martes, noviembre 13, 2007

Daniel Martin, Los ejercitos de la noche

martes 13 de noviembre de 2007
Los ejércitos de la noche
Daniel Martín
El recientemente fallecido Norman Mailer escribió en una ocasión que “la cultura merece que corramos enormes riesgos; sin cultura todos somos bestias totalitarias”. Este periodista y escritor, polémico por vocación e incorrecto por naturaleza, fue un azote del sistema norteamericano durante la segunda mitad del siglo XX. Criticó con dureza los vicios de su país natal, Estados Unidos, e intentó, sin éxito, convertirse en un escritor de primera fila. Sus mejores novelas, Los desnudos y los muertos y Los tipos duros no bailan, retratan bien una sociedad y una época pero, en mi opinión, fracasan a la hora de crear personajes memorables.
Así, narrador excepcional y observador privilegiado, donde realmente destacó fue en la crónica periodística. Su obra maestra, sin duda, fue la que da título a este artículo: Los ejércitos de la noche, un reportaje narrativo sobre la marcha contra la guerra del Vietnam realizada en Washington en 1967. Como él mismo decía en sus últimos años de vida, el periodismo está decayendo porque ya no hay personas capaces de retratar la realidad con fidelidad. Los ejércitos de la noche muestra la época aludida de manera más lúcida y reveladora que cualquiera de los vídeos que han llegado hasta nosotros. En ese sentido, Mailer demostró que más valen mil palabras que una imagen fragmentada en cientos de fotogramas.
Mailer, sobre todo, fue un hombre auténtico, lleno de defectos, pero que siempre siguió una misma línea de pensamiento, quizás discutible, pero en cualquier cosa coherente. Y así, con frases, cuentos, artículos, novelas, ensayos, fue denunciando los principales vicios de Estados Unidos que, por contagio o dependencia, también afectan al resto de Occidente. Mailer criticó duramente la democracia estadounidense porque estaba “maleducando” a sus jóvenes que, poco a poco, iban perdiendo la calidad de ciudadanos.
“Cada día que pasa unas pocas mentiras más alimentan la semilla de la que nacemos; pequeñas mentiras institucionales impresas en los periódicos, las conmovedoras ondas televisivas y las triquiñuelas sentimentales del cine”. Como Mailer intuía, el siglo XXI es el siglo de lo virtual. Ahora continuamos naciendo, pero en un mundo lleno de incertidumbres: la verdad, cada día que pasa, es menos reconocible, menos definida, más tergiversable, más opinable. Así hasta un punto en que, bombardeados por la infinitud informativa, rara vez sabemos a qué podemos atenernos.
Por eso quizás en España hemos conseguido equiparar a Hugo Chávez o Daniel Ortega con cualquier presidente estadounidense, por malo que sea. Por eso quizás en España hemos llegado a pensar que Stalin era mejor que Hitler o que los fusilamientos de Paracuellos estaban más justificados que los de la represión franquista.
En cualquier caso, todo eso resulta anecdótico cuando nos ponemos a mirar el presente. En este clima de mentirijillas y crecientemente acultural la sociedad se está desintegrando. Desde la propia familia, cada vez menos sólida, hasta el Estado, perdido en varios taifas famélicos de poder, pasando por todos los estratos sociales, España, como la mayoría de los países de nuestro entorno, se está convirtiendo en un conglomerado informe y caótico de individualidades amorales que, como decía Mailer, parecen más bestias que humanas.
Este fin de semana hemos asistido a otro suceso-síntoma que revela nuestra realidad. Un skin asesinó de una puñalada a un militante de la extrema izquierda, aunque no ha quedado claro si era un red-skin o un sharpero. Junto a estos, que sólo se diferencian entre ellos por los colores de los cordones de sus botas Dr Martens, los Latin Kings y los Ñetas nos muestran el otro lado del cristal, el de un mundo globalizado donde muchos recién llegados, como los propios nativos anteriormente citados, encuentran el sentimiento de pertenencia únicamente en bandas que rezan a la violencia y necesitan al enemigo para darle un sentido a su existencia.
Mailer retrató magistralmente a sus ejércitos de la noche. Hoy en día, con la absurda idea de que esto también pasaba en los tiempos pasados, asistimos impertérritos a la generalización cada vez mayor de una juventud perdida, violenta, bestial y totalitaria que, sin saber nada, se une a lo primero que pilla para encontrar la naturaleza social que su propia sociedad se muestra incapaz de darle. El sistema educativo, la red audiovisual, la pérdida de la capacidad de análisis y reflexión por parte de los nuevos cerebros, las mentiras que todo lo pueblan y la ausencia de cultura van naciendo una sociedad podrida en su mismísima esencia. Lástima que Norman Mailer perdiera tanto tiempo en cruzadas inútiles y absurdas. Precisamente una cosa que necesita el siglo XXI son cronistas de su talla.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=13/11/2007&name=martin

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