martes, noviembre 06, 2007

Ferrand, Ruiz-faraon y su piramide

martes 6 de noviembre de 2007
Ruiz-faraón y su pirámide

M. MARTÍN FERRAND
EL ejercicio del poder, tanto más cuanto mayor sea su eficacia, tiende a germinar en quien lo ejerce un cierto complejo de faraón y, en inevitable consecuencia, cada faraón trata de levantar su propia pirámide. Así ha sido siempre y cabe temer que así seguirá siendo. Ahí tenemos al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, a quien hasta sus enemigos reconocen capacidad y mérito. Si excluimos en el balance de su actuación todo cuanto afecta al ámbito cultural -un despropósito de complejos y concesiones inútiles- y no apuntamos en su debe el mobiliario urbano con el que acaba de apantallar la ciudad, debemos reconocer que es un gran alcalde, uno de los dos o tres mejores en toda la Historia de la Villa. Ya tiene su pirámide y, por ello mismo, podemos reconocerle como Alberto Ruiz-Faraón.
Cuenta la leyenda que Madrid fue conquistada al rey moro por las tropas de Alfonso VI. Desde entonces, desde el siglo XI, los regidores matritenses han celebrado sus reuniones en lo que hoy conocemos como Plaza de la Villa. Primero en asamblea poco menos que campestre, después, desde que Alfonso XI constituyera el Ayuntamiento, en una iglesia que allí había, y desde finales del XVII en la Casa Consistorial que se empezó a construir con planos de Juan Gómez Mora y cuyas obras se alargaron -¡eran municipales!- durante sesenta y tantos años. Desde ayer la tradición quedó quebrada y el alcalde/faraón ya tiene su asiento en la Cibeles, en el interior de una tarta de piedra que parece hecha de nata y se levantó en su día como Palacio de Comunicaciones; es decir, de Correos.
Las cuatro esquinas que guardan a la diosa Cibeles ya tienen fantasma. El del Palacio de Linares es el decano y el más activo. Se le escucha en las noches con luna y se refuerza con la acción, muchas veces también fantasmal, de la Casa de América. El del Palacio de Buenavista tiene un puesto de guardia que mandó poner el general Primo de Rivera para que nadie se siente en un banco recién pintado del que se sospecha sigue sin secar la pintura. En el Banco de España, en las cámaras que albergaron el oro que se fue a Moscú, resuenan hoy los ecos de ruidos y quejidos que, supongo, proceden de las inspecciones que el Banco realiza a las instituciones financieras con o sin hipotecas subprime y funciones que no les son propias. Y ahora, por fin, un alcalde-faraón en la esquina que faltaba.
Asegura Baura que las manías de grandeza son un pecado que conviene disculpar a quienes pretenden ser grandes en su oficio y responsabilidad, que la humildad aplaca la excelencia. Pudiera ser; pero sin olvidar, dado que lo pagamos a escote, que esta mudanza municipal nos cuesta 400 millones de euros. Es decir, si promediamos lo que en materia de gasto público va de lo pintado a lo vivido, unas tres veces más. Mucha pasta para un capricho.

http://www.abc.es/20071106/opinion-firmas/ruiz-faraon-piramide_200711060259.html

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