domingo, abril 08, 2007

Villacañas, Apuntaciones en torno a una muerte anuciada

lunes 9 de abril de 2007
Apuntaciones en torno a una muerte anunciada
Antonio Castro Villacañas
P OR un artículo de Fernando Sánchez Dragó publicado en "El Mundo" del pasado 10 de marzo, me entero de que su padre, Fernando Sánchez Monreal, periodista, hijo y nieto de periodistas, era en julio de 1936 el director de la agencia de noticias "Febus". En calidad de tal salió el 18 de ese mes, en torno a las ocho de la mañana, del domicilio de dicha agencia, en Madrid, con su amigo Luis Díaz Carreño, redactor de "La Voz", para dirigirse en automóvil a Gibraltar, pasar de allí a Tánger y desde la ciudad internacional llegar a Tetuán, capital de la zona española de Marruecos, que junto con Melilla se había sublevado el día anterior en contra del gobierno de la República. Por ese mismo medio me entero de que los dos citados periodistas fueron fusilados cerca de Burgos dos meses después, el día 14 de septiembre, tras haber sufrido diversas peripecias por los campos de la España rota, dividida y enfrentada, y de que el propio Fernando Sánchez Dragó nació el 2 de octubre siguiente; es decir, 18 días más tarde. Una pequeña explicación de esta muerte, reprobable y dolorosa como cuantas se produjeron en la dos Españas de aquellos tremendos años, quizás podamos encontrarla en este hecho: "El Socialista", periódico editado en Madrid, publicó el martes 21 de julio de 1936, en su última página y bajo el título "Una impresión de los enviados de la Agencia Febus" y el antetítulo de "El movimiento en provincias", la primera y única crónica transmitida por Sánchez Monreal y Díaz Carreño, desde Córdoba, 30 0 40 horas después de haber salido de Madrid y 8 o 10 antes de la detención que inició su odisea. No puedo, por varias razones, reproducir aquí el texto completo de esa crónica; pero sí puedo extraer de ella algunos datos que me parecen útiles al objeto de que los lectores de mis "apuntaciones" puedan comprender lo que fue España en aquel tiempo. Según la crónica citada, Monreal y Carreño llegaron sin novedad a Aranjuez en la mañana del 18 de julio, y como no dicen nada al respecto se deduce de ello que a lo largo de esta primera etapa de su viaje no vieron algo que llamara su atención cuando pasaron junto a los cuarteles militares de las poblaciones situadas en tal ruta: aún no se habían sublevado. Tampoco notaron nada relevante en Aranjuez, donde tuvieron que pasar algún tiempo (en el Parador de Turismo, dicen; cuando, si la memoria no me engaña, esa ciudad nunca lo tuvo)por haberse averiado su coche. Allí conocieron, por la radio, que en Sevilla fuerzas militares también habían decidido unirse a la insurrección. Ninguna referencia hay en su crónica a la Brigada de Caballería asentada en la ciudad del Tajo, por lo que debemos entender que hasta ese momento todo Aranjuez estaba políticamente tranquilo... Ellos, no; la crónica nos advierte que decidieron "desviar la ruta y dirigir(se) a Córdoba para entrar en Sevilla". A su paso por Manzanares, "pudimos apreciar que las masas obreras se hallaban vigilantes", "todos alertas y en sus puestos". Hasta entonces "eran los guardias civiles quienes efectuaban el servicio de protección", pero cuando llegaron a Valdepeñas se dieron cuenta de que "grupos de paisanos armados prestaban servicio de vigilancia", que "se apreciaba era cada vez más y más rigurosa a medida que avanzábamos en la carretera. Ya en Bailén, esto quedó confirmado", porque "la requisa que hicieron a nuestro coche fue minuciosa y detenidísima". De lo hasta ahora expuesto, claramente se deduce que el padre de Sánchez Dragó y su acompañante se dieron pronto cuenta de que la insurrección militar producida en Marruecos y Sevilla había promovido ese mismo día 18 de julio otra de matiz civil y proletario en varios puntos de España. Es curioso que tan buenos cronistas no aporten ni el más mínimo detalle sobre el cómo y el por qué se ha producido la sustitución de la Guardia Civil por grupos de campesinos u obreros armados, ni sobre quiénes los dirigían, ni de dónde procedía el armamento que ostentaban. Algo debió pasar ese día en Manzanares y en Valdepeñas; algo que los periodistas de "Febus" no indagaron, no incluyeron en su crónica o fue suprimido por "El Socialista"... La mayor parte del Ejército español destinado en Marruecos se sublevó contra la forma de República que se iba instalando poco a poco en España desde que en las elecciones del mes de febrero de 1936 dieron como resultado el triunfo de la opción política llamada Frente Popular. Esa sublevación sólo fue seguida por el 50% de las demás fuerzas militares residentes en el territorio nacional. El enfrentamiento de los partidarios de ambas partes dio paso en pocos días a una dolorosa y sangrienta guerra civil, pero también produjo de modo inmediato el derrumbamiento del Estado hasta entonces existente. En aquellas partes de España que dominaron los sublevados, el Estado republicano fue inmediatamente sustituido por una Dictadura de tipo militar. Donde fueron vencidos no se produjo mas que en apariencia el restablecimiento de la legalidad conculcada. De hecho, el Estado republicano fue allí inmediatamente sustituído por una Dictadura de tipo más o menos soviético. Eso se deduce de la crónica que comento. Veamos. Monreal y Carreño siguen su camino con "las primeras luces del amanecer (del día 19 de julio), vencidos por un viaje precipitado y lleno de nuevas emociones". Llegan a "Andújar. Pueblo tranquilo, hoy alerta y vigilante". A su entrada, les detiene "un grupo numeroso de obreros". "Nos hacen abandonar el coche. Nos rodean. Mientras varios de los obreros nos cachean, otro grupo mantiene sus rifles y pistolas en nuestra dirección. Terminan, y para facilitar nuestra marcha nos hacen entrega de un salvoconducto ... (que) "dice así: UHP, sin novedad. Jefatura de orden público de Andújar"... No se necesitan más palabras para contar que un nuevo Estado, incipiente y proletario, ha reemplazado al antiguo republicano. Los cronistas no indagan cómo ha sucedido eso -o "El Socialista" no lo publica si ellos lo cuentan-, pero antes de abandonar a sus captores y despedirse de ellos "con el signo gráfico de obreros, puños en alto", sí han podido enterarse de que en Andújar se ha organizado "una columna de obreros ... armados para auxiliar a las fuerzas leales al Gobierno que resisten en Córdoba". La crónica sigue dando detalles de la situación que vive el territorio leal: "Cuando llevamos recorridos tres kilómetros (desde Andújar hacia Córdoba), nos cruzamos en la carretera con un coche. El momento es de suma emoción. Los ocupantes del coche ... nos hacen señas de que abandonemos nuestro vehículo. Lo hacemos así. ... Bajan cinco individuos con pistola. Avanzan hacia nosotros. Les gritamos nuestras filiaciones pero ellos guardan un silencio impresionante y prolongado. Les ofrecemos nuestra documentación. La revisan. Sigue el silencio. Por fin, guardan sus armas y nos invitan a seguir." Como se ve, un ejemplo de la supervivencia del Estado. Continúan hacia Córdoba: "Nos cruzamos con tres coches más. Sus ocupantes nos dicen que marchan en busca de refuerzos, pues el pueblo de Montoro ha caído en poder de los rebeldes". Ante esa información, deciden regresar a Andújar y Bailén. Renuncian, pues, al menos en ese momento, a su segundo propósito: entrevistar a los sublevados de Sevilla y Córdoba. En el camino de vuelta se "cruzan por la carretera (con) camiones. Contamos hasta 12, llenos de hombres armados, ennúmero de unos 1.000, que se