martes 13 de noviembre de 2007
Frenar la violencia extremista
UNA batalla campal entre cientos de jóvenes radicales sembró el pánico en el Metro de Madrid el pasado domingo. Grupos de ideología «ultra» se enfrentaron a propósito de una manifestación de la extrema derecha contra la inmigración, autorizada por la Delegación del Gobierno, que los grupos de extrema izquierda pretendían boicotear. La muerte de un joven de dieciséis años de ideología antifascista refleja que estamos en presencia de un asunto muy serio que el Ministerio del Interior debe atajar antes de que escape a todo control. Hubo también -como otras veces- policías y manifestantes heridos, daños materiales y varios detenidos, algunos de ellos adolescentes. La violencia juvenil es un fenómeno difícil de atajar en la sociedad contemporánea. «Skins», tribus urbanas y ultras de clubes de fútbol -que este fin de semana han hecho de las suyas en Italia en respuesta a la muerte accidental de uno de ellos- son el producto de una sociedad donde la escuela y la familia resultan incapaces de transmitir valores de convivencia y respeto a la ley. En este caso, el conflicto viene envuelto bajo el manto de ideologías extremistas que, por fortuna, son muy minoritarias en nuestro país, pero cuya expansión es imprescindible evitar con los instrumentos propios del Estado de Derecho. Menores de edad son captados para formar grupos radicales sin que sepan muy bien qué se oculta bajo términos como fascismo o antifascismo y sin que nadie haya logrado explicarles las ventajas de vivir en una sociedad democrática y pluralista. La inmigración sirve ahora de pretexto a los ultras de derechas y la lucha contra el imperialismo actúa como elemento que aglutina a la extrema izquierda. En todo caso, unos y otros buscan cualquier ocasión para causar disturbios y enfrentarse a las Fuerzas de Seguridad.
En los últimos años se han producido varios asesinatos y múltiples heridos en acciones de este tipo. Aunque son casos aislados, no es posible contemplar la situación desde la pasividad o la indiferencia. Es obligado reforzar los medios policiales para desarrollar acciones preventivas y no dar pie a concentraciones o reuniones que no cumplan los estrictos requisitos de legalidad, esto es, «pacíficas y sin armas». Son bien recientes los sucesos de lucha callejera en los barrios periféricos de París y otras ciudades francesas, y es sabido que la ultraderecha obtiene notables resultados electorales en el país vecino, aunque esté afortunadamente a la baja desde las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias. Escarmentar en cabeza ajena es una prueba de sentido común, aunque es cierto que los extremistas ganan posiciones en otros países europeos. Ideologías residuales, más que superadas por el curso de la historia, plantean ahora su desafío a la sociedad abierta, utilizando sin pudor a unos adolescentes atraídos por una estética y unas consignas intolerables. El Estado de Derecho tiene que actuar con firmeza contra los culpables, y los partidos políticos con responsabilidades de gobierno deben transmitir un mensaje de fortaleza democrática para que el problema no se escape de las manos.
http://www.abc.es/20071113/opinion-editorial/frenar-violencia-extremista_200711130248.html
martes, noviembre 13, 2007
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