miércoles, mayo 31, 2006

Hoy hace 100 años, El cable de un tranvia salvó a los Borbones

Hoy hace 100 años: EL CABLE DE UN TRANVÍA SALVÓ A LOS BORBONES
Alfredo Amestoy

A Mateo Morral se le debe llamar protagonista o como mucho autor material, porque, cien años después, la autoría y la responsabilidad, incluso en magnicidios más recientes, como el del Almirante Carrero Blanco, continúan siendo ecuaciones con varias incógnitas. El intento de asesinato del Rey Alfonso XIII, y de su ya esposa doña Victoria Eugenia, a su vuelta a Palacio, tras la boda celebrada en la Iglesia de los Jerónimos en la mañana del día 3l de mayo de l906, mediante una bomba escondida en un ramo de flores, arrojado desde el cuarto piso del número 88, de la calle Mayor de Madrid, por donde tenía que pasar el Cortejo, se habría tramado en Barcelona, se financiaba con dinero que venía de Barcelona y sería perpetrado por un anarquista catalán que, aparentemente, iba a actuar en solitario. Esta es la versión “aceptada” del atentado en el que Sus Majestades salieron ilesos, pero que costó la vida a dos docenas de personas- o treinta o cuarenta, según algunos – y se contaron más de cien heridos. El siglo transcurrido desde aquel día que ahora evocamos no ha aportado nuevos datos o pruebas que rectifiquen el relato de los hechos que se publicaron entonces. Tampoco ha confirmado ciertas sospechas que quedaron en el aire y que luego recordaremos, porque no dejan de ser reveladoras. En Madrid, dos artistas que habían sido contratadas con ocasión de la Boda real, acaparaban la atención de todos: la bailarina “oriental” Mata- Hari que luego se haría mundialmente famosa como espía, y Anita Delgado, de quien se enamoraría en aquellos días, hasta convertirla en su esposa, un importante invitado a la ceremonia, el Maharajá de Kapurtala. En Barcelona se multiplicaban los atentados anarquistas, Eugenio d´Ors iniciaba su “Glossari”, se comentaban las consecuencias de la represión que había seguido al motín a bordo del acorazado Potemkin y Cambó, un joven de veintiseis años– la misma edad de Morral-, insistía en que “ los regionalistas catalanes pedimos todas las autonomías de los organismos naturales de la región, del municipio y de la familia”. Mateo Morral, hijo de rico industrial de Sabadell, que habla tres idiomas porque no ha cesado de viajar por Europa, se confiesa anarquista, y, como poco después haría Salvador Dalí con el suyo, rompe con su padre al que declara su repulsa y se va de casa después de liquidar su parte, diez mil pesetas ( que hoy equivaldrían a treinta mil euros). Este dato aclara por qué Mateo Morral viaja a Madrid con una gran maleta inglesa de lujo; abandona en la habitación de la pensión un gabán de entretiempo con tela y forros de excelente calidad, valorado en 300 pesetas (mil euros), y cuando adelanta 14 días de hospedaje ( a 25 pesetas diarias) muestra un fajo de billetes grandes y paga con uno de 500 pesetas (mil quinientos euros). Es decir, el joven Morral no necesitaba que Juan Ferrer Guardia, fundador de la Escuela Moderna, de Barcelona, auténtico “vivero de anarquistas”, le facilite dinero para realizar el atentado. Además, ya tenía asumida y decidida una idea fija. ”Hay que matar a Alfonso XIII”. Se desmiente así que Ferrer diera dinero a Morral, a pesar de disponer- como se descubrió cuando le detuvieron-, de una cuenta corriente de trescientas cincuenta mil pesetas, más de un millón de euros. Cantidad astronómica para un profesor que tenía una escuela deficitaria. Se investigó, pero nunca se supo de donde procedía tanto dinero. No extrañe pues la pregunta sobre cómo Ferrer podía subvencionar la actividad editorial de Nakens en Madrid y pedirle que ayudara a Morral después del atentado. Porque Nakens, y lo recuerda el Profesor Reverte Coma, había conocido a Ferrer en París entre l901 y 1902 y, aunque el anarquista no comulgaba del todo con las ideas republicanas del periodista, le encargó la edición de dos manuscritos para su biblioteca subversiva que le envió a Madrid, y estableció una relación que le permitió confiar en él cuando el día 25 de mayo le