martes 6 de noviembre de 2007
Las líneas rojas de Mohamed VI
VALENTÍ PUIG
MARRUECOS es un vecino susceptible, incómodo y doblado. En suma, es un vecino, más corriente que normal. Chirac le daba cuerda. Sarkozy hará lo mismo. España lleva en Ceuta y Melilla desde mucho antes de la existencia geopolítica de Marruecos, tanto como monarquía como en condición de Estado. También fue antes de representar personalmente al actual presidente del Gobierno de España en la Alianza de Civilizaciones que el diplomático Máximo Cajal propuso la cesión de Ceuta y Melilla a cambio de la posterior recuperación de Gibraltar. En un libro publicado en 2003, Cajal escribía que España «debería modificar radicalmente su inmovilismo en la cuestión de Ceuta y Melilla y de los restantes vestigios de su presencia en la costa de Marruecos», que son «una afrenta permanente a la integridad territorial del país vecino». Algunos recordarán que hubo cierto cachondeo con lo de Perejil. A lo mejor Zapatero todavía cree que no levantarse cuando la bandera norteamericana desfila invitada en España es un gesto que refuerza y purifica las relaciones entre Madrid y Rabat. Se lo podría aclarar Colin Powell, que no es un avieso «neocon». También es digno de consideración que sonreír mucho en Rabat no hace gracia en Argel.
Los cálculos de La Moncloa en política exterior suelen ser lo que son. A Mohamed VI no le gusta la visita de los Reyes de España a Ceuta y Melilla. Hay por en medio el juramento sobre el Corán de su padre Hassan II para ocuparse de Ceuta y Melilla; antes procedió al libre y cívico encauzamiento de la «Marcha Verde», en 1975. Ahora la política del gobierno de Rodríguez Zapatero con la monarquía alauí, a diferencia de la mantenida por Felipe González, se demuestra flácida, candorosa e ineficaz. La política postmoderna tiene la virtud de relativizarlo casi todo, incluso las fronteras y la naturaleza histórico-geográfica de las vecindades, como si conflictos de larga y honda duración pudieran resolverse por la simple incorporación de un nuevo lenguaje. El descrédito de la realidad es un postmodernismo que acaba fácilmente con años y años de diplomacia más o menos sensata.
En otros tiempos, el episodio merecería una zarzuela, aunque fuera de un solo acto. Véase la siempre ilustrativa «Historia de la música militar en España», de Fernández de la Torre. En 1893, cuando la guerra de Melilla, triunfaron los pasodobles militares y una polka para piano. En el Liceo de Barcelona, lo que ahora el nacionalismo catalán considera anacronismo colonial mereció el estreno de «Los españoles en Africa», episodio en un acto con música de Ricardo Jiménez, lo mismo que en toda España se aplaudía la zarzuela «Los rifeños». Unos años más tarde unos cabileños atacaron a los obreros españoles que trabajaban cerca de Melilla. Intervino el ejército y la ocupación del monte Gurugú fue acogida con mucha satisfacción en España. Pasodobles y marchas militares fueron dedicados a la campaña militar. Hubo incluso un «vals bélico» titulado en catalán, «Crit de guerra», con letra y música de Bartomeus Mola. Eran tiempos de cantineras, cargas de caballería y entremeses con toque de corneta.
De la charanga hemos pasado al Prozac, como habrán podido observar los consejeros más astutos de Mohamed VI. La inmigración ilegal requiere de compuertas o al menos de rendijas. La corrupción en las aduanas marroquíes es de proverbio. A ambos lados, los embajadores llevan siempre billete de ida y vuelta en el bolsillo de la americana. También ocurre que, a diferencia del temple de su padre, Mohamed VI ve en todo declaraciones de guerra y resquemores para su suspicacia de gobernante inmaduro. En estos días, no es una rara hipótesis que, un poco cansado de su jubilación presidencial junto a Bernadette, Jacques Chirac haya hecho alguna llamada telefónica a su real pupilo magrebí. Imagínense a Chirac buscando con lupa en sus mapas otro islote como Perejil para sugerir su toma a Rabat. Ya le dijo al nuevo rey: «Debo mucho a su padre, y si me lo permite, Majestad, haré todo cuanto pueda por devolverle todo lo que él me ha dado». Mientras tanto, a Zapatero le han ido creciendo los enanos en el Sahara Occidental.
vpuig@abc.es
http://www.abc.es/20071106/opinion-firmas/lineas-rojas-mohamed_200711060302.html
martes, noviembre 06, 2007
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