viernes 12 de mayo de 2006
El problema de fondo: el clero
Ignacio San Miguel
Q UIZÁS no haya sido muy leída la Instrucción Pastoral que, con vigencia hasta el 2010, ha sido emitida por la última Asamblea de la Conferencia Episcopal Española. Sin duda, es escaso el interés que despiertan los documentos eclesiales de orden interno. Sin embargo, se da el caso que el contenido de la citada Instrucción es significativo en grado notable. Y no porque lo expresado sea realmente nuevo, sino porque nunca se ha hablado tan claramente ni con tanta contundencia. Y es que se parte de la base de que el problema de fondo de la decadencia de la religión no está en el exterior, en la sociedad, sino en la secularización interna de la propia Iglesia. A partir de ahí, se van desgranando toda la larga lista de errores que de forma expresa o tácita han ido propagándose extraordinariamente por todo el cuerpo eclesial. La negación de la naturaleza divina de Cristo, y, por tanto, de la Encarnación; la omisión del pecado original en la enseñanza, o su negación; la no necesidad, por tanto, de una Redención; la negación de la verdad histórica de la Resurreción de Cristo; la no virginidad de María; la no existencia del Infierno ni de la condenación; la no necesidad del celibato en los sacerdotes y la conveniencia de la ordenación femenina, etc., etc.; todos estos errores son aludidos en la Instrucción, rechazándolos taxativamente y reafirmando la enseñanza tradicional de manera inequívoca. Es muy acertada esta actitud, pues ¿qué sentido tiene lamentarse desde ámbitos eclesiásticos de la falta de fe de “la gente”, cuando esta falta de fe ha sido contagiada por los propios sacerdotes? Se reafirma la necesidad de transmitir íntegra la fe, sin mutilaciones. Se ha observado que allí donde se hace así, aumenta el número de vocaciones sacerdotales. Y es que los experimentos pseudoprogresistas no han servido para nada. Se puede aportar como muestra la diócesis de Guipúzcoa, cuyo Seminario contaba con más de quinientos seminaristas a principio de los años setenta, y ahora sólo tiene a once. Y, poco más o menos, es lo que ha ocurrido en todos los Seminarios. Respecto de la moral, la Instrucción reitera también la vigencia de la tradición, y concretamente en materias sexuales condena todo acto fuera del matrimonio, incluyendo expresamente los actos homosexuales. Proclama como definitivo el sacerdocio exclusivo de los varones, “doctrina propuesta infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal.” No resulta exenta de base la suposición de que esta postura clara y firme de los obispos, que no es nueva, pero nunca expresada tan firmemente, esté empujada por una necesidad urgente de claridad doctrinal percibida en Roma. Si la presión se mantiene, como es de esperar, la mayoría de las parroquias tendrán que cambiar su mensaje. Ha llegado la hora de que sacerdotes que se presentan como católicos impartan doctrina católica y que no se inventen un Concilio Vaticano II que nunca existió. El Concilio debe ser interpretado con el criterio de la Tradición y no del pseudoprogresismo. Si este documento ilustra sobre la situación de la Iglesia católica en España, hay otras noticias que nos informan de circunstancias religiosas parecidas, concretamente en el Reino Unido. Christie Davies, profesor emérito de sociología en la Universidad de Reading, manifiesta que a finales del siglo XIX Inglaterra vivía en una cultura en la que el cristianismo se consideraba como algo garantizado. Pero, después de la II Guerra Mundial, desde los comienzos de la postguerra, la moralidad de la nación sufrió un colapso y el Reino Unido vió cómo se extendían costumbres sexuales ilegítimas, abuso de drogas, crímenes y toda suerte de conductas que antes fueron consideradas como pecaminosas. En el año 2000 el arzobispo Anglicano de Canterbury, Dr. George Carey, también resaltó el declive moral de los británicos: “Un ateísmo tácito prevalece. La muerte es contemplada como el fin radical de la vida. Nuestra concentración en el aquí-y-ahora nos lleva a considerar irrelevante un pensamiento de eternidad.” Un año más tarde, el Cardenal Cormac Murphy-O’Connor, arzobispo de Westminster, líder espiritual de los católicos británicos, se expresaba en parecidos términos, remarcando la tendencia de los británicos a la New Age y creencias ocultas, así como a encontrar momentánea felicidad en alcohol, drogas, pornografía, sexo