La guía en la tormenta, 3: Defender la autoridad política de la nación
José Javier Esparza
7 de junio de 2006. ZP nos ha metido en la tormenta. Su imprudente acercamiento a ETA ennegrece especialmente las nubes. Pero no cabe vuelta atrás. Se impone un gesto de afirmación –hacia delante.ETA no es sólo una organización criminal; persigue objetivos políticos. Sus crímenes se supeditan al proyecto de destruir la nación española y construir una nación vasca. Por eso ETA, para España, es un problema no sólo de orden público, sino también de orden político. Ahora bien, ningún problema de orden político puede solucionarse pacíficamente si su instrumento es la muerte y su finalidad la destrucción del Estado. Por eso ningún Gobierno anterior había intentado "hablar de política" con ETA o sus abanderados; no sin dos condiciones: arrepentimiento y entrega de las armas. Hasta que llegó Zapatero.Hablar "de política" con ETA significa reconocer que sus crímenes han sido útiles; significa también otorgar carta de naturaleza a sus reivindicaciones (autodeterminación, presos, Navarra). La negociación política convalida el terror. Eso atenta contra la justicia, pues beneficia al criminal en perjuicio de la víctima; atenta contra la seguridad del Estado, pues estamos sometiéndonos a alguien que mantiene las pistolas sobre la mesa; atenta contra la autoridad política de la nación, pues estamos convirtiendo a la banda en interlocutor oficial y, por tanto, concedemos a nuestro principal enemigo una legitimidad que antes no tenía. En esto consiste el "error Zapatero".Hay quien sueña con una reconstrucción del frente antiterrorista tal y como lo hemos conocido desde 1978. Aquel frente descansaba sobre un pacto tácito: separar la dimensión política de la dimensión criminal; de lo político se hablaba con el PNV, de ETA se encargaba la policía. Pero el "error Zapatero" ha fortalecido extraordinariamente al brazo político de ETA y ha legitimado sus aspiraciones. Ya no hay, pues, dos dimensiones –política y criminal-, sino sólo una, y ETA es su protagonista. Enfrente, la autoridad política de la nación española queda en entredicho. ¿Es posible reconstruirla? Sólo si ZP rectifica, cosa improbable.Una vez más, lo prioritario es fijar un rumbo claro. Si queremos mantener la autoridad política de la nación española, no queda más salida que plantear una cuestión de principios: España no puede ceder nada ante ETA. Porque si cedemos, la nación estará inclinándose ante quienes quieren destruir la nación; España estará atenuando la culpa de quienes han empuñado las armas contra los españoles.En este asunto, la justicia y la autoridad política de la nación española están en el mismo campo. Es intolerable que, en vez de auparnos en esa autoridad moral, estemos cavando bajo nuestros propios pies. En nombre del interés nacional, frente a la táctica turbia de la cesión hay que enarbolar no sólo el Estado de derecho, sino también el derecho del Estado.(Por supuesto, habrá quien considere que el interés nacional, la justicia o la autoridad política de la nación española no se cuentan entre sus prioridades. Bien: que lo diga).
martes, junio 06, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario