miércoles, noviembre 07, 2007

Las amenazas del "amigo" marroqui

miercoles 7 de noviembre de 2007
Las amenazas del «amigo» marroquí
LO mismo que el lunes en Ceuta, ayer en Melilla los ciudadanos se volcaron con los Reyes de España, en una jornada histórica para la ciudad autónoma. Calles engalanadas, banderas por todas partes y una emoción colectiva que refleja el cumplimiento largamente esperado de un deseo. Don Juan Carlos recordó que «ya no podía dejar más tiempo sin venir» y transmitió a los melillenses el apoyo y afecto de la Corona, que el presidente de la ciudad, Juan José Imbroda, recibió en nombre de sus conciudadanos. Melilla es, como destacó el Rey, una ciudad moderna y abierta que -como el conjunto de España- está dispuesta a mantener relaciones de cooperación y convivencia con los vecinos en el marco del respeto mutuo a la integridad territorial. En este sentido, la historia y la realidad contemporánea muestran sin discusión posible la españolidad inequívoca de Ceuta y de Melilla. La presencia de la Corona ha sido, por tanto, un éxito para la nación española y para el interés general del Estado, con independencia de cualquier consideración sobre las circunstancias concretas. El Rey, jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia, ha cumplido una vez más de forma impecable las funciones que le atribuye el ordenamiento constitucional, y así lo han apreciado ceutíes y melillenses con su reacción entusiasta.
La respuesta airada de Marruecos sólo se explica por los difíciles equilibrios internos de un sistema político que tiene serias dificultades para realizar su imprescindible apertura hacia la democracia y las libertades públicas. Ceuta y Melilla, lo mismo que el Sahara, se utilizan con frecuencia como cortinas de humo para tapar con el viejo truco del enemigo exterior la fractura de una sociedad que los islamistas radicales han situado como objetivo preferente. Las expresiones de Mohamed VI con motivo del 32 aniversario de la Marcha Verde en el Sahara (que Marruecos llama «recuperación de las provincias del sur») insisten en los peores tópicos del nacionalismo más rancio. Con sus palabras dirigidas a todo el país, el monarca ha expresado duramente la errónea posición del Reino alauí ante un contencioso que sólo existe en la imaginación de un régimen que busca fórmulas de legitimación para tapar los graves defectos de orden político y los socioeconómicos. Mohamed VI utilizó ayer un lenguaje deliberadamente agresivo, calificó la visita de «lamentable» y «nostálgica» y amenazó sin rodeos con eventuales consecuencias, de las que hace responsables a las autoridades españolas. No obstante, llamar «gloriosa» a la Marcha Verde y proponer como objetivo la ocupación de territorios que no le pertenecen no servirá de nada a un pueblo que contempla irritado cómo crece sin remedio la distancia que separa su nivel de vida respecto de una España moderna y desarrollada, mientras que el Reino alauí organiza elecciones poco claras y forma gobiernos a la medida de la Corte.
El rey de Marruecos ha dejado en evidencia al Ejecutivo español. Exteriores ha vuelto a equivocarse en la gestión de una crisis que confirma la incapacidad de Miguel Ángel Moratinos para dirigir la diplomacia española. Rodríguez Zapatero apostó desde el principio por una política de concesiones hacia Marruecos que no ha beneficiado a nuestros intereses ni ha mejorado las cuestiones bilaterales pendientes. Tampoco ha sabido calcular la reacción marroquí ante la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, y ahora pretende minimizar la situación mediante la fórmula voluntarista de que «aquí no ha pasado nada». Sin embargo, la retirada del embajador, la presencia de muchos parlamentarios en las protestas y la intervención del propio rey son buena prueba de que Marruecos quiere mostrar su enfado sin matices ni eufemismos. Mirar para otro lado no servirá de nada. El presidente del Gobierno, que transmitió al jefe de la oposición la falsa impresión de que todo estaba bajo control, ha quedado en muy mal lugar. El éxito de las visitas desde el punto de vista del interés nacional no puede ser capitalizado, como es obvio, por un Ejecutivo que lleva una semana para olvidar en materia de política exterior.

http://www.abc.es/20071107/opinion-firmas/amenazas-amigo-marroqui_200711070248.html

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