pone una carta con un talón de mil pesetas. Sólo después del atentado, y al aparecer Morral en la redacción pidiendo refugio, es cuando Nakens comprendió “a santo de qué venía aquel dinero”. LA DIFÍCIL BÚSQUEDA DE UN ESCONDRIJO PARA MORRAL FUERA o no Ferrer inspirador del atentado– que lo era y así lo consideró el juez cuando le condenó junto con Nakens a presidio mayor, siendo ambos indultados a los dos años por el gobierno de Maura- lo cierto es que no se podía encontrar en Madrid a nadie mejor dispuesto para prestar ayuda a Morral después de cometer el magnicidio. Nakens, que según Baroja “se creía Harmodio y Aristogiton (los libertadores del pueblo griego contra los tiranos) en una pieza; era un tipo de fanático rígido y la casualidad le puso a prueba - ¡ y qué prueba horrible!-, ( Baroja se refiere sin duda al atentado de la calle Mayor) y de esa prueba salió hecho una piltrafa”. En el Madrid de l906 eran muchos los que sabían que, cuatro años antes, en el verano de l902, Angiolillo, un anarquista con menos posibles que Morral, había ido a ver a Kekens a la Redacción de “El Motín”, entonces en la Glorieta de Bilbao, para decirle que “se dirigía a San Sebastián donde iba a matar a la Reina Regente, a su hijo y al Presidente del Gobierno”. Le pidió dinero y le despachó con dos duros. A los pocos días Nakens veía pasar por la Glorieta de Bilbao el armón de artillería con el cadáver de Cánovas que había sido asesinado por Angiolillo en un balneario guipuzcoano. Ferrer recuerda la historia y le manda mil pesetas para que resuelva el refugio de Morral cuando, después de arrojar el ramo de flores con la bomba desde el balcón de su cuarto en la pensión, emprenda la huida sin saber todavía si han muerto o no los reyes, que, ilesos por milagro, llegan a Palacio a limpiarse la sangre de la matanza que les ha salpicado hasta dejar prácticamente teñido de rojo el traje blanco de la nueva reina de España. Morral llega a la redacción de “El Motín” y se cruza en la puerta con Nakens que se va a comer. “Acabo de tirar una bomba al Rey en la calle mayor. He leído lo de Angiolillo, el asesino de Canovas. ¿Me delatará usted?” Nakens le esconde en una habitación interior; manda al regente de la imprenta que compre un pan y unas lonchas de jamón ; y que, luego, se acerque a casa de Aquilino, su hombre de confianza, y le diga que venga. Según el profesor José Manuel Reverte y la versión que consta en el Museo de Antropología Medico-Forense Criminalística, Nakens, sin siquiera haberle preguntado su nombre al sujeto que se le ha presentado en casa, emprende con Aquilino la búsqueda de un refugio para Morral. Este dato sorprende tanto como el que debió figurar en el Sumario y que muestra a un Nakens que en este momento aún no se ha percatado de que la carta que le ha enviado Ferrer hace dos días tiene que ver con el atentado, así como el talón de mil pesetas “que no había querido hacer efectivo sin antes hablar con el anarquista catalán”. Increíble. Pero si esa actitud no es muy lógica, más desconcertante aún es la decisión de Nakens de no tratar de esconder al joven en algún lugar del centro de Madrid, que es donde conoce tantos recovecos y viven tantos correligionarios. Sorprendentemente se decide por un Madrid para él desconocido, el de los extrarradios. Nakens se dirige con Aquilino a los Cuatro Caminos, en busca de Ibarra, un viejo amigo que es ahora inspector de tranvías. No le encuentran y vuelven de nuevo a la Glorieta de Bilbao, quedando para más tarde en la taberna de Canuto, en la calle de Bravo Murillo. Acompañados ya de Morral localizan a Ibarra que escurre el bulto y les habla de un amigo suyo que vive en la “futura” Ciudad Lineal, entonces un pueblecito alejado de Madrid, y donde, posiblemente, todavía no había estado Nakens. Localizan una casita aislada y allí Ibarra pregunta por Vicente. Su mujer les dice que está entreteniéndose en la huerta. Vicente Daza era un viejo anarquista que había estado preso varias veces. Se muestra dispuesto a esconder en su casa al joven anarquista al que ya busca la policía, pero se vuelve atrás cuando le dicen que