martes, noviembre 06, 2007

Antonio Garcia Barbeito, Las hijas distantes

martes 6 de noviembre de 2007
Las hijas distantes
ANTONIO GARCÍA BARBEITO
En las tribus donde las familias humildes tenían muchos hijos, no era extraño que algún familiar que viviera fuera de allí y no tuviera hijos, se hiciera cargo de algún pequeño. Así recuerdo a Alfonso, un chiquillo que un verano se quedó a la orilla del juego mirándonos, extraño y callado. Uno de los chiquillos preguntó quién era, y nadie supo responder. En casa nos contaron la historia. Alfonso era el séptimo hijo de una familia pobre de la tribu, y una hermana de su madre que vivía en un pueblo lejos de allí, casada y sin hijos, se ofreció a criarlo. Nunca supe si el niño se crió considerando que tenía dos madres... o ninguna. En su casa natal, cuando iba de visita una vez al año, era casi un extraño para sus hermanos. Cuando se casó, Alfonso no sabía si darle el sitio principal a sus padres biológicos o a su tía y el marido, y cuando tuvo hijos, al mirarlos, nunca supo bien por qué a él le obligaron a una orfandad de padres vivos, y dicen que abrazaba a sus hijos como si abrazara a un chiquillo desamparado, como si se abrazara él mismo. El día que volvió a la tribu al entierro de su madre, Alfonso sintió culpa de no sentir ganas de llorar.
Ceuta y Melilla son dos niñas españolas «criadas» en África, dos hijas distantes que no reciben visitas de máxima importancia, que se duermen todas las noches sin sentir la cercanía de la madre, por más que se sientan españolas, lo sean en derecho y figuren en el «libro de familia» de España. Tienen mérito los españoles de Ceuta y Melilla, al sentirse tan nuestros. Llevan muchos años esperando que alguien de «su casa» las visite, se acerque a compartir su tiempo y sus inquietudes. Y por eso, cuando anuncian visitas oficiales, Marruecos las siente suyas y pretende evitar el roce con sus padres, a ver si las niñas se deciden por lo cercano, más que por lo legítimo. Quizá esto se solucionaba frecuentándolas más, no dejándolas tan huérfanas de visitas, tan lejanas de calor patrio. No sea que un día, con tanta distancia, las niñas, Ceuta y Melilla, acaben por no saber a qué madre abrazar. Que en las ciudades, como en las personas, tanta mella hace el amor como el olvido.
gbarbeito@telefonica.net
http://www.abc.es/20071106/opinion-firmas/hijas-distantes_200711060301.html

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