y consumismo. ¿Cómo ocurrió tal catástrofe espiritual? Davies hace un comentario muy significativo. El secularismo, al que se acostumbra a considerar como causa de la descristianización, puede que, en realidad, sea un resultado y no la causa. Al objeto de investigar en estas cuestiones, la interconfesional Ecumenical Research Committe (ERC) efectuó una encuesta durante un año entre personas practicantes de todas las confesiones cristianas. Más de 14.000 personas contestaron al cuestionario. El fallo del clero en transmitir la fe fue la constante de todas las respuestas. Por ejemplo, muchos de los que respondieron se quejaron de que sus pastores mostraban ellos mismos tener dificultad en creer en el cristianismo. Dijo un practicante: “A menudo, los clérigos hacen poco para convencernos de que Dios existe, dejando difuminadas las razones lógicas de nuestra creencia en el nacimiento de una Virgen y la Resurrección de Cristo.” Además, la encuesta dice que muchos practicantes se quejan de los “servicios religiosos de baja calidad”, con clérigos obrando por pura fórmula, leyendo a gran velocidad el sermón, o predicando con una voz inaudible, o sin ninguna “real convicción o sinceridad.” Una pareja de edad mediana dijo: “Nosotros acostumbrábamos a ir a la iglesia esperando muy poco, y salíamos sin nada. Ahora esto ha cambiado a no esperar nada y salir con menos que nada… Lo que nosotros necesitamos son servicios realizados con convicción y pasión por Cristo.” El informe apunta que “hay un hambre espiritual de los fieles por un entendimiento más grande en una amplia serie de asuntos” y piensan que esta necesidad debería ser satisfecha, al menos en gran medida, durante los sermones. Pero no lo consiguen. Una y otra vez, los consultados se quejaban de que sólo recibían “lugares comunes” “sermones de carácter político y social” o “materias de escaso significado espiritual.” Hay un real deseo, expresado por las respuestas al cuestionario, de una enseñanza con mayor énfasis “sobre la naturaleza de la santidad de Dios y de las implicaciones que esto tiene para los seres humanos.” Pero muchos dicen que este mensaje ha sido olvidado en la Iglesia desde hace décadas, habiendo sido reemplazado por una unilateral proclamación de que Dios es “amoroso y nada más.” Aproximadamente el 75 por ciento de los consultados, consideraban que la falta de una vibrante llamada a la santidad era la mejor explicación de la declinación de la influencia del cristianismo en el Reino Unido. “Muchos que acostumbraban a acudir a la iglesia, están ahora llenos de apatía”, resume el informe, “No ven real interés en acudir, pues el mensaje que se les está dando es que Dios les ama en cualquiera de los casos, con independencia de que acudan o no a la iglesia, o cambien sus vidas, así que ¿por qué preocuparse?” Esta fue una de las lamentaciones más acusadas de los cristianos que respondieron al cuestionario. El pueblo “está pidiendo a las iglesias que defiendan robustamente los valores morales, con convicción y valentía, y que cesen de ser silenciosas o tibias ante el colapso moral del Reino Unido”, dice el informe. La falta de una valiente declaración de la fe cristiana y una vigorosa defensa de las verdades cristianas, parecen haber ocasionado mucho desaliento entre los cristianos que permanecen fieles a su fe. Si las iglesias comenzasen a defender estos valores cristianos, el efecto sería profundo, galvanizando y estimulando a millones del decente pueblo ordinario. Se observa, pues, un evidente paralelismo entre la situación religiosa de España y el Reino Unido, del catolicismo y el protestantismo. Y estas dos naciones pueden considerarse representativas de la mayoría de las naciones de Europa en esta cuestión. El derrumbe del cristianismo es el componente más importante de la decadencia de Occidente. La responsabilidad del clero resulta evidente si consideramos estos informes y documentos, pues muestran que no se han opuesto a este derrumbe, sino que han cooperado al mismo. Han sido su causa, en realidad. Las Iglesias no han sido víctimas de la secularización, sino que han estimulado la misma, con excepción, claro está, de una minoría jerárquica. De esta jerarquía deben partir las órdenes enérgicas que estimulen la necesaria regeneración del clero, se causen los conflictos que se causen. No existe otra solución.
jueves, mayo 11, 2006
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