jueves, enero 10, 2008

Villacañas, La tercera etapa de FET, General Muñoz Grandes

viernes 11 de enero de 2008
La tercera etapa de FET: general Muñoz Grandes

Antonio Castro Villacañas

L A que yo llamo "tercera etapa" de FET-JONS se vivió desde el 8 de agosto de 1939 hasta el 15 de marzo de 1940, fechas en que respectivamente cesaron Raimundo Fernández Cuesta y Agustin Muñoz Grandes en el puesto de Secretario General del Movimiento: aquél por carta personal de Franco entregada en mano por uno de sus ayudantes al destinatario, y estotro mediante la irrevocable dimisión de su titular en el curso de una conversación personal con el Jefe del Estado. Solo duró, por tanto, siete meses.

Esta etapa tiene de particular, además de su escasa duración, las peculiares circunstancias que rodean los ceses que la abren y cierran. Sin ánimo de suplir a los historiadores, llamo la atención de cuantos gustan de estas cosas sobre los siguientes puntos.

El cese de Raimundo Fernández Cuesta, según él, tuvo como causa "la renovación del Gobierno impuesta por el término de la guerra civil y no haberse sin duda considerado mi gestión merecedora de la continuidad en el cargo." Si tenemos en cuenta que la renovación del Gobierno, como veremos enseguida, no fue total, y que Raimundo cesó al mismo tiempo como Ministro de Agricultura y como Secretario General de FET-JONS, parece justo pensar que -por lo menos en este último
cargo- su destitución se debió a que Franco no le consideraba el hombre más adecuado para desempeñarlo en aquel momento.

La ley del 10 de agosto de 1939, dictada por Franco en razón de haber ganado nuestra guerra y tener a la vista el comienzo de la mundial, fue en cierta manera revolucionaria, puesto que produjo la renovación casi total del primer gobierno franquista en su estructura y en sus titulares. Desapareció la vicepresidencia del Gobierno, y con ella la figura de quien parecía ser "el segundo" del Generalísimo, conde de Jordana, sustituído como ministro de Asuntos Exteriores por el también militar y angófilo Juan Beigbeder Atienza. En el ministerio de Justicia, Esteban Bilbao y Eguía, significativo tradicionalista, sustituyó al conde de Rodezno, su correligionario, inaugurando así el uso habitual franquista de reservar tal ministerio para esa tendencia política. El recién creado ministerio de Defensa Nacional, desempeñado hasta entontes por el general Dávila, se desdobló de nuevo en los dos tradicionales de Guerra y Marina, acompañados ahora por el del Aire en razón de la importancia lograda por la aviación. Sus titulares fueron: el general Varela -monárquico afín al carlismo- se hizo cargo del Ejército -nombre que sustituyó al antiguo de Guerra-; el almirante Moreno -monárquico alfonsino- se encargó de la Marina; y Juan Yagüe Blanco, uno de los legionarios próximos a la Falange, recientemente ascendido al generalato, asumió la tarea de crear y organizar el ministerio del Aire.

José Larraz López, abogado del Estado, experto en temas de Hacienda, colaborador del general Primo de Rivera y de Calvo Sotelo, asumió la difícil tarea de reorganizar las finanzas públicas. Joaquín Benjumea Burín, conde de Guadalhorce, ingeniero de caminos, sustituyó en el ministerio de Agricultura a Raimundo Fernández Cuesta, y provisionalmente en el de Organización y Acción Sindical -que pasó a llamarse de
Trabajo- a Pedro González-Bueno. Era un hombre, técnico, monárquico y "de derechas". Alfonso Peña Boeuf continuó como máximo responsable de las Obras Públicas. Fue uno de los dos únicos ministros supervivientes del primer gobierno de Franco. El otro, Ramón Serrano Suñer, siguió al frente del ministerio de la Gobernación, de la Junta Política de FET-JONS y del secretariado del Consejo de Ministros, lo que le proporcionaba un destacado protagonismo, pues de hecho le señalaba como posible "sucesor in pectore" de su cuñado, el Generalísimo.

