viernes, noviembre 09, 2007

Miguel Martinez, Ya.com, o como embaucar mientras...

viernes 9 de noviembre de 2007
Ya punto com, o cómo embaucar mientras fastidian la siesta
Miguel Martínez
U N servidor ha defendido siempre que constituye requisito indispensable para gozar de una buena calidad de vida que nuestros quehaceres y ocupaciones cotidianos nos permitan obsequiarnos con el indiscutible lujazo de gozar a diario de una siestecilla. Y a fe de Dios que podría disfrutar de ese placer la mayoría de las tardes, si no fuera por las promociones telefónicas con las que numerosas compañías torpedean asiduamente el teléfono de un servidor. Éste es el motivo por el que quien les escribe ha invertido gran parte de su tiempo de ocio en intentar eliminar de las bases de datos de las compañías publicitarias cuantas reseñas pudieran hacer referencia a su teléfono. Pero alguna cosa no debo hacer del todo bien, porque, pese a no haber facilitado jamás mi número de teléfono fijo en ninguna promoción y a haber solicitado de Telefónica la no inclusión de mi número en la guía y en las páginas blancas, rara es la semana que el puñetero invento de Graham Bell no pulveriza un par de veces mi inalienable derecho a echar una corta y reparadora cabezadita antes de reincorporarme al trabajo. Y siendo esto así, y rendido ya ante la evidencia de que resulta imposible sustraerse de la implacable persecución a la que nos someten cada vez más compañías a través de las líneas telefónicas, un servidor –además de desarrollar algunas estrategias encaminadas a desconcertar a los vendedores telefónicos, tal y como les comentaba en la edición 226 de esta misma página- ha aprendido a tolerar con resignación estas llamadas, despachándolas de la manera más educada que permite la circunstancia de haberlo sacado a uno atropelladamente de los brazos de Morfeo, es decir, no insultándolos de entrada ni enviándolos directamente a freír espárragos, por pesados, que es lo que se merecen, sino tratando de encontrarle el lado positivo al asunto, por ejemplo invirtiendo en algo útil –merced a la pulverización de la siesta- esos minutillos de más, y llamar al 609 –atención al cliente de Movistar- para recordarles que existe a mi nombre una reclamación pendiente de resolución desde hace 26 meses. Pero lo que resulta del todo intolerable es que ciertas compañías –como Ya punto com en la ocasión que a continuación les relato- se aprovechen del estado de confusión en el que se encuentra el ser humano cuando es despertado de sopetón, a golpe de timbre telefónico, para colocar sus productos de forma absolutamente traidora, además de contraria a la ley. Les cuento: Andaba quien les escribe, a medio paso de quedar sumergido en sus sueños, en ese delicioso momento en el que se empieza a escuchar de fondo la tele; se oía en ésta, ya muy a lo lejos, a un periodista poniendo de vuelta y media al gobierno por haberle dado alas al monarca marroquí -en vez de echarle la culpa al Red Bull, como habría hecho cualquiera con dos dedos de frente- cuando un abominable timbrazo sobresalta a un servidor, acelerándole el pulso hasta que, recobrada mínimamente la consciencia, identifica el bocinazo como proveniente del teléfono y, tras una breve retahíla de tacos y juramentos, se levanta del sofá tropezando con todo lo tropezable hasta llegar al aparato. -¿Sí? - ¿El señor Martínez? - Eso creo, pero no me haga mucho caso porque estoy casi dormido. - Verá, soy fulanita de tal –señorita con sensual voz y acento caribeño- y le llamo de Ya punto com. - No me interesa, señorita. Estoy encantado con que me time sólo Telefónica. - Perdone, señor Martínez, es que a partir de ahora el servicio de ADSL se lo vamos a proporcionar nosotros. - Le insisto en que no me interesa cambiar de proveedor, señorita. - Perdón, pero no es cuestión de lo que usted quiera, es que a partir de ahora el servicio de ADSL en su zona lo va a prestar exclusivamente Ya punto com. Como consecuencia de un convenio con Telefónica, nosotros ofrecemos en exclusiva el servicio de ADSL en su zona, o sea que si usted quiere disponer de Internet tiene que ser a través de Ya punto com. Eso sí, va a disponer de mucha más velocidad de conexión y a menor precio. Y un servidor, que le suena raro que Telefónica deje escapar esa suculenta porción del mercado de las comunicaciones en favor de la competencia, y más mosqueado que una azafata de aviación en un vuelo fletado por una ONG al Chad, le muestra sus dudas a la señorita de voz caribeña y sensual. - Pues me va a disculpar, señorita, pero todo esto me resulta muy extraño porque ayer mismo Telefónica me informó –chafándome otra siesta, como acaba de hacer usted- de que me había aumentado ostensiblemente la velocidad de conexión sin ningún coste adicional. Y si ya me extraña que me mejoren las condiciones por la patilla, sin pedirme un duro a cambio, más extraño me parece que lo hagan cuando van a subcontratar el servicio con la competencia, o sea con ustedes. A ver… la pregunta del millón. ¿A quién voy a tener que pagar, a Telefónica o a Ya punto com? - Pues la línea la ha de continuar pagando a Telefónica y a Ya punto com el servicio de ADSL. - ¿Sabe qué, señorita? No haga nada, no apunte mi nombre en ningún sitio, no me dé de alta de nada, no me dé de baja de nada, por no darme, no me dé ni las gracias. No me interesa. No quiero cambios. - Pues si no le interesa, no va a poder usted disponer de ADSL, señor Martínez. Además –insistente la moza- dígame por qué no le interesa, porque no lo entiendo: pagará usted menos, disfrutará de mayor velocidad… (le faltó llamarme tonto del bote) - Me parece que es usted un poco cotilla, señorita. Los motivos por los que no me interesan pertenecen a mi intimidad, que es mía y no suya. En cualquier caso, le insisto en que le quede claro que NO autorizo ningún cambio, ni ningún alta, ni ninguna migración, ni ninguna portabilidad, ni nada que se le parezca. Ahora mismo llamo a Telefónica para que me informen de ese convenio y, como sea mentira, sepa usted que voy a llamar a Ya punto com y los voy a poner como un trapo por timadores y por chorizos. ¿Cómo me dijo que se llamaba? Misteriosa y casualmente se cortó la comunicación. Llamada al 1004. Mejor dicho, llamadas al 1004, pues sistemáticamente se cortaba la comunicación tras varios minutos de espera y diversos intercambios de opinión entre un servidor y una máquina que le instaba a que le informara del motivo de la llamada. Cuando a la quinta vez me pasan con un ser humano, éste me confirma lo que ya sospechaba. No existe ningún convenio entre Telefónica y Ya punto com. -Esa señorita ha intentado timarle. Yo de usted llamaría a Ya punto com para verificar que no le hayan dado ya de alta, en algunas ocasiones lo hacen incluso sin el consentimiento del titular y luego es una odisea darse de baja. - ¿Y usted no puede dejar anotado en algún ordenador que no me quiero dar de baja de Telefónica, al menos de momento? - Puedo intentarlo, pero es mejor que llame usted a Ya punto com y se asegure que no lo han dado de alta, don Miguel. - Miguel a secas, sin el don, por favor. ¿Tiene a mano el teléfono de Ya punto com? - Lo siento, don Miguel. ¡Perdón! Lo siento, Miguel, para información sobre números de teléfono ha de llamar usted al 11888. - Pues nada, muchas gracias, Víctor Manuel (a ése sí le pillé el nombre, por si acaso), ahora busco yo el número de Ya punto com. - Ya punto com, servicio de atención al cliente. Mi nombre es Luis ¿En qué puedo ayudarle? - Pues verá, Luis, mi nombre es Miguel Martínez y llamo para informarte de que me ha llamado una señorita, en nombre de Ya punto com, diciéndome que habéis firmado un convenio con Telefónica y que ahora sois vosotros los que dais el servicio de ADSL en mi zona. ¿Sabes tú algo de ese convenio? - Pues desconozco esa información, don Miguel (y dale con el don). - Miguel a secas, sin el don, por favor. Pues que sepas que en Telefónica me han dicho que eso del convenio con vosotros es una mentira como una catedral, como la de Burgos, por poner un ejemplo; de lo que deduzco que tu compañera ha querido tangarme cual guiri cargado de sangría hasta los ojos. - Ya le digo, don Miguel (ni caso al ruego), que desconozco esa información. - Bien, pues te informo yo de que una compañera tuya me ha querido timar proporcionándome una información falsa. Me han recomendado en Telefónica que verifique que no me habéis dado de alta por la jeta, cosa a la que, según Telefónica, sois bastante dados. ¿Puedes comprobar que efectivamente no he sido dado de alta de manera corsaria y traicionera? - ¿Me puede facilitar su número de teléfono? Se lo facilito. - Don Miguel (pasando de todo), no consta usted dado de alta en nuestros ordenadores. - Bien, muchas gracias. Ahora quisiera denunciar el procedimiento tan chorizo que utiliza tu compañera para captar clientes. ¿Me puedes pasar con el departamento correspondiente? - No puedo pasarle, porque éste es un servicio de atención al cliente y usted no es cliente de Ya punto com, don Miguel. - ¿Y no me puedes pasar con ningún teléfono de Ya punto com donde pueda comunicarles que existen personas que en su nombre utilizan procedimientos ilegales para captar clientes? - Pues no (tal cual). - Bien, don Luis. Yo ya le he comunicado el hecho a usted, que atiende en nombre de Ya punto com. Usted verá si cree que esa información les puede ser de interés. Muchas gracias. - Gracias a usted por su llamada, don Miguel. En definitiva, que hay por ahí una tía choriza, eso sí, con una sensual voz y un adorable acento caribeño, que miente más que puede en nombre de Ya punto com y que, a poco que se descuide uno, lo da de alta en su servicio de ADSL sin que exista forma humana –o al menos en su propio teléfono de atención al cliente lo desconocen- de comunicar a esta empresa que tienen una quinqui telefónica que utiliza la mentira y el engaño para tangar a todo el que pueda. Quedan, mis queridos reincidentes, avisados. Si por casualidad les llama a alguno de ustedes esa señorita y si con su sensual voz les larga lo del convenio con Telefónica, de dan recuerdos de mi parte y, si son tan amables, la llaman choriza, con todas las letras, en mi nombre. Asumo toda la responsabilidad porque, en el caso de esa dulce señorita, el calificativo de choriza no es un insulto, sino una definición.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4247

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