viernes 9 de noviembre de 2007
Huele a podrido en el reino de España
Ignacio San Miguel
P ODÍA una persona medianamente optimista creer que no nos llegarían de Cataluña noticias más graves que las que en implacable sucesión han confirmado que en aquella zona de España se ha establecido un régimen opresivo, intervencionista e hispanófobo. Podía esa persona pensar que en adelante las cosas seguirían ese camino nefasto, pero sin ningún punto de inflexión a peor. Sin embargo, ese punto de inflexión se ha dado. Se daba ya el caso de que en los edificios oficiales de la Generalitat, junto a las banderas de Cataluña, la europea y la española, ondeaba la bandera del arco iris, la de los homosexuales. Era una muestra de la querencia del ejecutivo catalán hacia esta tendencia desviada de la sexualidad. Pero ahora ha querido dar un firme paso adelante, y hacerlo sin remilgos y con orgullo. La Generalitat se ha hecho miembro de ILGA, que es la organización internacional de gays, lesbianas, bisexuales transexuales y transgénero, Esta medida es insólita y anómala, como cualquier persona con dos dedos de frente puede juzgar. Pero la consejera de Acción Social y Ciudadanía, que ha dado la noticia, no ha dejado lugar a la duda, al declarar con una arrogancia no sabemos si catalana o lésbica, que la Generalitat es el único gobierno del mundo que forma parte de esta asociación. No hace falta que lo jure. De forma que nos encontramos con que la Generalitat es homosexual. Alguno ha precisado que es “políticamente” homosexual. Pero pienso que esto es hilar demasiado fino. Si una persona ingresa en una asociación de homosexuales lo hará por ser homosexual ¿o no? No lo hará porque sea “políticamente” homosexual. De la misma forma, si una entidad ingresa en esa asociación, ha de ser porque gran parte de sus miembros, por de pronto los más relevantes, son homosexuales. De lo contrario, no tendría sentido. Y tengamos presente que esa entidad, en el caso presente la Generalitat, representa a Cataluña entera. ¿Les habrá molestado a los catalanes este ingreso? Es posible que piensen que así son más europeos. Se da el caso de que esta asociación, ILGA, perdió el estatus consultivo en el ECOSOC (Consejo Económico y Social) de la ONU. ¿Por qué? Porque, a pesar de la conocida permisividad y hasta simpatía que ofrece la ONU a estas cuestiones, no consideró oportuno mantener el estatus consultivo a una organización que daba cabida a asociaciones pederastas, una de ellas NAMBLA (North American Man-Boy Love Association). Y es que la homosexualidad está íntimamente ligada a la pederastia, pero ésta encuentra todavía resistencias a ser admitida. En estos días se está celebrando en Cataluña el Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico. Y resulta significativo que el cartel anunciador de este Festival, que se celebra en las cuatro capitales, sea la fotografía en primer plano del rostro de un niño, entre sorprendido y atento. Parece sugerir que está contemplando algún acto homosexual que le deja expectante, aunque por supuesto no le repugna. Vuelvo a insistir en que la pederastia es una prolongación natural de la homosexualidad y lo lógico es pensar que acabará imponiéndose en una sociedad lanar como la española, de la que Cataluña es punta de lanza. No puede uno menos de pensar que los homosexuales, siendo como son una ínfima minoría, tienen una grandísima influencia, y en España parecen haber realizado un verdadero asalto al Poder. Desde este poder se estimulan iniciativas como la asignatura Educación para la Ciudadanía, en la que, aderezada entre otras muchas cosas, se difunde (o se pretende difundir) la homosexualidad entre la infancia. Cataluña es un campo de experimentación ideal para esta transformación de la sociedad futura, debido a la docilidad de los catalanes en todo aquello que consideran progresista. No en vano los manuales de Educación para la Ciudadanía que se manejan en Cataluña son los más explícitos de todos en estas cuestiones sexuales. Y, ahora, para el poder central habrá sido motivo de gran satisfacción que la Generalitat haya ingresado en ILGA. En ámbitos cristianos catalanes se piensa que lo que está ocurriendo en Cataluña, bajo el patrocinio de Rodríguez Zapatero, es algo terrible. Es la ruptura de los fundamentos de la sociedad, provocando en la infancia crisis de difícil resolución, llevando a los padres a callejones sin salida y haciendo aún más difícil la educación. Se trata de desvirtuar el matrimonio mediante la promoción de la homosexualidad, acabando con el único núcleo capaz de producir capital humano y capital social. ¿Y todo esto por qué y para qué? Se respira el odio a toda norma tradicional, el deseo de manchar, destruir, acabar con las instituciones que, como el matrimonio, han estado en la base de la estructura social occidental. Un proceso perverso que alcanzaría quizás su mayor degradación con la admisión legal de la pederastia. Existen iniciativas para rebajar aún más la edad legal para mantener relaciones sexuales. En España son los catorce años. Vive en el limbo quien piense que no se persiguen determinados objetivos. Pero el número de borregos es elevadísimo. Ese odio y ese afán destructor de las normas tradicionales, que, no lo olvidemos, son las normas de la ley natural, no pueden atribuirse a la iniciativa de un hombre solo. Máxime cuando consideramos que el deseo de destrucción no sólo se refiere a dichas normas, sino a la estructura política de la nación, cuya desintegración parece perseguirse. Todo sugiere, todo apunta a algo organizado. Resulta creíble pensar que alguna organización, que guarda un odio histórico a España, pretende su dinamitación. Por lo que ha representado históricamente en el orden ideológico y espiritual, más que por lo que representa en estos tiempos. Una organización internacional que converge y se identifica con el homosexualismo internacional organizado. No parece imposible. Más absurdo sería que todo esto estuviera surgiendo de la cabeza alocada de un anormal acompañado de la inevitable cohorte.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4253
viernes, noviembre 09, 2007
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