Al teniente coronel Luis Alarcón de la Lastra, conde de Gálvez, artillero, monárquico, Franco le encargó el ministerio de Industria y Comercio. José Ibáñez Martín, catedrático de Instituto, diputado de Acción Popular, monárquico, sustituyó a su correligionario Pedro Sáinz Rodríguez en el puesto de ministro de Educación Nacional.

El general Agustín Muñoz Grandes, fundador de los Guardias de Asalto al comienzo de la República, y su jefe hasta la primavera de 1936, fue elegido por el Caudillo para ser el primer ministro Secretario General del Movimiento, en sustitución de Raimundo Fernández Cuesta, que había sido el primer Secretario General de FET-JONS nombrado ministro. Muñoz Grandes no era ni monárquico, ni tradicionalista, ni falangista, sino más bien republicano centrista. Por eso su nombramiento fue una auténtica sorpresa.

La reorganización ministerial del 10 de agosto de 1939 incluyó a dos significativas personas: Rafael Sánchez Mazas, destacado falangista desde la primera hora, y Pedro Gamero del Castillo, monárquico y neofalangista sevillano, fueron nombrados ministros sin cartera, lo que les permitía asistir con plenos derechos de voz y voto a todas las reuniones del Gobierno sin la responsabilidad de tener que dar cuenta de su gestión como jefe de algún sector o departamento político o administrativo.

Analizando la composición de este segundo gobierno de Franco -ocho militares, dos tradicionalistas, ocho monárquicos, nueve "conservadores", un falangista "antiguo", tres nuevos- se comprende mejor la salida de Raimundo Fernández Cuesta y su alejamiento de las primeras filas del poder. Desde Brasil, adonde fue destinado como Embajador, nada o muy poco podía hacer respecto de la configuración de la España en paz, objetivo primario de aquel momento. Aunque los historiadores apenas se han ocupado de ello, yo creo -por mi cuenta y a mi riesgo- que desde abril a agosto de 1939 se planteó el problema de qué se podía y se debía hacer con los ex-combatientes nacionales, vencedores de la guerra, y con quienes a ellos se habían enfrentado, los ex-combatientes "rojos", en gran parte encarcelados, represaliados o exiliados...
Unamos a éste el problema de qué actitud se debía adoptar respecto de la posible restauración de la monarquía borbónica alfonsina y el de la notoria simpatía falangista por buena parte de las ideas sociales republicanas, y con ello tendremos casi resueltas las dudas planteadas por el cese del primer Secretario General de la Falange franquista. Conviene recordar que este puesto llevaba aparejado el cargo de Jefe Nacional de Milicias, por lo que parece muy acertado en este aspecto que lo ocupara un general, tanto a la hora de ajustar cuáles de ellas debían ser desmovilizadas como a la de disponer el destino y el uso de las que convenía mantener activas.

No era, en cambio, la persona más adecuada para medir y controlar la creciente decepción de los viejos o nuevos falangistas ante la demora en aplicar la idea joseantoniana de llevar a cabo la justicia social y recuperar así la dignidad humana perdida bajo el imperio del capitalismo, creador de riqueza privada a costa de la pobreza o mediocridad del trabajador...

Una de las primeras medidas de Muñoz Grandes fue la de nombrar Delegado Nacional de Ex-combatientes a José Antonio Girón de Velasco, jonsista y medalla militar individual, con objeto de que le ayudara a situar en la vida civil a los hombres jóvenes, en su mayor parte muy politizados, que acababan de ganar la guerra.

Como secretario general de FET-JONS, Muñoz Grandes ocupó también puestos preeminentes -el tercero en orden jerárquico- dentro de la Junta Política y del Consejo Nacional del Movimiento, tras Serrano Suñer y Franco. Ello motivó un creciente enfrentamiento con el "cuñadísimo", paralelo a su constante aproximación a las tesis y la forma de ver la política española de los falangistas de filas...

