sabado 17 de noviembre de 2007
De oposición a alternativa
El PP debe dar ya el impulso y presentarse como opción real y fi able para gobernar
El riesgo mayor que corrió la
sociedad española tras el traumático
11 de marzo de 2004
fue que, como efecto de su inesperada
derrota, el PP se precipitara
en el abismo del desánimo, cundieran
las luchas intestinas y se desmantelara
de la noche a la mañana el partido que
durante ocho años había gobernado
España con gran acierto y mejores resultados.
De haberse cumplido aquellos
negros temores, el ciudadano se
habría quedado inerme ante el poder,
y la frustración se había adueñado de
diez millones de votantes. Por fortuna,
y gracias a la inteligente dirección de
Rajoy y a la labor insobornable de su
equipo, el PP ha salvaguardado su unidad
y ha superado las muchas trampas
que le han tendido el PSOE y sus socios
radicales.
Es notorio que mediante métodos
antidemocráticos que jamás se habían
utilizado desde 1978, los dirigentes socialistas
maniobraron para arrojar a la
oposición a la cuneta política, hasta
el punto de fi rmar un pacto con los
nacionalistas y los independentistas
mediante el cual se comprometían a
no pactar con ella ni una sola ley. No
satisfechos con ello, el Gobierno y sus
palmeros han intentado manipular la
fi gura de Aznar para sembrar la división
interna e incluso han azuzado a
medios tradicionalmente próximos
al PP para esparcir la discordia. Sin
embargo, el partido de Rajoy ha sabido
zafarse de ese «cordón sanitario» y
consolidar su imagen de alternativa de
gobierno. La conferencia política que
celebra este fi n de semana en Madrid
confi rma, precisamente, el excelente
momento de forma con el que llega la
oposición a las elecciones de marzo.
En este último tramo de legislatura,
sin embargo, al ciudadano no le basta
con que el PP haya fortalecido su
unidad y exhiba la fuerte musculatura
desarrollada en cuatro años de dura
oposición. Es necesario ya que los
dirigentes populares concreten las
propuestas de gobierno. El marco general
ya ha sido expuesto por Rajoy en
diversas ocasiones, la última con motivo
de su designación como candidato
a la presidencia del Gobierno. Las línes
generales apuntan a la recuperación
del consenso constitucional, que Zapatero
ha dinamitado para satisfacer a
los nacionalistas, y al fortalecimiento
económico y social ante los retos de la
globalización. En las intervenciones de
ayer apenas si se concretaron algunas
propuestas, como la promulgación de
una ley que garantice la igualdad efectiva
de todos los españoles, sea cual
sea la comunidad autónoma a la que
pertenezcan; y se aludió a una reforma
de la Constitución para blindarla, prescisamente,
frente a quienes pretenden
desfi gurarla. Es de esperar que al término
de esta conferencia política, los
dirgentes del PP sean más precisos en
sus proyectos.
Los ciudadanos son conscientes de
los errores cometidos por Zapatero, su
desastrosa política exterior, su fracasada
gestión ferroviaria, sus leyes radicales
que han provocado la división
social, su iniciativa estatutaria que ha
enfrentado a los españoles, su nefasta
negociación con los terroristas, sus
choques con la Iglesia y la comunidad
educativa, etc. El Gobierno se hizo cargo
de un país sin crispación que tiraba
de la economía europea y cuatro años
después lo ha convertido en un campo
de batalla cainita y asustado. El PP ha
cumplido con acierto su obligación
como fi scalizador. Pero llega ya la hora
de que exponga, razonadamente, con
fi abilidad y sin demagogia, qué proyectos
concretos tiene para el país. Como
oposición, los populares se han ganado
el aplauso del ciudadano; ahora tienen
que ganarse su voto.
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sábado, noviembre 17, 2007
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