martes 6 de noviembre de 2007
Islam y energía nuclear
NADIE discute la oportunidad energética asociada al desarrollo de la fisión nuclear con fines pacíficos: la comunidad internacional lo avala y ningún país queda excluido de su derecho a emplearla como herramienta para el desarrollo. En este sentido, la ampliación de la nómina de países nucleares no plantea problemas, siempre y cuando se produzca dentro de los requisitos y los protocolos de seguridad que deben cumplirse de acuerdo con los tratados internacionales. El peligro surge de la experiencia, que demuestra cómo algunos países han utilizado esa cobertura para poner en marcha planes de carácter militar que buscan secretamente la obtención de la bomba atómica. Corea del Norte e Irán son buena muestra de ello. Lo que empezó siendo un programa nuclear con fines pacíficos se convirtió con el paso del tiempo en un problema para la comunidad internacional al abandonar sus objetivos iniciales para desarrollar planes militares. Afortunadamente, el caso norcoreano se ha reconducido y está en vías de solución, pero no el iraní. Precisamente este dato, así como el fracaso en los mecanismos de presión internacional empleados hasta ahora para impedir los objetivos del régimen de los ayatolás, han influido en los recelos que se esconden detrás de que países como Egipto, Siria, Arabia Saudí, Yemen, Argelia, Marruecos, Libia o Turquía anuncien su voluntad de poner en marcha programas de uso civil de la energía nuclear.
Con estas iniciativas se abre un inquietante escenario de multilateralidad nuclear en el Oriente Próximo, y el islam que tiene mucho que ver con que un país como Irán no oculte ya su intención de dotarse de la bomba atómica. De hecho, estaríamos ante una proliferación por contagio que tendría básicamente una lectura interna dentro del conjunto de los países musulmanes. Con esta decisión se respondería a la amenaza que para algunos supondría la noticia de que, a la bomba atómica israelí, se añada también otra chií. De este modo se buscaría edificar un equilibrio de terror entre sunníes y chiíes dentro del islam, un equilibrio que compensase la desestabilización que provocaría dentro de la creciente rivalidad religiosa y política que viven ambas comunidades dentro del islam la noticia de que Irán -y por tanto una de las partes de esa tensión sunní-chií- tuviera el arma nuclear.
Para evitarlo sólo cabe una solución: vigilar y controlar al máximo la cooperación nuclear que todos esos países necesitan para poner en marcha sus programas atómicos. Esta es una responsabilidad que compete a los países occidentales, que deben poner límites a la exportación de su tecnología nuclear, al menos si no quieren que, a la larga, los beneficios obtenidos de la venta de reactores nucleares y de la tecnología asociada a su funcionamiento no acaben convirtiéndose en una pesadilla para el conjunto de la Humanidad.
http://www.abc.es/20071106/opinion-editorial/islam-energia-nuclear_200711060301.html
martes, noviembre 06, 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario