sábado, octubre 27, 2007

Ojo por ojo en el Tribunal Constitucional

sabado 27 de octubre de 2007
Ojo por ojo en el Tribunal Constitucional
EL Partido Popular presentó ayer las recusaciones contra los magistrados del TC Pablo Pérez Tremps, Pascual Sala y Manuel Aragón, a los que reprocha los mismos hechos que el Gobierno a los magistrados recusados por la Abogacía del Estado, es decir, haber perdido su imparcialidad sobre la ley de reforma de este Tribunal porque se manifestaron sobre ella en diversas ocasiones. El PP criticó estas primeras recusaciones con razones plenamente acertadas, pues el Gobierno buscaba con ellas la compensación a las abstenciones voluntarias de la presidenta y del vicepresidente, que daban la presidencia del órgano, con su voto de calidad, a un magistrado «conservador». Aunque todo este cruce de abstenciones y recusaciones se produce sólo en el recurso del PP contra la reforma del TC, sus efectos son devastadores para la institución en su conjunto, porque la sumerge en una crisis de imagen y de funcionamiento absolutamente inconveniente para un tiempo que requiere, como ninguno anterior en democracia, la clarificación constitucional de leyes muy importantes. Con esta discordia descontrolada, el PSOE va a lograr la paralización del TC hasta después de las elecciones de marzo de 2008, que es lo que quería.
Las tres recusaciones presentadas ayer por el PP son una decisión errónea, porque de un plumazo deja a este partido sin argumentos políticos y legales contra las que interpuso el Gobierno. Aunque tácticamente sea explicable el paso dado por el PP, a la vista de la deslealtad absoluta del PSOE en el juego institucional, también existen otros factores de decisión, como la forma de entender la relación de cada cual con las instituciones del Estado de Derecho y los límites que uno mismo esté dispuesto a defender como principios diferenciadores. Aun así, nadie debe confundirse. La responsabilidad de esta crisis institucional es de Rodríguez Zapatero y de la consideración que tiene hacia el Derecho como un elemento accesorio y prescindible en la acción política. Pero esto no justifica que el PP secunde la misma senda errónea que ha iniciado el Gobierno, porque es una contradicción que empaña su correcta posición -como es propio de la derecha democrática española- ante las instituciones. Además, sigue siendo sorprendente -y con el paso del tiempo aún más- que semejante iniciativa fuera anunciada por el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, por su cuenta y riesgo, y que, una vez conocido el escrito de recusaciones, éstas se basen en informaciones periodísticas.
El PP ha conseguido llevar al seno del TC la táctica política que le interesaba: las cinco recusaciones habrán de correr la misma suerte, a favor o en contra. Por eso, todavía es posible reconducir la situación antes de que los daños sean irreversibles. Ambos partidos, siguiendo la política disuasoria de la «guerra fría», han demostrado su igualdad de armas. Lo mejor que pueden hacer es retirar las recusaciones y que el pleno del Tribunal Constitucional, con los diez magistrados que quedan, resuelva el recurso contra la reforma de este órgano.


http://www.abc.es/20071027/opinion-editorial/tribunal-constitucional_200710270256.html

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