martes, noviembre 13, 2007

Cuando ZP se atrevió a fichar al Rey para su...

martes 13 de noviembre de 2007
Cuando Zapatero se atrevió a fichar al Rey para su campaña electoral
Antonio Martín Beaumont (Elsemanaldigital.com)

S EMANA de Exteriores. O casi. Las visitas de los Reyes a Ceuta y Melilla del lunes y martes pasado se convirtieron en un nuevo conflicto con "el amigo del sur". ¿A qué ha venido precisamente ahora el viaje que tanto ha indignado a Marruecos? Treinta y dos años sin que Don Juan Carlos y Doña Sofía pisen nuestras ciudades autónomas y ¿a cuatro meses de las elecciones llegan las prisas? Buen alarde de españolismo popular para saldar la legislatura menos patriota desde 1977. En fin, bienvenido sea. Ello pese a que por La Zarzuela -me dicen quienes conocen bien las cosas de Palacio- el pensamiento íntimo que reina no está alejado de que Ceuta y Melilla son fruta madura que un día caerá en manos de Mohamed VI. Y tampoco –me lo temo- el Gobierno Zapatero debe ser ajeno a la idea, aunque ahora lo prioritario –para la diplomacia de Madrid y Rabat- sea quitarse de en medio la "patata caliente" del Sahara. Ver a Miguel Ángel Moratinos con "El Lebrijano" en la ciudad marroquí de Essauira mientras Marruecos retiraba su embajador de España, es cimbreante. De ahí lo extravagante que resulta el programa de campaña ideado por La Moncloa para Sus Majestades por "las plazas de la vanguardia española". Si bien la foto que se buscaba no pudo salir más nítida: miles y miles de banderas españolas en un momento en que sus adversarios políticos le acusan de finiquitar España. Del mismo modo me sorprende, aunque lo entienda, que nadie en el PP haya alzado la voz para criticar al Gobierno por la utilización del Rey. Porque los Reyes son símbolos: para unos, como el himno nacional o la bandera roja y gualda; para otros, los menos solemnes, como la tortilla de patata, el toro de Osborne o El Corte Inglés. Y –por símbolos- son de todos los españoles. Pero con una diferencia no menor: si la bandera cualquiera puede ponérsela al hombro y moverla a su gusto y la tortilla se come en cualquier lugar a un precio razonable, a los Reyes, sin embargo, por mandato constitucional, sólo el Gobierno dice dónde, cómo y quiénes pueden festejarlos. Precampaña electoral. Nada ya queda fuera de ella. Por supuesto. Miremos si no el último rifirrafe en Santiago de Chile. ¡En medio de menuda trifulca de familia ideológica ha colocado el Gobierno al Rey! Aunque aquí no pase nada por nada. Más pintoresco es que el presidente utilice el desplazamiento a la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, un viaje institucional, de Estado, para "calzarse", a renglón seguido, aprovechando el salto del Atlántico, dos mítines organizados por el PSOE en Argentina y Uruguay en busca del voto español en América. Se juega con fuego. Porque si la mujer del César debe ser honrada y parecerlo, el César todavía más. La separación entre el Estado y los intereses de los partidos -imprescindible que esté bien definida en una democracia seria como es España- no parece que Zapatero la entienda. O quizá le salga más a cuenta no entenderla.

http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp

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