es el autor de un atentado contra el Rey en el que ha habido muchas víctimas. Daza les explica que es anarquista pero que no consiente que, en nombre de la justicia y de la fraternidad, se mate en la calle a criaturas inocentes… “No puede ser”, les dice. ¿UN SUICIDIO ANUNCIADO? NAKENS, se contraría, acusa sus sesenta y cinco años cumplidos y se ve abrumado por la responsabilidad que ha contraído. Pero no hay tiempo que perder. De pronto, se acuerda de un tal Mata, un hombre “echado p´alante”, ex sargento de caballería, republicano, que vivía en las Ventas del Espíritu Santo; otro lugar que, como Nakens, muchos madrileños no visitaron hasta que se inauguró, al otro lado del Arroyo del Abroñigal, el Cementerio del Este. Nakens está recorriendo los alrededores de Madrid y contemplando unos parajes suburbiales donde las obras se mezclan con las escombreras y los basureros y se respira una marginalidad distinta, pero tan miserable como la de la bohemia que prefiere pulular en el centro, alrededor de la Puerta del Sol. Mata aceptó albergar a Morral. Y Nakens y Aquilino volvieron a Madrid. A la mañana siguiente, Morral guarda en una bolsa – que abandonará a su paso por La Guindalera - la ropa elegante que traía de Barcelona y se pone un mono azul, que será su disfraz y su último vestido; unas alpargatas y una gorra de obrero. Echa andar y llega a un pueblo que no sabe cuál es. Le dicen que Ajalvir. Busca una posada, pero no tiene ni pan. Debe buscarlo en una panadería y, luego, en otra tienda un poco de jamón. Pregunta por dónde pasa el tren y donde hay una estación de ferrocarril. Y se dirige a Torrejón de Ardoz. De lo que ocurre a partir de este momento se enterará Nakens, como el resto de los españoles, a través de los periódicos que salgan a la calle en la mañana del día 3 de junio de l906. A las seis de la tarde del día 2 de junio, Morral llegó exhausto a un ventorro situado en Los Jaraices, término de San Fernando. Pide a la ventera que le haga una tortilla a la francesa con tres huevos… Despierta las sospechas de la mujer, que se lo dice a su marido. (No se aclaró cómo pudo ser tan perspicaz; más tarde, se conoció la verdad: se encontraba en la venta por casualidad alguien llegado de Madrid que fue el que sospechó de un hombre tan educado, vestido con mono y que hablaba con inequívoco acento catalán. Se trataba del señor Rodríguez Reyes que, al cabo del tiempo, se presentó a las elecciones municipales con los socialistas –republicanos, pero su nombre apareció tachado con una barra negra en los carteles electorales. Era la venganza de los libertarios madrileños que pensaban que si no hubiera sido por Rodríguez Reyes no se hubiese identificado, ni detenido, a Mateo Morral). El marido de la ventera, Jenaro, monta una mula y se dirige a Torrejón en busca de la Guardia Civil. Vuelve enseguida porque ha encontrado en el camino a Fructuoso Vega, guarda de Soto de Alborea, armado con una tercerola Remington. El, con un par de amigos, podrá conducir al sospechoso hasta Torrejón. Como Morral no se resiste y acepta acompañar al guarda jurado, Fructuoso dice no necesitar a nadie para llevar al detenido. No han caminado ni cincuenta metros cuando los de la venta, que han salido a la puerta para verles partir, contemplan cómo el sospechoso que iba delante, se ha dado la vuelta y ha disparado su pistola sobre el guarda que cae desplomado. Acto seguido ha dado unos pasos y, dirigiendo el arma al centro de su torax, ha apretado de nuevo el gatillo. Mateo Morral ha evitado así terminar en el garrote o en el paredón, que ese será el final de su maestro y amigo Ferrer Guardia, cuando dentro de tres años sea fusilado, el l3 de octubre de l909, por su implicación en los graves sucesos ocurridos durante la Semana Trágica de Barcelona. UN DETECTIVE LLAMADO PÍO BAROJA RECTIFICAMOS lo de “amigo”. Ferrer no es amigo sino rival de Morral, que se ha suicidado, como Larra, y quizás se prestó a cometer el horrible atentado de la calle Mayor, por culpa de una mujer. Desesperado al verse rechazado por una alumna de la Escuela a quien Ferrer había convertido en su amante. El