viernes, noviembre 09, 2007

Villacañas, Seis apuntaciones correlacionadas, La Falange y...

viernes 9 de noviembre de 2007
Seis apuntaciones correlacionadas: La Falange y los falangistas, II.
Antonio Castro Villacañas
Q UE Falange quedara reducida a ser un más o menos pequeño grupo de intelectuales o literatos ha sido desde su fundación tanto un peligro como un deseo. Ello se debe en buena parte a la calidad de las personas que la fundaron y en ella han ido militando a lo largo del tiempo, pero en no menor proporción a las querencias de los sectores interesados en que esas personas no tuvieran -o tengan- un contacto directo con el pueblo. Fruto de tal peligro fue el artículo "Carta a un estudiante que se queja de que FE no es duro", escrito por José Antonio para salir al paso de quienes acusaban -a él, al semanario y a la incipiente Falange- de ser algo excesivamente literario, falto de energía y carente de eficacia; pero esa misma acusación fue utilizada con éxito años después para resolver -en beneficio de lo que yo llamo "Opus político"- la disputa por el poder franquista. El peligro de que Falange se redujera a ser un simple grupo intelectual o literario se superó enseguida por el proceso de autocrítica interna que José Antonio y sus inmediatos colaboradores realizaron en el mes de enero del año l934; por la influencia que ejercieron sobre uno y otros los dirigentes jonsistas desde que comenzaron a negociar la fusión de ambos movimientos; y sobre todo por la exigente realidad española, que no consentía desatender los problemas cotidianos ni enmascararlos con florituras literarias. Esta última razón ha impedido hasta ahora el retorno de Falange a la cómoda e ineficaz postura de ser un simple grupo crítico/poético... El segundo peligro que hubo de superar la Falange a partir de su nacimiento, mitigado en buena parte por su inmediata fusión con las JONS, fue el de quedar reducida a ser un partido derechista más, o un sector avanzado o esperpéntico de cualquiera de ellos. En un primer momento el máximo riesgo consistió en ser una refundación de la Unión Patriótica, el partido amorfo y desdibujado, sin doctrina ni empuje, que había creado el general Primo de Rivera como cívico sostén de su Dictadura. Superada esa fase, se rechazaron tanto la tentación de reconstituir y modernizar el anticuado liberalismo conservador y monárquico de los Cánovas, Silvelas o Mauras, como la de crear un nuevo movimiento tradicionalista basado en una certera valoración del pasado histórico español y en la no menos válida exaltación del legitimismo cultural y político derivado de la doctrina católica. Un último obstáculo lo constituyó el populismo de la CEDA, que había triunfado en las elecciones de 1933 y parecía poder dar un nuevo rumbo a la reciente República. La brevísima historia de la primera Falange (octubre de 1933-febrero de 1934) y la corta historia de la falange jonsista (febrero de 1934-abril de 1937) no pudieron impedir que la tremenda alteración de la vida española que significaron la primavera de 1936 y el Alzamiento del 18 de Julio, más la subsiguiente guerra civil y la muerte o el encarcelamiento de los máximos dirigentes de FE-JONS, dieran paso a una III Falange, creada por un decreto del recién proclamado Generalísimo y Jefe del Estado Nacional. Sin perjuicio de analizar mas adelante la historia y el significado de esta Tercera Falange, la Tradicionalista, conviene ahora resaltar que dentro de ella ocuparon destacados rangos personas e ideas militantes en cada uno de lo nadie puede dudar significó un empobrecimiento de las posibilidades revolucionarias de quien había nacido con la ambición de transformar radicalmente la vida política y social de España. Conviene recordar que esa ambición, junto con el fracaso de las propuestas derechistas en los meses anteriores al 18 de Julio, motivó el tremendo crecimiento que FE de las JONS, Segunda Falange o Falange auténtica, experimentó en número de militantes -significativamente jóvenes- en ese mismo tiempo y a partir del Alzamiento; aumento que no detuvieron ni las peripecias de la guerra ni los primeros años de paz. El tercer peligro que hubieron de superar FE, FE de las JONS, y la Falange Tradicionalista, fue el de no convertirse en una simple o complicada imitación del fascismo, que nadie puede negar ejerció una profunda influencia en los cuadros dirigentes de esas tres formas de Falange, tanto por el deslumbramiento que producían los indudables éxitos obtenidos en Italia por Mussolini en aquellos tiempos como por el notable prestigio de ciertos catedráticos o escritores que se habían formado en Bolonia o Roma. Por fortuna, Falange se salvó de copiar y adoptar el fascismo. José Antonio, que en sus primeros años de actividad política se sintió atraído por él, lo desechó luego como fuente continua de aleccionamiento ya que lo encontró excesivamente ligado al ejercicio de un poder personal y falto de profunda preocupación social. Cierto es que desde 1933 hasta nuestros días se han mantenido algunas semejanzas formales entre ambos movimientos -principalmente, la camisa y el saludo-, sobre todo entre algunos sectores de Falange excesivamente adictos a los signos externos, pero si se estudian con algún detenimiento el cerebro y el corazón de ambas organizaciones nadie que lo haga de buena fe llegará a encontrarlas análogas u homólogas. Aún mayores diferencias de formas y funciones se dan entre el nacionalsindicalismo español y el germánico nacional-socialismo, que en algún momento –durante nuestra guerra y después de ella- deslumbró a ciertas personas luego desviadas al liberalismo democrático. El cuarto y último peligro que siempre han tenido las sucesivas Falanges existentes, y las distintas gentes que en ellas han militado, desde el periodo inicial hasta ahora mismo, es el de caer en la tentación de "ser de izquierdas"... Las tendencias o ilusiones izquierdistas, que siempre han tentado a personalidades y sectores de la Falange existente a lo largo del tiempo, han sido y siguen siendo, por orden de importancia, a mi juicio, estas tres: 1) el marxismo; 2) el sindicalismo; y 3) el liberalismo. El acercamiento al marxismo lo facilita el afán de justicia social que mueve el corazón y la cabeza de muchos falangistas, y lo dificulta o impide el que la Falange sea producto de una profunda inspiración y actitud religiosa, totalmente incompatible con el materialismo dialéctico. Pese a ello, la historia nos demuestra que algunos notables marxistas honraron las filas de José Antonio (Manuel Mateo fue uno de ellos)y que otros significativos falangistas (el padre Llanos, por ejemplo) cayeron en el comunismo. El sindicalismo, en su doble versión intelectual o práctica, influyó mucho en José Antonio y en Ramiro Ledesma Ramos, y por tanto en sus seguidores. Sorel, en especial, con su fuerte utopismo y su valoración parcial de la realidad, estuvo a punto de ser el máximo inspirador de aquel Sindicalista que durante unos días precedió a la inicial Falange. Aunque José Antonio sobrepasó el sindicalismo soreliano al darse cuenta de que la acción pura y dura -propugnada por los sindicalistas de todo tipo- debe estar siempre dirigida desde el pensamiento para no convertirse en mera barbarie, la tendencia a la simple acción revolucionaria ha sido siempre un característico defecto de ciertos grupos falangistas. La fusión de FE con las JONS hizo que ni Falange fuera una forma especial de ser de derechas, ni las Juntas unas células tan frías y desalmadas como eran las comunistas, o tan utópicas y cálidas como las anarquistas. Unas y otras, sin embargo, han tenido y tienen atractivo suficiente dentro y fuera de la Falange. Por último, la tercera -y más fuerte- posibilidad de que tanto FE como FE-JONS se inclinara a la izquierda lo han dado las personas y los grupos atraídos por un liberalismo más o menos democrático, parecido al que estuvo patrocinado por Ortega y Gasset o al que fue dirigido por Manuel Azaña. La poderosa formación católica y jurídica de José Antonio, el peso de la historia, y el fracaso de los intentos azañistas y orteguianos, impidieron que tal atracción pudiera llegar a mayores. La guerra y la postguerra causaron que esa especie de liberalismo fuera sustituído por otro más antiguo y más "de derechas", que con el paso del tiempo fue el responsable de la tra(ns)ición y de todas sus consecuencias. No obstante, quiero dejar bien claro que a mi juicio el respeto a la libertad, la dignidad y la integridad del hombre, la igualdad de los ciudadanos ante la Ley y el Poder, así como la directa y eficaz participación del pueblo en la tarea de gobierno, piezas fundamentales de la teoría y la acción política de la Falange, acercan de algún modo a esta con un bien entendido y practicado liberalismo democrático. (Advertencia: "amenazo" a mis lectores con otras dos, por lo menos, correlacionadas apuntaciones, dedicadas a la Falange Tradicionalista, el Movimiento Nacional, la postfranquista, y su previsible y deseable futuro.)

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4256

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