Y si habla mal de España…es español". Dice así, el tópico que nos propone Sarabia: "En el firmamento de la cultura española Fernando Sánchez Dragó brilla con luz propia". De ahí a descubrir la pólvora, valga otro tópico, apenas hay un paso. Es obvio que el ilustre colega setentón, desde que publicó aquel espléndido ensayo de "Gargoris y Habidis", tiene luz propia y brilla, no sólo en el firmamento de la cultura española, sino también, en el triste cercado – puro charco y puro fango de envidias y comadreos - de los clanes culturales de España.
No hay que negarle a Sánchez Dragó su copiosa cualidad histriónica. Dramatiza cojonudamente, cuando aparece ante una cámara de televisión y, ahora que lo pienso, la gran mayoría de los televidentes recuerda mejor su voz y sus gestos, el vaivén de sus gafas, el movimiento de sus labios, el brillo de sus ojos y los surcos de su veterana piel que el contenido de su discurso o lo esencial de su libro.
Nos confiesa Sánchez Dragó que, a lo largo de sus 71 años y medio, ha sido "catequista de María Inmaculada, comunista, trotskista, anarquista, socialdemócrata, creyente, ateo, agnóstico, gnóstico…" y añade que no se siente capaz de soportar una segunda victoria electoral de Zapatero en los comicios del próximo 9 de marzo. Afirma también que, para recuperar y remozar con eficacia y acierto, los restos y los auténticos fundamentos de España hay que volver al pensamiento de Unamuno, de Ortega y Gasset y de José Antonio Primo de Rivera.
El otro día en el programa "La Noria" que dirige y modera Jordi González pusieron a Sánchez Dragó frente a dos personajes antagónicos, de idéntico grado de devoción a sus respectivos partidos: Miguel Ángel Rodríguez Bajón, defensor acérrimo del PP, y Enric Sopena Daganzo, defensor a ultranza del PSOE. El primero dijo que el autor de "Y si habla mal de España… es español" no sólo era "un español", sino " un españolazo". A Sopena le falto tiempo para rezongar levantando la ceja a lo Ronald Colman, aquel actor inglés de los buenos tiempos de su abuela, y diciendo que eso de "españolazo" no venía a cuento y que los del PP son una banda de impresentables y etcétera, etcétera, que es lo que hace siempre que abre el pico para debatir algún tema.
Yo también creo que el colega Miguel Ángel, en su afán de hablar bien de España, se excedió al decir que Sánchez Dragó era un españolazo como la copa de un pino, pero nunca aprovecharé la circunstancia de que el Pisuerga pasa por Valladolid – hoy va de tópicos y de frases hechas – para hacer lo que hace siempre el colega Sopena, esto es, decir que el PP miente o es, como ha dicho Cuerda, una "turba de imbéciles"
Lo que creo y digo es que los mejores autores de este mundo no suelen ir como la protagonista lorquiana de "Bodas de sangre" que iba "de feria en feria, a la grupa de tu jaca, con mis sábanas de boda, al viento como banderas" Creo y digo que Sánchez Dragó, con eso de haber pasado por tantos corrales ideológicos y por tantas tabernas del espíritu, ha acabado pareciendo – no diré "siendo" – más un charlatán de feria que un "cojonudo escritor", como dijo Jimmy Jiménez Arnau en aquel mismo programa, cuando afirmó que Fernando Sánchez Dragó y Raúl del Pozo eran los dos mejores escritores actuales de la lengua española.
Sería interesante y, tal vez, entretenido confrontar en el Foro de esta publicación al "joseantoniano" F.S.D. y a dos, bastan dos, Ismael Medina y Antonio Castro, de los varios leales de José Antonio que escriben habitualmente en estas páginas. Tengo la corazonada de que F.S.D no les llega ni a la suela de los zapatos. Es, como digo, una simple corazonada.
Con todo, considero que es muy aconsejable leer el libro y volver a recapacitar sobre los males atávicos de España: la envidia, la ira sin fundamento, la mala educación, la ignorancia en boca de predicadores impenitentes, los nacionalismos excluyentes, la intolerancia, etcétera.
F.S.D. llega a la conclusión de que sólo dos cosas – él las llama sacramentos, influencia de su etapa mística y creyente- que le ayudarán a ser español de verdad y a no hablar mal de España nunca más. Estos dos sacramentos son: la lengua española y la tauromaquia, representada por el toreo de José Tomás. También a mi amigo Boadella le ocurre lo mismo, cuando contempla el arte del torero de Galapagar. Muchos son los intelectuales y artistas que admiran a ese joven poeta de la tauromaquia. Conocí a dos toreros y escribí dos libros: uno sobre Manuel Benítez el Cordobés y otro sobre Luis Miguel Dominguín, pero nunca analicé si sus valores humanos o su arte me ayudaban a ser más y mejor español. Seguramente, me distraje con el ocaso de las ideologías, con la ineludible y lógica caducidad de un régimen y con las resonantes euforias del cambió y de la transición. La lengua, sí. La lengua sigue siendo la razón y la pasión de mi españolidad. Incluso la lengua catalana que utilizo cada día en mis escritos y conversaciones es el fundamento de mi amor a España. Supongo que a Sánchez Dragó le sucede lo mismo, aunque le eche más teatro – más auto sacramental - al asunto.
Repetimos lo viejo, que ya es tópico y, por consiguiente, ya es verdad definitiva: "Amamos a España, porque no nos gusta". Alguien se apresurará a decir que somos una turba de fachas. De eso, nada. Sánchez Dragó y mil escritores más no son españoles por hablar mal de España. Diríase, más bien, que lo son por criticar a España y la critican, porque la aman y la aman, porque no les gusta. Pura lógica.
¿Seré capaz – me pregunto humildemente - de soportar una nueva victoria de Zapatero o un nuevo triunfo cultural de Sánchez Dragó?
Que la Real Academia Española y los toros de España se apiaden de nosotros.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4455
jueves, febrero 14, 2008
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