último acto de Morral antes de subir a la pensión para arrojar la bomba, fue poner en el correo una carta con esta dirección: Srta. Doña. Soledad Villafranca. Paseo del Monte, 56. BARCELONA. Soledad era su amor imposible. El doctor Salillas, que conoció bien el Sumario, no comentó el contenido de esta carta. Como tampoco le dió importancia al hallazgo en la maleta del anarquista de unos trozos de percal rojo, azul y blanco…que Baroja sí advirtió “eran los colores de la bandera francesa y hacían suponer que el artefacto que había utilizado Morral había venido de Francia”. Añadiendo que alguien que había estado con Zuloaga en la calle Mayor- en la taberna de Ciriaco- después del atentado, había visto un trozo de la bomba y había dicho que “los bordes del aparato estaban soldados con soldadura autógena y eso no se hace bien, por ahora, como no sea en Londres o en París”. Pío Baroja mostró gran curiosidad por este atentado. No en vano era pariente del Aviraneta, el gran conspirador. Médico desde hacía diez años, la misma noche del día 2 en que llevan el cadáver de Morral al Hospital del Buen Seceso, Baroja quiere entrar a verle, pero no se lo permiten. El escritor quiere comprobar si se trata de la misma persona que ha visto varias veces en la cervecería de la calle de Alcalá. Baroja, con treinta y cuatro años, no es aún el escéptico resabiado y llega a apasionarse con el caso Morral. Es natural, ya que frecuenta en Madrid, aunque apenas valora, a Hamlet Gómez, autor del libro “Misterios del anarquismo”, y a Jaime Brossa, yerno de Ferrer. Uno de los flecos de la historia que más le preocupaban era la posibilidad de que hubiera sido el mismo Mateo Morral, y no Farrás, el anarquista que había atentado en París un año antes contra la vida de Alfonso XIII, sin lograr su propósito. Otra cuestión que le quitaba el sueño era la de la bandera francesa que había envuelto la bomba preparada en Francia para Morral y traída ¿por quién? Para Baroja el asunto no ofrecía dudas. Esta misión la había realizado don Nicolás Estévanez, un militar de prestigio de la Guerra de Cuba y que había llegado a ministro. Baroja no comprendía que un hombre inteligente y con un sentido claro de la vida hubiera podido intervenir en una cosa así. Según Baroja, “era un hombre honrado y buena persona, pero tenía la tendencia militar a la violencia que la había traspasado al revolucionarismo”. Había dos hechos que justificaban la hipótesis de su intervención en el suceso. Uno, que Estévanez había pasado por Barcelona diez días antes del atentado, camino de la Isla de Cuba; otro, el más importante, que “estando dos o tres años después en París, en una cervecería de la Avenida de Orleáns, Baroja, Estévanez y el periodista Javier Bueno, éste de manera impertinente le dijo al viejo Estévanez que él creía que había participado en el atentado de Morral. Al oirlo, Estévanez se puso muy rojo y después palideció”. Cuenta don Pío en sus memorias que, después de ésto, quedó convencido de que el militar había tenido una parte muy importante en el asunto. JAVIER BUENO, UN PERIODISTA “MUDO”. PÍO BAROJA quizás sabía más de lo que da a entender. ¿Por eso concedió crédito a las palabras de Javier Bueno? ¿Conocía ya en ese momento el escritor la filiación del joven periodista que, cuando se enfrenta a Estévanez en París, no tiene dieciocho años y acababa de cumplir los quince cuando Mateo Morral atenta contra los Reyes en la calle Mayor? Y… ¿Cuànta gente, qué gente, quièn sabía realmente en el Madrid de l906 que el viejo periodista José Nakens , en l890, cuando ya tenía 50 años, había dejado embarazada a una actriz de reparto, llegada de Granada y que se llamaba Soledad Bueno? Muy pocos. Menos aún que el niño que había dado a la luz Soledad y que Nakens no había reconocido, era Javier Bueno. Bueno tenía quince años cuando empezó a frecuentar a su progenitor. De tapadillo, ya que nadie le vió en la Redacción de “El Motín”. A lo mejor ni conocía entonces a su hermanastra, la hija de Nakens, ojo derecho de su padre, a cuya casa corrió al enterarse por Morral del atentado, para – a falta de teléfono- averiguar