viernes 9 de junio de 2006
Contra la moral burguesa
Ignacio San Miguel
L OS marxistas acostumbraban antes a hablar con mucha frecuencia y despectivamente de la “moral burguesa”. Era, sin duda, un estorbo para sus fines y deseaban destruirla. Lo han conseguido en grandísima medida en el transcurso de las últimas décadas. En esto han seguido la teoría de Antonio Gramsci, quien recomendaba el ataque a la cultura sin esperar el triunfo de la revolución del proletariado. Ahora hablan menos de esta moral porque de ella sólo quedan restos. Sin embargo, el impulso adquirido en su destrucción persiste y se van alcanzando nuevas metas. Las últimas metas. De Holanda, país abanderado del seudoprogresismo, nos llega una noticia que se refiere a la onda expansiva de la pederastia, a la que me he referido en un artículo anterior como amenaza ya presente en nuestro país. Habiendo alcanzado aceptación social y legal el homosexualismo, ahora le toca a la pederastia, lo cual era fatal que ocurriera, ya que los pederastas en su casi totalidad son homosexuales, y si éstos han alcanzado importantes conquistas, no van a quedarse ahora satisfechos sin tratar de recorrer el último tramo, que es la legalización de la pederastia. Como digo, ya se están dando conatos en nuestro país, so capa de educación sexual y demás zarandajas. En Holanda se ha constituido un nuevo partido político cuyo objetivo es legalizar el sexo con niños y también con animales. El NVD (Caridad, Libertad y Diversidad) asegura: “Cualquier límite de edad para el sexo es absurdo.” Aspira también a legalizar la pornografía infantil y las drogas duras. En cuanto al bestialismo, lo consideran muy natural, siempre y cuando en los encuentros sexuales los animales no sean maltratados. A destacar que no expresan reparos al maltrato de los niños, aunque se supone que también lo desaprobarán. Otra declaración: “Los niños más pequeños deben recibir educación sexual, y los jóvenes de 16 en adelante deberían poder participar en películas pornográficas y prostituirse”. Un dato curioso para nosotros es su reivindicación del derecho a caminar desnudos en público, pues esta iniciativa ya la tomó el Ayuntamiento de Barcelona hace unos dos años. Es más, el alcalde animó a la gente a salir desnuda a la calle, aunque no fue atendido, por lo menos hasta la fecha. No sabemos qué ocurrirá en el futuro, pues Barcelona es ciudad notoriamente “progresista”. Lo que no se entiende bien es por qué el alcalde no predicó con el ejemplo saliendo desnudo a la calle. ¿Acaso no hubiera añadido esto aún más prestigio a esa ciudad tan avanzada y europea? Ya sabemos que es difícil que alcance cotas más altas de cultura, pero quizás lo hubiera conseguido con esta audaz iniciativa. No sabemos tampoco qué ocurrirá en España, aunque se pueden prever las mayores anomalías, pues la degeneración es ahora la norma común. Por de pronto, ya se ha aprobado la ley de los transexuales, que no necesitarán en lo sucesivo someterse a la operación de cambio de sexo, sino simplemente sentirse del sexo contrario. Claro que se van a exigir algunos requisitos médicos, pero esto es papel mojado. ¿Qué vale la firma de un médico? Unos cuantos euros. ¿Qué ocurrió con el aborto? La ley también exige requisitos médicos. El médico firma los papeles, se embolsa los euros y asunto terminado. Siendo esto así, como lo es, en el futuro se han de dar casos de seres humanos, legalmente hombres, pero anatómicamente mujeres, que tendrán hijos. ¿Y quiénes serán los padres fisiológicos? Pues lo podrán ser mujeres legales que anatómicamente serán hombres. Se van a dar en lo sucesivo casos curiosísimos, ridículos y degradantes; y en bastante número, pues habrá muchos homosexuales que querrán cambiar de sexo legalmente. En Holanda se trata de momento de un nuevo partido político, pero si se tiene en cuenta la dirección de las cosas, pocas dudas pueden caber de que de aquí a unos años, cinco, quince o veinte, las aspiraciones de ese partido se plasmarán en realidades. El presidente Rodríguez, hombre de psicología claramente anormal, es seguro que habrá tomado buena nota de estas aspiraciones holandesas, que él considerará muy legítimas, y pensará quizás adelantarse a Holanda en su realización, pues a él le gusta ser siempre el primero en todo lo que suponga progreso en la degeneración. Y aquí tenemos ya la propuesta de concesión de los derechos humanos a los grandes simios. Si esto se aprueba, no hace falta ser muy imaginativo para prever los matrimonios entre simios, ya que uno de los derechos de los hombres es el casamiento. Pero si añadimos a esto la posible legalización del bestialismo, algunos matrimonios podrían ser entre hombre y mona o entre mujer y mono. Sí, ya sé que todo esto parece fantástico y absurdo, pero ¿acaso no estamos viviendo tranquilamente una realidad que hace unas pocas décadas era inimaginable? Mejor será que no lo tomemos a broma y permanezcamos alerta. Esto de permanecer alerta es lo que gran parte de la población española no hace. Unos por ignorancia, otros por indiferencia, otros por comodidad, hay un gran sector de la población que yo calificaría de hombres-oveja, que todo lo aguantan, todo lo soportan dócilmente, sin protesta alguna. Se trata de un estupor embrutecido que se muestra en la aceptación acrítica de lo políticamente correcto, del pensamiento dominante, contribuyendo así a su mayor dominación. Desde la incapacidad para atribuir a los sodomitas la pandemia del sida, de la que fueron los causantes, pero que es algo que no aceptan los mentores seudoprogresistas, hasta la admisión del “matrimonio” de estos homosexuales como la concesión de un derecho legítimo, los hombres pasivos y sin criterio nos muestran reiteradamente su mansa servidumbre. El doctor Moreau, el personaje de H. G. Wells, no imaginó ni proyectó este engendro que, sin embargo, tanto abunda en España, y que acabará tolerando el bestialismo con tanta indiferencia como tolera en la actualidad el aborto masivo. El hombre-oveja acogerá buenamente todo aquello que vaya contra la moral burguesa y sea políticamente correcto. Obedecerá a los pastores.
jueves, junio 08, 2006
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