martes 6 de noviembre de 2007
Transparencia
FERNANDO FERNÁNDEZ
EL Fondo Monetario Internacional ya no es lo que era desde que todos los países dicen aceptar la economía de mercado, aunque le pongan tantos calificativos como a la democracia, y China, junto a gran parte de Asia, está saliendo del subdesarrollo gracias a la iniciativa privada y la apertura al exterior. Hasta tiene problemas económicos y de competencia, su futuro amenazado por la falta de clientes y de productos que vender a precios de mercado, mientras que nuevos competidores privados se llevan parte de su negocio tradicional de financiación a las economías en desarrollo. Pero aun así fue una tremenda sorpresa recibir en mi correo electrónico el contrato íntegro del nuevo director gerente, disponible en www.imf.org, incluyendo no sólo su sueldo libre de impuestos, sino todos sus beneficios sociales, gastos de representación sin justificar, gastos de instalación, ayudas a la educación de los hijos, viajes, indemnización por rescisión de contrato, cuantía y duración de los derechos pasivos a la finalización de su mandato, pensión de viudedad en su caso, etc.
Habrá más casos, pero no conozco ninguna empresa privada, ni ningún Gobierno o agencia gubernamental que haga lo mismo, a pesar de todas las apelaciones al buen gobierno y todas las llamadas a la transparencia como guía de comportamiento en la nueva economía global. Ni siquiera el sueldo del secretario general de la ONU tiene tanta publicidad. Parafraseando a Dylan, los tiempos están cambiando cantidad y harían bien partidos políticos, ONGs y empresas en tomar buena nota. Ahora que la sentencia del 11 de marzo da por cerrada la legislatura, seríamos muchos los españoles que agradeceríamos olvidarnos de si ETA o la guerra de Irak y centrarnos en programas de gobierno que afronten los retos del futuro. Y la transparencia es sin duda uno de ellos.
Tenemos un sistema de financiación de partidos opaco, recientemente modificado sin consenso, que no obliga a desvelar todas las fuentes y que permite la financiación privilegiada y el impago a proveedores y acreedores. Los parlamentos nacieron para que los poderosos rindieran cuentas del destino de las exacciones coactivas que extraían del pueblo. Pero los gobiernos han sido muy hábiles en sustraer del debate parlamentario decisiones económicas importantes mediante la creación de sociedades públicas mercantiles, cuyo número se ha multiplicado con el desarrollo del Estado de las Autonomías. Un elemental deber de transparencia debería obligar a los distintos gobiernos a informar convenientemente al público, en sede parlamentaria, del número, presupuesto y razón de ser de estas empresas, así como de la composición de sus órganos de gobierno y las retribuciones completas de sus integrantes. Son también demasiados los cargos públicos aparentemente no retribuidos. Un error y una incitación a la irresponsabilidad, la opacidad y el favoritismo. El déficit democrático y de transparencia de las ONGs está impidiendo su desarrollo. Hace falta publicidad sobre el origen de sus ingresos -veríamos que muchas son simplemente el brazo ejecutor de una determinada agrupación local de un partido político- y sobre las remuneraciones de sus directivos, incluidos pagos diferidos y en especie. Las empresas han sido más hábiles y han descubierto pronto las ventajas de la responsabilidad social y la transparencia. Pero todavía quedan muchas empresas del Ibex que no publican las retribuciones completas e individualizadas de sus consejeros y altos directivos, y son pocas las que lo hacen con el nivel de detalle del reaccionario FMI. Y fuera del Ibex todo es silencio.
Mi preferencia por la transparencia no nace de la demagogia o el populismo, sino de la eficacia. Medio millón de dólares para el director gerente del FMI no es mucho dinero. Ganaría bastante más en puestos de menos responsabilidad en cualquier institución financiera. Pero si tuviésemos más transparencia nos daríamos cuenta de que por lo que le pagamos al presidente del Gobierno español, tenemos una ganga. Los sueldos de la alta Administración no son competitivos. Se está produciendo un fenómeno de selección adversa que nos acabará costando carísimo. Si no ha empezado a hacerlo ya.
http://www.abc.es/20071106/opinion-firmas/transparencia_200711060257.html
martes, noviembre 06, 2007
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