personalmente si le había ocurrido algo a ella, ya que le había comentado que iba a ir a la Calle Mayor a presenciar el paso del Cortejo. Que Nakens llevara esa paternidad en el mayor secreto no impidió que su hijo Javier, ya “Javier Bueno” en todos sus pinitos periodísticos, estuviera perfectamente informado de las actividades de su padre y, por supuesto, de todo lo relacionado con el atentado del 31 de mayo. Está claro que la información que había obtenido Javier de primera mano le permitíó siempre hacer callar a cualquiera que pretendiera contar cualquier versión del suceso. La discreción de Nakens en torno al atentado, tan exagerada que casi nos hace dudar del relato oficial recogido en el Sumario, y que nosotros hemos recreado aquí, fue virtud que heredó el hijo y que llegó a extremos insospechados. En primer lugar, esta discreción hace que en este momento sea ignorada por el noventa y nueve por ciento de los periodistas españoles y de los historiadores, la relación de Nakens con Javier Bueno. Javier Bueno ha seguido siendo un desconocido y, más de una vez, ha sido confundido con Manuel Bueno, periodista del otro bando, con el cual comparte Javier su condición de excelente periodista – ambos figurarían en la lista de “los diez mejores periodistas españoles del siglo XX-, y por su trágico final. Ambos fueron fusilados durante la Guerra Civil; uno por los rojos y otro por los nacionales. La preocupación por pasar inadvertido le llevó por ejemplo a Javier Bueno, a ocultar durante mucho tiempo en la cárcel de la calle Porlier su condición de periodista y ser tratado como uno más, cuando era un preso “distinguido”. Su comportamiento entre rejas, a la espera de la ejecución, fue tan exquisito y tan digno que a muchos recordó el de otro condenado excepcional, José Antonio Primo de Rivera, en la cárcel de Alicante. Curiosa coincidencia: Ambos, el “falangista” y el “rojo”, hablan con los curas de la prisión… en latín. José Antonio, para poder confesarse en alta voz. Javier, para poder discutir de religión con el capellán, sin que nadie se entere de sus dudas e incertidumbres. Curioso dato éste sobre el anticlerical y libertario, director de “Avance”, artífice y artificiero de todo el movimiento revolucionario en Asturias, que nos ha proporcionado el erudito periodista astur, Juan de Lillo, y que nos muestra un “rojo” y autodidacta, capaz de conversar en latín. El “autodidacta” Javier Bueno, fusilado en l939 y, caso rarísimo, indultado en l940, lo que refleja por un lado lo arbitrario de la sentencia y el favor y respeto que rodeó al hijo de Nakens en todos los ámbitos periodísticos, entre afines y entre adversarios políticos, fue como se sabe presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y uno de los premios que hoy concede esta Asociación lleva su nombre. AUN PUEDE FALTAR ALGUNA PIEZA DEL ROMPECABEZAS CUANDO José Nakens muere en l926, en plena dictadura de Primo Rivera, Javier Bueno ya es un acreditado periodista republicano, bien conocido en España y en Francia y que sigue la ideología de su padre pero sin las exaltaciones revolucionarias y el mesianismo que caracterizan a Nakens desde que, procedente de Sevilla, empieza a colaborar en Madrid en “El Jeremías”, donde firmaba “Un soldado”. Después pasó por “El Globo”, donde le pudo conocer Baroja, y fundó “El Motín”, donde durante casi cuarenta años, se hizo el periodismo más libertario y anticlerical. Republicano a ultranza, hay que admitir que fue el confidente político secreto de Pérez Galdós. Todo el mundo conocía esta cara ideológica de don Benito, pero todo el mundo fingía ignorarlo. Hasta Rubén Darío, que dirige “Mundial Magazine”, se hace el distraído cuando Javier Bueno le lleva para publicar una entrevista que, con sólo veintiún años, le ha hecho a Pérez Galdós. Estamos en el verano de l912, cuando por sus problemas en la vista pone fin a los Episodios y deja de escribir. Se trata de una entrevista magnífica que consagra a Bueno. Es en esa ocasión, a través de una pequeña anécdota, cuando se descubre lo bien que le estaba “introduciendo” Nakens a su hijo. ¿Quién lo iba