lunes, noviembre 12, 2007

Juan Urrutia, Si no fuera por mi perro

lunes 12 de noviembre de 2007
Si no fuera por mi perro…
Juan Urrutia
Q UERIDOS lectores, lamento haberles abandonado estas últimas semanas aunque es probable que dicho abandono les prolongue la vida diez años. Varias han sido las circunstancias que me han alejado de ustedes pero para contarles aburridas desventuras ya están sus vecinos, así que evitaré ser más explícito. Lo cierto es que mi regreso se lo deben agradecer, o reprochar, a un fiel amigo que me soporta desde hace doce años: mi perro. Estaba yo postrado en mi lecho de gripe con un aspecto francamente deplorable cuando él saltó a la cama, se tumbó a mi lado y, pasado un buen rato, me dijo: “no pensarás pasarte el día entero ahí tirado como un perro...” Me di cuenta enseguida de que quería decirme algo, y así era, me sugirió que para recobrar mi ritmo habitual comenzase por escribir el acostumbrado artículo para Vistazoalaprensa. Tengo demasiada fiebre para escribir sobre política, le dije, pero mi querido amigo fue implacable, me sugirió tantos temas: la visita del rey a Ceuta y Melilla, Sarkozy al rescate, cierto tenista al que se sospecha invitaron a un café con laxante durante la Copa Davis, el joven finlandés que mató a tiros a siete compañeros y a la directora de su centro de estudios, Ibarretxe amenazando a Zapatero con no apoyar al Gobierno socialista si no le dejan llevar a cabo cierto plan, una niña hindú nacida con cuatro brazos a la cual las facciones religiosas más radicales se han apresurado a deificar, Jesús Caldera aumentará las pensiones de quienes prolonguen su vida laboral hasta los setenta años, Montilla se compra una bicicleta al no poder ir al trabajo en tren, el Gobierno Vasco amplía en un tres por ciento las ayudas para que los presos de ETA sean visitados por sus familias, la pederastia se extiende por el Norte, el Barça gana (de momento) y todavía hay más, pero con esto ya vale para darse cuenta de cómo está el patio Serapio. Efectivamente, tengo demasiada fiebre para tratar cualquiera de estos temas en profundidad, escribir a más de seis metros bajo el nivel del mar me marea. Por el motivo expuesto, tan intrascendente como vital para el futuro de la humanidad, evitaré terminar como Juan el Bautista a quien Salomé ordenó ejecutar en defensa propia porque este le afeaba su conducta. Fue, según los libros de historia, Aristóteles quien le dijo a trajano, mientras serraba una cebra por la mitad, aquello de: “lo mejor para la gripe es el caldo de gallina”. Trajano o Plinio el viejo, vaya usted a saber, estuvo a punto de ensartarlo cual aceituna al sentir la palabra gallina dirigida hacia su persona y costó mucho tiempo y quince litros de disolvente despegarle de sus ideas homicidas. Así vivían los hombres prehistóricos y, como se aprecia en las noticias de más arriba, no hemos cambiado nada salvo los que nos quedamos calvos. Seria una falta de ortografía eludir los consejos del sabio Aristóteles y, por tanto, me voy a tomar un caldo de gallina a su salud, y a la mía, aunque no se lo merezca.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4252

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