lunes 19 de noviembre de 2007
Rajoy, poco ruido y menos nueces
Manuel Martín Ferrand
En la parte II, la mejor y más enjundiosa, de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha —capítulo XLII—, Sancho platica con su amo mientras se dispone a gobernar su ínsula y le dice: “Yo imagino que es bueno mandar, aunque sea a un hato de ganado”. Sospecho que así piensan, en su intimidad, todos los políticos que integran el muestrario del poder, democrático o totalitario, y que su grandeza consiste en disimularlo, en vestirse con los ropajes de servicio a la sociedad y el bien común.
El PP acaba de celebrar una Conferencia Política —no un Congreso ni una Convención, como debieran— en la que, salvando las distancias que nos separan de los tiempos de don Miguel de Cervantes, el espíritu dominante ha sido el de Sancho Panza a las puertas de Barataria. Lo importante es mandar. Sin esa ambición, debemos admitirlo, no funcionaría la máquina democrática; pero solo con ella, sin mayores pretensiones de grandeza, el equipo que lidera Mariano Rajoy no se diferencia en mucho del de José Luis Rodríguez Zapatero. Entre Ángel Acebes y José Blanco no hay tantas diferencias...
Lo más notable de la Conferencia Política del PP son sus ausencias. Mal asunto es ése cuando de lo que se trata es de conquistar el futuro. El entorno de Rajoy —Rajoy, parece, se limita a levitar— ha cerrado filas para defender su presencia y su exclusiva, el control del único partido que puede disputarle al PSOE el Gobierno del Reino de España. Es decir, la ilusión sugestiva con la que el PP aspira a la victoria el próximo 9 de marzo presenta la misma cabecera de cartel que sufrió la derrota del 14M. Verdaderamente, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Ya no es la poesía, como fue, el más triste de los pesares. Ahora ocupa su función la contumacia y —¡voto a Bríos!, que no sé quién es— muy pocos, en todo el mundo, podrían disputarle al trío Rajoy-Acebes-Zaplana su capacidad para permanecer inmutables y persistentes en el error. A partir de ahí, de la exclusión voluntaria o forzosa, que poco importa, de los nombres que, de Rodrigo Rato a Manuel Pizarro, podrían estimular el ánimo de los electores, con un mayor protagonismo de los “grandes” —Alberto Ruiz-Gallardón, Rita Barberá, Teófila Martínez...—, el PP cierra filas en la perezosa mediocridad de sus nombres más acostumbrados en los que el talento constituye notoria excepción. Ni tan siquiera José María Aznar, la “legitimidad” del liderazgo de Rajoy, estuvo presente en la hueca Conferencia con la que el partido toma carrerilla para llegar a la meta en las próximas legislativas.
A tan poco ruido le acompaña la escasez en las nueces. Lo que la conferencia anticipó sobre el programa electoral del PP no defraudó, que nadie podría esperar más de Juan Costa; pero subraya la falta de ideas y proyectos, de imaginación y empuje, que desertizan la calle Génova de Madrid. Incluso la reducción de la fiscalidad que anunció Rajoy es escasa y, aunque sea bienvenida, resulta corta si se atiende lo que ya barruntan y proyectan, en nuestro entorno continental, los partidos equivalentes al PP.
Rajoy cerró la Conferencia del PP con un sermón como los que enjaretan los párrocos en las misas tempranas. Arrancan del supuesto de que cuantos acuden a ellas son gente piadosa y convencida y se limitan a repasar la doctrina más acostumbrada. Supongo que eso será suficiente para quienes, muy a la española, estén dispuestos a votar a “su” partido aunque sea un chimpancé quien encabece la lista electoral correspondiente; pero, solo con eso, el hoy monopolista de la oposición no ganará las elecciones. Como le decía Matías Colsada a sus vedettes, hay que enseñar más pierna para llegar a las cien representaciones. Estos chicos del Partido Popular ni tan siquiera han aliviado el luto que mantienen desde su última y bien trabajada derrota y si enseñan algo es el refajo. Zapatero se lo agradecerá.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=19/11/2007&name=ferrand
lunes, noviembre 19, 2007
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