martes 6 de noviembre de 2007
Un Príncipe de Asturias con marcha atrás Jaime Peñafiel
El pasado 1 del presente mes, algunos periódicos destacaban que ese día se cumplían 30 años desde que Felipe de Borbón recibía el título de Príncipe de Asturias.
Va a ser que no. La proclamación no tendría lugar ese 1 de noviembre de 1976 sino el 21 de enero de 1977.
El Príncipe Felipe no pudo entrar, ese día 1 de noviembre de 1977, con peor pie en el Principado del que se deseaba fuera titular: Asturias.
La precipitación, la desorientación y el confusionismo rodearon un acto que se pretendía fuera de proclamación y de investidura pero acabó siendo tan sólo un homenaje protocolario.
Posiblemente todo se debió al desconocimiento de lo que es una verdadera democracia, que entonces ni tan siquiera había porque no existía la Constitución y sí ciertos tics de la dictadura, en la que se había formado el Rey y en la que no era necesario consultar ni con dios.
Lo más grave era la falta de la explicación oficial sobre la rebaja, y marcha atrás, del acto previsto, en principio, por el Rey, que decidió, asesorado por Torcuato Fernández Miranda, el momento en que el heredero debía ser nombrado Príncipe de Asturias. ¡Una borbonada!
Pero ese momento, el elegido, no pudo ser peor, ya que en esos días se estaba discutiendo la nueva Constitución.
La izquierda asturiana no quiso aceptar la legalidad de la proclamación del Príncipe heredero, cuando todavía estaba por decidirse, libremente, si España sería una monarquía o una república.
Con la rebaja de investidura a simple homenaje, ni los parlamentarios asturianos, del PSOE y del PP, acudieron a la celebración.
Tampoco lo quiso hacer el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez.
Posiblemente, porque pensaban, unos y otros, que el Rey y el Príncipe tenían que ganarse la Corona, día a día, trabajando para cumplir con las obligaciones civiles y parlamentarias que les marcan las instituciones, y conquistar el reconocimiento del pueblo.
Ignoro si por contentar a los residuos franquistas que aún quedaban en las capitales de las provincias españolas, o por simple cortesía, Don Juan Carlos, que tan sólo llevaba seis meses como Rey de España, aceptó, durante una visita a Covadonga, el 18 de mayo de 1976, el ofrecimiento del presidente de la Diputación para que designara Príncipe de Asturias a su hijo.
La polémica se sustentaba en que no podía existir tal ofrecimiento, porque el título, desde su creación, no había pertenecido nunca a la Diputación, sino que era patrimonio de la Corona.
De todas formas, la proclamación de Felipe de Borbón se produjo al promulgarse un decreto, en este sentido, el 21 de enero de 1977, fecha desde la que es oficialmente el Príncipe de Asturias.
http://www.estrelladigital.es/a1.asp?sec=opi&fech=06/11/2007&name=penafiel
lunes, noviembre 05, 2007
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