Una de sus más acertadas medidas fue el traslado de los restos mortales de José Antonio desde el nicho 515 del cementerio de Alicante al monasterio de El Escorial. Durante varios días del mes de noviembre de 1939, a hombros de sus camaradas, simbolizando a las víctimas de la guerra, el fundador de la Falange recorrió varias provincias de España, sometidas todas ellas al Gobierno de la República roja desde el 18 de Julio de 1936 al 1 de Abril de 1939, recibiendo así el homenaje del pueblo sufrido y esperanzado...

Otro de sus aciertos fue el ordenar a los jefes provinciales del Movimiento que lograran puestos de trabajo para ex-combatientes, ex-cautivos, viudas y huérfanos de caídos mientras el Estado no pusiera en marcha el Ministerio que debía ocuparse de tales cuestiones. En esa misma línea está el nombramiento de Gerardo Salvador Merino para la nueva Delegación Nacional de Sindicatos. Antiguo socialista, hábil e inteligente organizador, levantó en poco tiempo un poderoso sistema sindical, relativamente autónomo, que llegó a ser un elemento decisivo del franquismo. El 31 de marzo de 1940, primer aniversario del final de la guerra civil, consiguió que un gran número de trabajadores participara en el gigantesco desfile cívico madrileño que despertó las iras de la derecha española, que lo contrapuso al militar del siguiente Día de la Victoria para alarmar a los sectores más reaccionarios.

Un estudio detallado de los siete meses que duró el mando de Muñoz Grandes en FET-JONS nos revelaría que en todos ellos tuvo que luchar contra la indisciplina y la resistencia de los falangistas que se negaban a cumplir el Decreto de Unificación de abril de 1937; contra quienes pretendían considerar mejores a los falangistas "madrileños" que a los de "Valladolid", o viceversa; contra quienes consideraban prioritario el restaurar la Monarquía a procurar ventajas sociales; contra los que propugnaban la superioridad de los mandos del Movimiento respecto de los del Estado, o al revés; contra quienes "no hicieron la guerra" pero sí se aprovechaban de la victoria; contra todos los que "arrimaban demasiado" la FET-JONS al fascismo de Mussolini o al nazismo alemán...

Medidas suyas fueron: la creación del Instituto de Estudios Políticos, encargado de trabajar para la reforma del Estado; la integración de los estudiantes tradicionalistas en el SEU; el establecimiento de las misiones propias de la Sección Femenina; la ley que adscribía la Organización Sindical al Movimiento; la convocatoria de un concurso público para cubrir los puestos de trabajo existentes en las organizaciones del Movimiento, al que solo podrían concurrir quienes fueran mutilados de guerra, ex-combatientes o ex-cautivos...

En esta misma etapa se celebró el Consejo Nacional del SEU que creó las Milicias Universitarias, fundó los Colegios Mayores Universitarios y facilitó la entrada en la Universidad a los estudiantes faltos de recursos económicos.

Muñoz Grandes superó las iniciales reticencias de los "viejos guardias" y de los falangistas de base, pero no las críticas del sector partidario del también neo falangista Serrano Suñer. Ello le llevó a presentar ante Franco su dimisión, primero por escrito y después de palabra, "por no poder servir a mi Patria y a tí (desde este cargo) como entiendo debe hacerse".
Aceptada su renuncia, no se cubrió su puesto; de la Secretaría General del Movimiento se hizo cargo el vicesecretario, Pedro Gamero del Castillo, afín al "cuñadísimo", y Valentín Galarza -militar poco o nada falangista- asumió la Jefatura de la Milicia Nacional.

La dimisión de Muñoz Grandes, -rara en la política de España, antes, durante y después de Franco- tuvo sus consecuencias. De ellas hablaremos la próxima semana, pues no parece conveniente alargar más las presentes apuntaciones.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4378

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