martes 13 de noviembre de 2007
El Gobierno rehúye el problema
EL Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero empieza a resentirse del grave incidente diplomático provocado por Hugo Chávez y, por eso, ha decidido aplicar el método de negar el problema para no enfrentarse a él. Sin embargo, el autócrata venezolano ha preferido aguar nuevamente las expectativas del Gobierno socialista porque no sólo se ha ratificado en sus insultos al ex presidente José María Aznar, sino que también ha implicado a Su Majestad el Rey en el intento de golpe de Estado que tuvo lugar en Venezuela en 2002. Por tanto, Rodríguez Zapatero no puede eludir la obligación que le incumbe de dar contenido político y diplomático a la enérgica defensa que hizo Don Juan Carlos de la dignidad nacional, en su condición de máximo representante del Estado español. Ni el prestigio mundial del Rey ni la defensa de la figura política de Aznar pueden ser utilizadas como excusas para dar por zanjado lo que constituye una grave crisis diplomática con Venezuela, que debe ser abordada con los recursos legítimos que están a disposición de un Gobierno democrático como el español. Ayer, el Partido Popular pidió al Ejecutivo socialista una reacción basada en medidas que pueden considerarse de manual básico de la diplomacia, como la llamada a consultas del embajador español en Venezuela, pero el Gobierno se precipitó a rechazar tal iniciativa. Insultar a España y atacar la figura del Jefe del Estado no puede quedar impune, aunque estos desafueros los cometa quien pasa por ser el interlocutor privilegiado de Zapatero en Iberoamérica. «Encapsular» el conflicto, o no hacer nada, que es lo que defienden el PSOE y el Gobierno, equivale a claudicar ante la embestida de un demagogo populista, y así no sólo no se recomponen relaciones, sino que éstas se arruinan porque quedan despojadas del respeto recíproco y de la dignidad mínima que un Estado como España debe exigir a cualquier otro Estado.
Bien está que Zapatero defendiera la figura de Aznar, pero no tiene sentido mitificar esta actuación del presidente del Gobierno porque ni lo que provocó Chávez fue un asunto personal ni lo que está en juego es el prestigio de Aznar, a quien, por cierto, la izquierda española no se ha recatado en llamar genocida y asesino allí donde ha podido hacerlo, con la aportación del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que lo acusó de apoyar el golpe de Estado contra el presidente venezolano en 2002.
La responsabilidad del Gobierno no se agotó con la morosa y plana recriminación de Zapatero a Chávez, aunque haya sido rentable para el jefe del Ejecutivo español para su imagen -sublimada por la propaganda de La Moncloa- como hombre de talante y generoso con el adversario. El presidente de Venezuela actuó premeditadamente y su voluntad de crispar y reventar la cumbre ya era conocida por las delegaciones iberoamericanas presentes en Santiago de Chile. Hay una clara estrategia del populismo izquierdista de la región en convertir a España en chivo expiatorio de los males de sus pueblos y en coartada para acosar a las empresas españolas. La situación no admite ahora paños calientes, porque todos los que se han aplicado a estos voceros bolivarianos han sido un fracaso. El Gobierno tiene que enfrentarse decididamente al presidente venezolano y restaurar, si sabe y quiere, el prestigio internacional de España. Claro es que para conseguir este objetivo España necesita lo que no tiene: aliados fiables y con peso específico. Probablemente esta carencia de apoyos explique la pasividad exasperante del Gobierno español, pues una campaña diplomática de respuesta a las ofensas de Chávez requiere respaldos decididos en Iberoamérica, en Washington y en Europa.
La diplomacia española, bajo la dirección del Gobierno socialista, ha desahuciado los intereses españoles en las regiones estratégicas para nuestro país. Lo ha hecho asignando a España prioridades propias de países tercermundistas no alineados, cultivando la amistad de líderes tan peligrosos como marginados de los grandes foros internacionales y degradando el horizonte internacional de nuestro país en apuestas tan vanas como la Alianza de Civilizaciones. La cosecha de estos fracasos diplomáticos se ha hecho visiblemente dramática desde que un demagogo lenguaraz, como Chávez, se atreviera a insultar a España y al Rey sin que el Gobierno le haya impuesto la más mínima sanción diplomática.
http://www.abc.es/20071113/opinion-editorial/gobierno-rehuye-problema_200711130249.html
martes, noviembre 13, 2007
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