a hacer mejor? Cuando alguien pretende hacer la presentación de Javier a don Benito, que ya está casi ciego, Galdós le dice… “No hace falta que me presente a Javier Bueno; ya sé quién es, y le he reconocido por la voz”. Si no me equivoco, creo que fue Cansinos- Assens – él no era tan discreto- quien reveló que el 26 de mayo de l912, Nakens había organizado una reunión “republicana” en casa de Galdós. Este dato descubre “cuándo” había conocido don Benito a Javier y, lo que es más importante, que Nakens le había llevado a reunión tan comprometida; posiblemente, sin que los asistentes supieran que aquel muchacho era su hijo. El papel de Nakens en el atentado de la calle Mayor es pieza importante en el rompecabezas del famoso suceso; la figura de Estévanez, a quien Javier Bueno desenmascara en París, en presencia de Pío Baroja, también merecería fuera investigado…Quizás hay muchas otras piezas que, a su vez, permitirían otros “descubrimientos”, tal y como ocurre con la paternidad de Nakens que explica la rica, desbordante y paradójica personalidad de Javier Bueno… El centenario que ahora se cumple del día en que un cable del tranvía de la calle Mayor impidió que la bomba de Mateo Morral cayera sobre la carroza de Alfonso XIII y Victoria Eugenia y murieran sin consumar su matrimonio los abuelos del Rey Juan Carlos I. ============================================ ========================================= LAS IDIOTECES DE UN CATALÁN PIRADO Félix Arbolí ACABO de leer la contraportada que trata de “Hablar español es de pobres”, de un descerebrado, despótico y mal educado (por no emplear el término que todos estáis pensando, ya que las madres no tienen culpa de la degeneración de sus hijos) y siento aún la repugnancia y las ganas de vomitar. ¿Cómo es posible que llegue a tales límites la aversión que nos tienen estos catalanes renegados?. ¿Hasta donde pretenden llegar para que España entera y muchos de sus paisanos, no de acuerdo con sus estupideces y ofensas, lleguen a odiarlos?. Después dicen que se sienten discriminados. Demasiado blandos y excesivamente civilizados somos para no mandar a hacer puñetas, así de claro, a todo lo que huela a catalanismo en cualquier rincón de la “pobre España”. ¡Y una mierda “mu gorda”, como dicen en mi pueblo andaluz de Chiclana para todos los catalanes de los cataplines que piensen como ese mentecato!. Si no fuera por la mano de obra andaluza y extremeña, mayormente, y las prebendas y favores industriales que les dio el gobierno de Franco, (que se lo pregunten también a las provincias vascongadas con lo del acero, astilleros, etc, etc), posteriormente el del “texano” Aznar (confesado por el propio y “Honorable Sr. Pujol”) y le sigue otorgando el “sonrisitas” de Zapatero, incluida ese extravagante y atosigante invención del “Estatuto”, (ellos lo llaman de otra forma, pero yo me considero muy orgulloso de incluirme entre los “pobres españoles” hasta en el hablar), Cataluña no alcanzaría ni en sueños ese bienestar social y económico del que hacen galas. Si no, que prueben a vivir aislados del resto de España y de que sus productos sean rechazados por el resto de la “paupérrima España”, a ver quienes iban a ser los pobres y quienes los normales, menos ricos y muy ricos. ¡Ya estamos hartos de esa prepotencia despreciativa y ese odio permanente hacia todo lo español, como si ellos fueran de otra galaxia u otro conjunto nacional!. ¿De verdad creen que les envidiamos en algo o le sobreestimamos en relación con el resto?. ¡Qué equivocados están!. A mi, la verdad, me daría vergüenza y lástima pertenecer a ese rincón ibérico, a caballo entre dos países diferentes, cuya Historia, en sus mejores tiempos y mayores éxitos tuvo lugar cuando se sentían identificados y unidos a la Corona de Aragón y posteriormente a la gran nación española, creadora de patrias y forjadora de un imperio donde nunca se ponía el sol y tuviera la desfachatez y la petulancia de renegar de ese origen, esa historia y ese pasado común. Insisto, Cataluña, es una REGION ESPAÑOLA que, según nos cuenta la Historia, siendo Condado independiente en la órbita de la