jueves, noviembre 08, 2007

La cesta de la compra se dispara

jueves 8 de noviembre de 2007
La cesta de la compra se dispara
SABÍAMOS que el dato de inflación de octubre había sido muy malo y que los responsables eran el petróleo y los alimentos. Pero aun así nos hemos sorprendido cuando el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha publicado la evolución desagregada de los precios por productos alimenticios. La leche ha subido el 12,3 por ciento en doce meses, el aceite de girasol un 16,1 por ciento, las cebollas un 22,0 por ciento, la carne de pollo un 18,3 por ciento o los huevos un 10,4 por ciento. Hacer la compra se está convirtiendo en una aventura peligrosa y a este paso habrá que ir al mercado con calculadora para seleccionar los menús sin poner en peligro el presupuesto familiar. Asusta pensar en la próxima campaña de Navidad si estos son los precios de partida sobre los que se aplicarán los inevitables incrementos estacionales.
Son muchas las causas de este encarecimiento de la cesta de la compra que, unidas a la subida en el coste de las hipotecas, ha provocado un fuerte aumento en el número de hogares españoles que declaran dificultades a la hora de llegar a fin de mes. Aumenta el malestar económico de los ciudadanos y ya no se trata de expectativas o percepciones, sino de realidades tangibles, diarias. No cabe tampoco invocar causas externas, ajenas a decisiones del Ejecutivo como hizo el presidente del Gobierno. Es cierto que el petróleo ha subido mucho en dólares, pero no tanto en euros. Por ejemplo, el máximo histórico de 95 dólares por barril registrado ayer mismo, se queda sólo en 65,5 euros al tipo de cambio diario, un precio que no es muy superior al de hace un año. Es además difícil de argumentar una fuerte incidencia de los costes energéticos en el precio de los alimentos al consumidor. Son otras las razones que explican este desaguisado. La deficiente política comercial de este Gobierno, que ha sucumbido a los cantos de sirena del proteccionismo a ultranza de alguno de sus socios nacionalistas en cuestiones como la libertad de horarios o las dificultades a la apertura de grandes superficies hasta ser denunciado por la propia Comisión Europea. La erosión de la unidad de mercado con normas de etiquetado, embalaje, rotulación de escaparates y otras que encarecen los costes de comercialización. Las insuficiencias en la política de defensa de la competencia, más atenta a permitir la creación de campeones nacionales que a evitar posibles cárteles o a perseguir prácticas restrictivas. La desatención a la modernización de las explotaciones agrarias que le ha granjeado varias huelgas en el sector. Y una política fiscal expansiva con crecimientos del gasto público muy superiores al del producto interior bruto, que ha culminado en una miríada de propuestas populistas que comprometen el gasto corriente a futuro. Causas todas ellas que sí son responsabilidad directa del presidente del Gobierno.
El Gobierno cosecha un nuevo fracaso en su política económica. Y siguiendo su práctica habitual, el presidente se esconde en la herencia recibida y en conspiraciones internacionales. Adopta ahora, cuando es demasiado tarde, una presunta diligencia que se ha echado en falta durante toda la legislatura: crea comisiones de investigación y observatorios permanentes o insta actuaciones expeditivas de los organismos inspectores. En definitiva, marea la perdiz para llegar a marzo. Se ha perdido toda una legislatura confiando en el ciclo económico y apuntándose a la tesis de que la inflación era cosa del pasado. Pero los hechos han desmentido esta vana esperanza. Estamos ante un serio repunte inflacionista en el que España es desgraciadamente líder europeo. Se ha vuelto a incrementar el diferencial con nuestros socios comunitarios y deteriorado la competitividad. Pero además se está perjudicando a los sectores más desfavorecidos de la población. La inflación es el más injusto de los impuestos, gustaba de repetir Michael Camdessus cuando, como director ejecutivo del FMI, le tocó lidiar con las hiperinflaciones americanas. Nunca es más verdad que cuando la subida de precios recae desproporcionadamente en la cesta de la compra, pues a ella dedican un porcentaje muy superior de su renta las clases populares cuyo paquete de consumo es prácticamente de subsistencia.

http://www.abc.es/20071108/opinion-editorial/cesta-compra-dispara_200711080258.html

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