martes, junio 06, 2006

El PP retira cualquier apoyo a ZpM por negociar con ETA

El PP retira cualquier apoyo a Zapatero por negociar con ETA

Rajoy ha decidido retirar su apoyo al Gobierno en los tratos con ETA y Batasuna. El PP cree que Zapatero ha abusado de su buena fe para obtener un provecho político.

7 de junio de 2006. El discurso del presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, pronunciado ayer ante el Pleno del Congreso para defender una resolución tras el Debate sobre el estado de la Nación, marcará un antes y un después en nuestra democracia. El líder del centro derecha ha constatado en público su sorpresa y disgusto ante los pasos dados por el Gobierno y por el PSOE hacia la banda terrorista ETA, sin que ésta haya renunciado a sus objetivos. Y en consecuencia ha considerado necesario hacer pública la ruptura por José Luis Rodríguez Zapatero del consenso antiterrorista. El abismo entre los dos grandes partidos se ahonda. No cabe duda de que los españoles, en su conjunto y en práctica unanimidad, quieren "vivir libres de la amenaza del terrorismo". Entrar a valorar quién lo quiere más o menos no es de recibo en una sociedad democrática: ese deseo es una premisa de la propia democracia. Pero también lo es que la paz, más aún que la ausencia de asesinatos, se fundamenta en el orden y en la justicia que el terrorismo desea subvertir. Por eso no toda ausencia de violencia es una verdadera paz, y por eso no se puede poner precio a la desaparición de ETA. España ha soportado cuarenta años de terrorismo porque ningún Gobierno quiso sacrificar la justicia a las exigencias de los terroristas; de haberlo hecho éstos bien podrían haber dejado de matar. Pero habrían vencido. El Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo fue un instrumento democrático de lucha contra los terroristas. La unidad de los grandes partidos nacionales en esa lucha la hizo más eficaz, y permitió combatir contra ETA casi hasta su extinción, incluyendo además en la banda a sus imprescindibles instrumentos políticos, entre ellos el partido político Batasuna. Zapatero se apuntó un innegable éxito político en la oposición al suscribir ese acuerdo con José María Aznar. Pero entonces se identificaba la paz con la victoria legal sobre los terroristas. Tras la llegada de Zapatero al poder, las cosas han cambiado rápidamente. El PP se ha quedado solo en la posición de firmeza democrática, ya que el PSOE y sus nuevos aliados han tendido puentes por un lado a ETA y por otro a Batasuna. Las constataciones de Rajoy ayer son irrefutables: ETA mantiene sus exigencias sin cambios, la autodeterminación, la sumisión de Navarra, la liberación de sus presos y, por supuesto, la plena y previa legitimación política de los terroristas. El PP ha pretendido mantener vivo el pacto antiterrorista, distinguiendo como aceptables las conversaciones con ETA y Batasuna orientadas sólo a pedir su rendición, y como rechazables las conversaciones, diálogos y negociaciones en los que se hable de otras cosas. Mariano Rajoy ha sido en esto excepcionalmente prudente, porque ha querido creer en la buena voluntad de Zapatero hasta donde ha sido posible. La respuesta del PSOE al PP ha sido una burla, y un desprecio para la opinión ciudadana que el PP representa. Zapatero tomó la buena disposición del PP como un cheque en banco, y ya están diseñadas las conversaciones entre el Estado y ETA exactamente en los términos previstos y anunciados por el líder batasuno Arnaldo Otegi. Y ETA siempre ha dejado claro que negociará sin renunciar a sus peticiones básicas. Ante esa situación de emergencia democrática es razonable que Rajoy y el PP hayan retirado su apoyo al Gobierno. Ese apoyo, cuando ha existido, se ha empleado mal, contra la voluntad y los intereses del pueblo español. Es el momento de apelar al pueblo, para que juzgue las intenciones de unos y de otros a la luz de los resultados que se vayan viendo. Se trata, para Rajoy pero también para muchos españoles, de salvar la esencia misma del Estado de Derecho y de la soberanía nacional encarnada en el pueblo: un Estado que transige con el crimen termina negando su propia legitimidad. Tal vez en la manifestación del próximo sábado el PP pueda empezar a percibir el consenso popular que existe en torno a esta valiente decisión de Rajoy.

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