Marca Hispánica (siglo IX), se unió en el siglo XIII a la Corona de Aragón por el casamiento de Ramón Berenguer IV con Petronila, hija de Ramiro II el Monje de Aragón y al unirse éste reino con el de Castilla, por los llamados Reyes Católicos, formaron parte inseparable de España. Se estableció la reunión definitiva de los reinos en tiempos de Carlos I. Y esta es la realidad que tienen que tragarse y digerir los orgullosos catalanes antiespañoles, que tanto abundan. Por mucho que pretendan los Maragals, los Roviras, y los Salvadores Sostres, enmendar la Historia y desbaratar tantos siglos de unión y empatía, no lo van a conseguir. Yo tengo apellido catalán, desciendo de un catalán que debió realizar algún hecho destacado, cuando dieron su apellido, que es el mío, a un pueblo de la provincia de Tarragona, muy bonito y turístico. Tengo primos hermanos y familiares muy directos en Barcelona, donde tan bien me trataron y tan buenos ratos pasé en mi visita como reportero. Uno de mis primos es Superior o Abad, ignoro el cargo en ese tipo de monasterios, de una célebre Cartuja catalana; otro era diplomático y fue embajador de ESPAÑA en Kwait, cuando la guerra del golfo. Un antepasado mío, el árbol genealógico de mi familia es bastante frondoso, fue obispo de Guadix y de Cádiz y bautizó a mi abuelo (era hermano del padre del neófito), figurando entre las figuras gaditanas más ilustres con calle a su nombre dedicada. Otro tío, nacido en Chiclana, la patria de una extensa rama de los Arbolí, se casó con una catalana perteneciente a la nobleza y consiguió el “honor” de ser la primera víctima de la aviación militar española, cuando aún no existía el Ejército del Aire y los marinos podían elegir la especialidad de pilotos de hidroaviones. El se estrelló, siendo profesor de la Escuela en Prat de Llobregat, mientras realizaba una clase práctica ante sus alumnos, en un lamentable e inexplicable accidente que le costó la vida. Como ven mis conexiones con esa extensa y ¿por qué no?, bonita tierra son abundantes y de primera magnitud. A lo mejor hasta mi sangre es más catalana que la de un Rovira, que pudo nacer allí porque su padre, guardia civil, se hallaba allá destinado y la de esos Sostres de tres al cuarto, que nos salen como los rastrojos entre los sembrados, que descienden ( y a mucha honra) de algún “pobre” andaluz, extremeño o cualquier otro sitio de la odiada España y emigró a esa región para mejorar de vida y buscar nuevos horizontes. Dime de que presumes y te diré de qué careces. Lo que si quiero dejar claro y pregonar a los cuatro vientos, porque los sentimientos, si son verdaderos y nobles, deben airearse sin complejos, es que ni reniego de mi apellido catalán, ni de mi nacimiento y ascendencia andaluza (chiclanera y gaditana, nada menos), ni sobre todo de mi orgullo de sentirme y ser español hasta la misma médula y no me considero un “pobre” o un desgraciado por ello, todo lo contrario. Si tuviera que elegir, prefería alterar mi propio apellido que borrar de la casilla correspondiente mi condición de español. Y conste que estoy plenamente satisfecho con el que mis antepasados me han legado y los hechos que los que lo han llevado y llevan han protagonizado. ¿Y dicen que oír hablar en español suena mal y soez?. Será cretino este tío. Me da la impresión que ha bebido más cava de lo permitido y desvaría como los borrachos. ¿Es que acaso va a comparar la sonoridad, la riqueza, la expansión y el interés general del idioma español, con esa lengua que parece que están hablando en un extraño francés?. No me extraña que nuestro anterior presidente dijera que lo hablaba en la intimidad, ya que es una lengua totalmente desconocida más allá de sus estrechas fronteras. Lo siento por los buenos amigos catalanes, pero se han metido con mi Patria y con mi Lengua y eso no se lo consiento yo ni a mi pobre madre, que hace quince años que no está entre nosotros. Y dichas las cosas, aclaradas las ideas y desahogada la indignación que la citada contraportada me produce, doy por terminado mi articulo y a quién Dios se la dé. San Pedro se la bendiga

No hay comentarios: