viernes, noviembre 09, 2007

Garcia Brera, Dos parejas

viernes 9 de noviembre de 2007
Dos parejas
Miguel Ángel García Brera
S EGÚN mi experiencia, y lo quiero anticipar porque no tengo otra base científica para afirmar lo que luego diré y ya se sabe que “cada cual habla de la feria según le va en ella”, uno de los avances del régimen actual en relación con el anterior es la mejora del trato que uno recibe por parte de los empleados públicos. He sido funcionario desde los 25 años, en distintos organismos públicos, y he tenido contacto, como público, aunque privilegiado por mi condición de abogado, desde los 21, con los funcionarios judiciales de media España, y estoy convencido de que la relación con el ciudadano hoy es mucho mejor. El funcionario antiguo tenía ínfulas de dueño y te trataba como tal, pese a tener muchas más educación que, por lo general, tienen los actuales; sin embargo éstos, más a la pata la llana y con menor educación, son más amables, más dispuestos a ayudar, y nada convencidos de que ellos sean los dueños del cotarro. Pero, lo mismo que, con otros muchos excepcionales servidores de la cosa pública, yo creo que fui un funcionario solidario con quien necesitaban de mi ayuda, no puedo mantener mi afirmación de que el trato ha mejorado, sin aludir a las lógicas excepciones. Y, al entrar en este campo, debo aludir a dos experiencias vividas este año. En ambos casos, se trata de parejas de policías, que no se si, intencionadamente, fueron formadas por sus jefes con un cascarrabias y un ángel de la guarda en cada caso. Con la primera pareja, -dos policías municipales de Madrid-, me topé en el Rastro, un día en que me avergoncé de cómo se hace cumplir la ley, sin tener para nada en cuenta las circunstancias personales. Ese día, los municipales arrasaban los puestos ilegales, que no eran tales sino una telita o unos periódicos sobre los que un pobre emigrante o un anciano – y recojo casos reales- había colocado algunas piezas de no se qué cosas, a mi juicio invendibles. En un momento en que vi. a una pareja en pie, sin un quehacer inmediato, me dirigí a uno de sus integrantes para preguntarle si sabía qué era necesario hacer para disponer de un puesto en el Rastro. Me miró como a un delincuente y me dijo que ellos no estaban para eso; pero su compañero, con cara de sufrir vergüenza ajena, o “morirse de la pena” como gráficamente diría un colombiano, me dedicó una sonrisa y me instruyó al respecto: Había algunos puestos libres, pero muy pocos, y las solicitudes a miles, de forma que es casi imposible conseguir un puesto. Ahora, con motivo de la desorganización devenida en maltrato – que no siempre ha de ser de género- de Rubalcaba a todos cuantos necesitamos obtener o renovar el DNI, me dirigí a una Comisaría en cuya puerta charlaba una pareja de policías nacionales. Eran las ocho de la mañana, en el umbral saludé a los agentes y me dirigí al más cercano, preguntándole si ya tenían información sobre la posible petición telefónica de cita previa para conseguir el DNI, a lo que me respondió, que para eso había que venir a las siete de la mañana y sólo daban 35. Bien es verdad que el policía tenía cara de terruño y aspecto de no mayor instrucción que la autoaprendida llevando un arado, pero su compañero, entró en el juego, para salvar la situación, informándome que lo de la cita previa ya lo había anunciado el Ministro, pero que seguramente no empezaría hasta Enero. El mendrugo que formaba la pareja, tal vez celoso de la información y buena educación de su colega, interrumpió la charla, para decirme a lo bestia: “Quítese de en medio”, no porque entorpeciera la entrada que era amplia, sino necesitado de imponer su “autoridad” perdida al haber demostrado no estar al día ni siquiera en lo que a su profesión compete. Ya digo, es posible que los jefes, formen las parejas con un tonto y un listo. Pero debían ponerles un distintivo para que el personal supiera a cual de los dos dirigirse.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4246

No hay comentarios: