martes, noviembre 13, 2007

Lorenzo Contreras, El esperpento de Chile

martes 13 de noviembre de 2007
El esperpento de Chile
Lorenzo Contreras
Creíamos que con el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla, y con el incidente de Chad, la actualidad política española había quedado saturada, pero “lo de Chile” ha superado lo previsible. Aquí y ahora, en esta España que nos ha tocado vivir y habitar, los episodios se intereclipsan. Quién iba a pensar o imaginar que la Cumbre Iberoamericana iba a regalar a la atención nacional, e incluso internacional, un ejemplo de lo que Valle Inclán llamaba esperpento. Esperpento equivalía, según la intención expresiva del escritor gallego —que, por cierto, siempre escribió en castellano—, a la visión de la realidad, y de sus personajes, reflejados en un espejo cóncavo. Y eso es metafóricamente lo que ha ocurrido en la “cumbre”. Tal ha sido la deformación del espectáculo. Cuando el Rey de España silenció momentáneamente al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al grito de “¿por qué no te callas?”, los esquemas tradicionales quebraron.
Automáticamente, los temas de Ceuta y Melilla y de Chad quedaban, como queda dicho, eclipsados. Esta vez un tormentoso y grave episodio diplomático —ciertamente muy poco diplomático— saturaba la capacidad de asombro de la opinión política. El monarca español salía en defensa del ex presidente Aznar, tildado de fascista por el golpista Chávez. Al término de la trifulca verbal resultó que, en efecto, el golpe que temporalmente derribó a Chávez en Venezuela había contado con la simpatía del Gobierno español de entonces, según instrucción transmitida desde Madrid a nuestro embajador en Caracas. Lo había revelado Moratinos en un programa audiovisual. Se cubrió de gloria con tal confidencia. Muy diplomático el ilustre diplomático a pesar de ser ministro.
El esperpento se acentuaba. Chávez, el golpista golpeado por una maquinación norteamericana, había puesto en trance de regreso al poder a Carlos Andrés Pérez, un auténtico modelo de lo que no debe entenderse como demócrata. Y además con fama de corrupto. Pero eso era una simple anécdota en la bronca de la “cumbre” de Chile. El espejo cóncavo lucía todas sus propiedades cuando Don Juan Carlos, a puro grito, desbordaba su papel habitualmente comedido y transformaba lo que la presidenta chilena llamó “diálogo” en una discusión de cafetería.
O sea, que el Rey se puso castizo a fuer de patriota. Si hubiese sido una reina, le habría encajado casi perfectamente el título de una pieza teatral del propio Valle: Farsa y licencia de la reina castiza. Lo de licencia vale.
Pero una cosa es que Don Juan Carlos sobreactuase su representación y otra diferente que, como rey de bastos, se haya ganado simpatías populares. Sin su reacción en Chile, el ataque a José María Aznar habría quedado impune. La inclinación de Zapatero era la del silencio medio condescendiente. Había almorzado junto a Chávez horas antes del episodio, cuando ya el dirigente venezolano, en la víspera, había insultado a Aznar; y, según todas las versiones circulantes, no dirigió una palabra de reproche a don Hugo.
La verdad es que, tras esta tormenta “diplomática”, las famosas cumbres iberoamericanas pueden haber entrado en crisis. Al Rey tal vez le haya favorecido su imagen fernandina, del mismo modo que Zapatero, sin arriesgar nada, pasa al imaginario popular como un estadista solidario con sus rivales políticos. O sea, que, de repente, se cobra alguna renta con vistas a las elecciones generales de marzo. En privado no le dijo una palabra a Chávez por sus exabruptos contra Aznar, pero no ha perdido la oportunidad de pregonar que el ex presidente le telefoneó para agradecerle su “solidaridad”.
Algo, sin embargo, le ha fallado a ZP en sus cálculos de cosechador de simpatías: su política exterior hace aguas. La opción iberoamericana se cuartea. Lo de las “amistades peligrosas” es algo más que una ingeniosa cita de Mariano Rajoy. Y en esto, quien más pierde no es ZP: es España.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=13/11/2007&name=contreras

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