jueves 8 de noviembre de 2007
Líbano, pieza clave
Por DARÍO VALCÁRCEL
EN el tablero de Oriente Próximo, Líbano es pieza decisiva. Si sus dirigentes y su sociedad civil se inclinan del lado del equilibrio, Líbano aportará un incalculable activo a la paz de la región. Si cae de mal lado -desacuerdo, violencia- todo será mucho más difícil, quizá imposible. Un nuevo factor de desacuerdo se sumará al clima de conflicto que domina hoy a Siria, Irak, Turquía, Irán, Afganistán, Pakistán... Un área de 4.000 kilómetros, desde el Tigris al Indo, con cientos de millones de fieles al islam, recibiría una sacudida sísmica. La capacidad desestabilizadora de Líbano es cien veces mayor que su pequeña dimensión. Pero su capacidad pacificadora es también muy alta.
En Líbano, la Unión Europea ha dado un paso sin posible vuelta atrás. Las tropas siempre podrían retirarse, pero sería un reconocimiento de impotencia tal que equivaldría a renunciar a toda afirmación europea durante los próximos 500 años. Tras el verano de 2006, cuatro estados, Francia, España, Italia, Alemania, desembarcaban a 4.000 hombres en Líbano, llamados por el Gobierno de Fuad Siniora. Las aguas libanesas serían patrulladas, por la armada alemana. Alemania, en recuerdo de los años 1930-40, no quería intervenir en un conflicto entre árabes y judíos: pero el Gobierno de Berlín no se ausentó; aportó sus buques, casi un millar de marinos y marineros alemanes en el este mediterráneo, desde Turquía a Egipto, vigilan hoy la amenaza de tráfico de armas. Pero la aportación decisiva es la de los estados europeos, franceses, españoles e italianos, en apoyo de Finul, la Fuerza de Las Naciones Unidas en Líbano, integrada por pequeños contingentes irlandeses, chinos, indios, finlandeses...
Desde los años cincuenta, la liberal población libanesa ha sido acosada por sus vecinos, Siria, Israel, ahora Irán: son fuerzas exteriores, poderosas, dedicadas a hostilizar al pequeño país. Han comprendido tarde la inutilidad de su esfuerzo. Líbano no se doblegará. Pero esos actores externos quieren, además, impedir todo acuerdo. La Unión Europea les ha salido diplomáticamente al paso. Aquí, menos que en ninguna parte, puede buscarse una historia de buenos y malos. La fuerza francohispanoitaliana, que respalda a Finul, trata de consolidar las instituciones democráticas de Beirut. La vuelta de la paz a la región -Líbano y sus vecinos Turquía, Israel, Siria- cuenta mucho para los europeos. Hace unas semanas, el 20 de octubre, Bernard Kouchner, Miguel Ángel Moratinos y Massimo d´Alema aterrizaban en Beirut. Los tres ministros europeos querían dar testimonio de su apoyo a la negociación sobre el nuevo presidente libanés. Por un pacto no escrito, los libaneses adscriben la presidencia a la minoría cristiana; la jefatura del gobierno a la minoría sunita; y la presidencia del parlamento a los chiítas.
Francia, España e Italia -también la armada alemana- representan a la Unión Europea en su decisión de ayudar a Líbano a sacar adelante un histórico consenso: el nombramiento de un nuevo presidente marcará el compromiso europeo, sin vuelta atrás, con las amenazadas instituciones libanesas. Los cristianos, hoy en ligero declive, nombran por un pacto no escrito al jefe del Estado. La adecuada sustitución del presidente Emile Lahud, en el cargo desde 1998, es decisiva hoy. Lahud quiere partir, pero antes es necesario un acuerdo nacional sobre su sucesor. Ese acuerdo podrá arrastrar, en su virtuoso círculo, otros pactos necesarios: con los chiítas del sur, cuyo interlocutor es el presidente del Parlamento, Nabih Berri; con la dirección del Gobierno y del Ejercito libanés, esto es, el primer ministro Fuad Siniora y el movimiento del 14 de marzo; con las corrientes minoritarias pero determinantes de los drusos de Walid Jumblatt o los reformistas de Amin Gemayel. Estos sectores habrán de pactar con el chiismo de Amal y de Hizbollah y con su líder, Hasan Nasralah. Si se llega a un acuerdo, Líbano habrá dado un paso hacia la verdadera paz. Si el intento fracasa, sabemos lo que ocurrirá. Europa juega su carta se puede ganar. Y si se gana, no se darán las gracias a Kouchner, Moratinos o D´Alema. Pero estos correosos políticos no necesitan que nadie les dé las gracias. Ellos sabrán qué han conseguido y eso bastará. La sociedad pluricultural y plurireligiosa de Líbano extiende sus ondas a miles de kilómetros.
http://www.abc.es/20071108/opinion-firmas/libano-pieza-clave_200711080257.html
jueves, noviembre 08, 2007
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