miercoles 7 de junio de 2006
Los ánimos están calientes
M. MARTÍN FERRAND
SALVO sus beneficiados, parte de la España centrífuga, y algunos de sus conmilitones, los que anteponen el entusiasmo a la razón, todos los demás tendemos a estar de acuerdo en que José Luis Rodríguez Zapatero se equivoca. Un amasijo compuesto por grandes dosis de debilidad parlamentaria, hambre de gloria, refuerzo -de ida y vuelta- a Pasqual Maragall y la escasez intelectual y política de su guardia pretoriana le han llevado al borde del abismo. Además de poner en cuestión la Constitución del 78, ha propiciado un Estatuto que, a medio plazo, puede convertir a Cataluña en un despropósito satelital del Estado, y, al tiempo, su obsesiva intención de acabar con el problema terrorista ha colocado a ETA y Batasuna, o viceversa, en el mejor de sus escenarios deseados y posibles. A Zapatero le falta fuste y, después de dos años de Gobierno, se le nota. Está empedrando el patio nacional con adoquines de buena voluntad; pero, pobrecito, ignora el oficio de solar.
Calentados los ánimos con el fuego de la campaña del referéndum catalán del próximo día 18, tanto que, ante la pasividad de los Mossos d´Esquadra, algunos enrabietados nacionalistas le han querido calentar el lomo a Arcadi Espada por atreverse a predicar el «no», Ángel Acebes ha llegado a una tremenda conclusión: en relación con el muy mal llamado «proceso de paz» en el País Vasco, «el proyecto de Zapatero es el proyecto de ETA». Comprendo la fatiga del líder popular tras el permanente acoso del que suele ser víctima principal de la saña mediática de cariz socialista; pero ni por esas puede aceptarse una tan infundada acusación penal -colaboración con banda armada- al presidente del Gobierno. El respeto que podría no merecer la persona lo suple con creces el debido al cargo y a la representación. Aun en pleno juego del todo vale, al que insensatamente nos hemos entregado, hay fronteras que no deben ser traspasadas, y menos aún por quien ha sido ministro del Reino de España y es la segunda cabeza -ahí le duele al PP- de uno de los dos grandes partidos de ámbito nacional.
La declaración de Acebes, por abundante que sea la repulsión que a muchos nos aflige con la línea trazada por Zapatero para la «solución» del problema etarra, es un insulto intolerable -«una barbaridad», como ha dicho Duran Lleida- que rompe las mínimas formas exigibles en una democracia. No es que vivamos días de sutileza y cortesía, valores que hemos trucado por una grosera y zafia tosquedad; pero ni aun así Mariano Rajoy debe dejar de intervenir y hacerle un zurcido al roto que su acólito le ha hecho al frágil manto de nuestra convivencia. Los diez millones de ciudadanos que, redondeando, respaldan con sus votos al PP no son partidarios de esa mínima violencia, germen de otras mayores, que cabalga en el insulto y la descalificación personal. Menos todavía cuando, posiblemente, sea una falsedad.
martes, junio 06, 2006
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