dirigen a Montoro". No les interesa tan inmediata batalla. Llegan otra vez a Bailén. Allí se detienen varias horas, suficientes sin duda para recibir adecuada información y buenos datos. Gracias a ellos, toman la dirección de Jaén para ir de nuevo a Córdoba... Muy significativa es la descripción de su estancia en Jaén. En cuanto llegan, "visitamos al gobernador civil, quien nos da cuenta de que unos 15.000 hombres han salido con dirección a Córdoba, armados y fieles al Gobierno de la República. El pueblo de Jaén estaba en la calle. El pueblo, el verdadero pueblo, ha respondido con una unanimidad y un entusiasmo verdaderamente sublime. Con orden perfecto, con espíritu cívico admirable, han establecido un sistema de vigilancia asombroso. En la provincia de Jaén la movilización civil ha respondido dócilmente a los dictados de las órdenes del Gobierno". Tenían razón: a Ismael Medina -testigo de todo ello- le he oído contar los inmediatos resultados de tan eficaz sistema. Nuestros informadores siguen su viaje y nos dan nuevos detalles de cómo era aquella renovada república: "En Menjíbar, al intentar unos grupos practicar unos registros domiciliarios, los dueños de las casas agredieron a los que tal pretendían, y se originaron sucesos. Han resultado varios muertos y heridos". (No se puede pedir mejor información, mayor capacidad de síntesis y de objetividad. Estoy seguro de que mis lectores ya se han dado cuenta de lo que pasó aquel 19 o 20 de julio de 1936 en Menjíbar). El párrafo final de la crónica es también instructivo y sugerente: "Queremos cerrar esta primera impresión con unas palabras de elogio encendido al pueblo. Hemos comprobado su espíritu magnífico, su comportamiento heroico, su serenidad sin igual, su corrección con los que transitan por las carreteras, su desprecio del peligro... En fin, su admirable comportamiento". Fernando Sánchez Dragó completa lo escrito por su padre con algunos detalles. Según él, lo redactó en Alcaudete, provincia de Jaén, camino de Córdoba. A esta ciudad llegaron los cronistas a tiempo de poder almorzar con el gobernador civil, que había sido antes periodista de "El Sol". Mientras ellos comían, nos lo cuenta el hijo, se sublevó la tropa, rodeó la casa en que se hallaban, fueron los dos encarcelados -¿no el gobernador?-, y posteriormente puestos en libertad. Ya libres, decidieron irse a Granada -¿renunciaron, pues, a Sevilla, que era su inicial propósito?-, y allí permanecieron -sin que Sánchez Dragó nos diga en qué invirtieron tanto tiempo- hasta mediados de agosto, pues según él Monreal y Carreño estaban en Granada cuando los sublevados fusilaron a Federico García Lorca... Sí, está claro que -a juzgar por los datos que nos proporciona la crónica de referencia- la muerte de Sánchez Monreal fue, como muchas otras de las habidas aquel año en España, una muerte anunciada. Pero me parece a mí que no solo por la voz de su esposa, así nos lo revela su hijo, tres días antes del 18 de septiembre, fecha en que fue fusilado, sino también el 21 de julio, con la publicación en "El Socialista" de un relato claramente partidario de la España hostil a aquella en la que él permaneció durante uno o dos meses ejerciendo una profesión siempre digna, y sin embargo susceptible en tiempo de guerra, sobre todo en caso de guerra revolucionaria, de ser juzgada propia de espías o correveidiles... Y ahora que lo pienso: ¿no nos estaremos acercando muy deprisa a una situación semejante, cuando leo que el Fiscal General del Estado acusa al P.P. de movilizar a los falangistas contra él, o que una novelista de cierto prestigio ha dicho que todos los días le entran ganas de fusilar a dos o tres personas tras oír lo que dicen por la radio o escriben en algunos periódicos?

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