martes, junio 06, 2006

Rajoy rompe con ZpM hasta que no rectifique la...

miercoles 7 de junio de 2006
Rajoy rompe con Zapatero hasta que no rectifique la «ignominia» ante ETAEl presidente da por no escuchada la sentencia, y dice que se tomará su tiempo para recuperar al PPEsther L. Palomera
Rajoy, Acebes y Zaplana al abandonar el Parlamento ayer
Madrid- La de ayer era una crónica anunciada después de lo que ocurrió tras el reciente Debate de la Nación. Y eso que la jornada tuvo mucho de excepcional. Excepcional porque no es frecuente que un jefe de la oposición se suba a la tribuna del Congreso a defender las propuestas de resolución de su Grupo. Y excepcional porque tampoco es habitual que un presidente de Gobierno pida la palabra para fijar su posición. Ayer, había más de 105 iniciativas que defender, pero sólo una acaparaba la atención de la Cámara, un texto con el que el PP volvía a marcar las líneas rojas del llamado proceso de paz. Se hablaba, pues, de ETA, de diálogo con los terroristas, de precios políticos, de engaños, de hojas de ruta, de mesas de negociación... Así que las palabras de Mariano Rajoy para anunciar la ruptura de toda relación con el Gobierno hasta que éste no rectifique la «ignominia» ante la banda asesina, aunque esperadas, sonaron como un trallazo en el hemiciclo. Mucho más que ese prolongado aplauso con que los suyos jalearon la noticia. Y qué contar de las continuas invocaciones a los GAL que se oyeron desde la bancada popular. Alcaraz y Mora, en la tribuna. El jefe de la oposición, cuya intervención siguieron atentamente desde la tribuna de invitados el presidente de la AVT, José Alcaraz, y la socialista Gotzone Mora, se cargó de razones antes de confirmar el presagio. Primero, recordó ese apoyo incondicional, que el pasado 22 de marzo, ofreció al presidente del Gobierno. Luego, el compromiso de Zapatero de que no pagaría un precio político por la paz; las declaraciones «alarmantes que contradecían» las palabras del jefe del Ejecutivo; las reuniones secretas entre el PSE y Batasuna; la intención de formar dos mesas de negociación; la constatación de que ETA no desea abandonar de manera irreversible su actividad criminal; las contrapartidas políticas; las exigencias intactas de los asesinos; la actitud gubernamental de allanar el camino a los violentos; la permisividad ante las ilegales actividades públicas de Batasuna... Todo lo que Rajoy no quiso o no pudo reprochar a Zapatero en el Debate de la Nación lo trajo ayer a colación, incluso las «numerosas críticas que personalmente» se ha ganado en estos dos meses por haber prestado su apoyo al Gobierno. Por encima de todo eso, hasta ayer, sostuvo que no había querido quebrar la marcha de los acontecimientos porque lo único que le importaba era saber si ETA se disolvía. ¿Cuál ha sido la respuesta?, se preguntó. «Ninguna», sentenció. Bueno, sí, rectificó, «que sin que medien cambios en la situación, sin que ETA haya abandonado las armas», el PSOE, «en cumplimiento de compromisos adquiridos», ha anunciado que se propone iniciar conversaciones con la ilegalizada Batasuna. Ése es el motivo por el que Rajoy decidió ayer romper con el Gobierno, después de que además éste lo anunciara horas más tarde de un debate en el que, fuera por el motivo que fuera, se decidió aparcar la confrontación por ETA. Los escarceos entre socialistas vascos y batasunos son «una osadía declarada» que pronostica «consecuencias muy graves» porque de lo que se habla es de la «legalización de hecho de Batasuna». Más claro: «De compartir con ETA el diseño del futuro de España y del País Vasco». O sea, que Rajoy cree acreditado que Zapatero «mintió» cuando dijo que no habría diálogo con una fuerza ilegalizada, que no se pagaría un precio político y que no habría negociación sin renuncia previa de la violencia. En consecuencia, anunció la ruptura de toda relación con el Gobierno de Zapatero y la retirada del apoyo que venía prestándole. Más tarde, daría su palabra de que pondrá todo su empeño en que no se consume lo «que consideramos un grave atentado contra el orden jurídico, la legalidad democrática y el Estado de Derecho». Zapatero no quiso guardar silencio ante la tromba de acusaciones. Así que pidió la palabra, inmediatamente después de que el secretario general del grupo socialista, Julio Villarubia, llamase desleal e irresponsable al PP, y acusara a Ángel Acebes de «precisar ayuda psicológica» por declaraciones que «pueden ser constitutivas de delito». Con aquellas palabras gruesas, la temperatura ya había subido unos cuantos grados, y sus señorías se cruzaban gestos e improperios. Ejercicio de «buenismo». El presidente dio por no escuchada la ruptura que le anunció Rajoy, hizo un nuevo ejercicio de «buenismo», impartió otra breve clase de oposición leal y emplazó al PP a «buscar acuerdos y a no proclamar rupturas». Pero, cuando los populares, sin duda, se revolvieron más en sus escaños fue cuando el presidente espetó: «Estoy dispuesto a olvidar». El olvido no incluía toda una retahíla de citas y declaraciones de hace casi diez años, cuando el Gobierno de Aznar intentó el final del terrorismo tras la declaración de tregua de ETA. Comparó situaciones y manifestaciones, y siempre encontró alguna que rebatía la posición actual de un PP que hoy se opone a un diálogo que entonces defendía. Los papeles oficiales es lo que tienen, que reflejan la realidad, y la de entonces, según un documento de la Secretaría General de la Presidencia, llamaba en 1998 «proceso de paz» a lo mismo que hoy Rajoy cree una perversión del lenguaje en favor de los terroristas. Es lo que Zapatero llamó «la ley del embudo». «Con estas palabras debería -conminó a Rajoy- reconsiderar sus palabras de ruptura». Más cuando insistió en que hay bases sólidas para un proceso que nunca, enfatizó, «tendrá precio político». Ahora la decisión del PP le obliga a tomarse un tiempo para recomponer el acuerdo. Zapatero vuelve a tender la mano. Lo intentará antes de solicitar permiso a la Cámara para seguir el camino ya emprendido. La sesión acabó, claro, con el rechazo unánime de la propuesta del PP (193 votos en contra), con el apoyo cerrado del resto de grupos al Gobierno, con una invocación de Zapatero a la «lealtad y el compromiso»... Pero sobre todo con la sensación mayoritaria de que esto ya no hay quien lo recomponga, por más que el convergente Durán i Lleida clamase para que si esto «fracasa sea por ellos (ETA), y nunca por la falta de acuerdo entre nosotros (los demócratas)».

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