lunes, noviembre 19, 2007

Z quiso competir con Buenafuente, y le puede costar las elecciones

lunes 19 de noviembre de 2007
Z quiso competir con Buenafuente, y le puede costar las elecciones
Carmelo López-Arias (Elsemanaldigital.com)

L A política exterior no suele ser determinante a la hora de decidir el voto. Hay excepciones, como el 14-M, cuando una parte del electorado vinculó el atentado de tres días antes con el apoyo de José María Aznar al derrocamiento por la fuerza de Sadam Hussein, y decidió castigarlo mediante el sufragio. O, en el extremo contrario, cuando Felipe González rentabilizó en 1986 el ingreso de España en la Comunidad Económica Europa. Excepciones que tienen su razón en la fuerte carga emocional que desataron la palabra guerra cuando la invasión de Irak, o la palabra Europa cuando la adhesión a la misma parecía la panacea de todos los males. Es una suerte para José Luis Rodríguez Zapatero que la gestión diplomática de un Gobierno no constituya en general un criterio de voto. Si no, en las últimas semanas su futuro como presidente del Gobierno para otros cuatro años sería tan negro como ese petróleo al que culpa Pedro Solbes de que la inflación de los productos básicos de la cesta de la compra (pan, leche y pollo) se haya disparado hasta las dos cifras. CUATRO FRENTES ROTOS LA política exterior de España en los últimos años se ha caído a trozos en apenas unas semanas, pero sería injusto culpar sólo a Miguel Ángel Moratinos. En el papelón que se le ha obligado a representar al general Félix Sanz ante el comité militar de la OTAN tiene mucho que ver la negativa de José Antonio Alonso a atender los requerimientos de nuestros aliados para reforzar el contingente en Afganistán, así como nuestras restrictivas reglas de intervención. Aspectos ambos que no se deciden sin el visto bueno de La Moncloa. En el incidente del por qué no te callas se ha puesto de manifiesto lo equivocado de la apuesta española por Hugo Chávez, plasmada en el suculento contrato naval que firmó José Bono bien amparado por su superior en el Consejo de Ministros. El viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla mostró lo equivocado de las cesiones a Mohamed VI. Hemos vendido a los saharauis (la visita a ambas ciudades suena a "precio" del apoyo en la ONU al plan de autonomía del sultán) y consentido disposiciones de Marruecos sobre nuestras fronteras terrestres y sobre nuestras aguas. A cambio, Rabat nos insulta soliviantándose por la libre circulación de nuestro jefe de Estado por nuestro país. Como señaló Gustavo de Arístegui, hemos conseguido la cuadratura del círculo: llevarnos mal a la vez con Marruecos y con Argelia. Por último, el ridículo de Torrejón ante Nicolas Sarkozy. Se estuvo presumiendo estos años de un audaz vuelco africanista, como si eso fuese una alternativa a que no se nos reciba en la Casa Blanca. Y cuando llegó la hora de la verdad, no hubo vericueto directo o indirecto que nos permitiese actuar como una potencia mundial, hasta que llegó el mandatario galo a resolver la papeleta. Y ENESTO, BUENAFUENTE CUATRO batacazos en un par de semanas dejaron al Gobierno tiritando. Del temor a que Magdalena Álvarez fuese el agujero por donde el barco hiciese aguas, se pasó a temer que lo fuese Moratinos. Y mira por dónde, ni uno ni otro: el boquete se llamaba Andreu Buenafuente. O, más que el cómico catalán, quien intentó imitarle y ser más gracioso que él: el mismísimo Zeta, en la entrevista concedida al ahora showman de La Sexta. Que arranca con el presidente del Gobierno sentado, esperando al cómico y mirando con impaciencia su reloj: un numerito simpático de esos que sesudos asesores consideran que dan votos. Y tal vez los dan, siempre que el simpático de turno no meta la pata. Porque cuando llegó Buenafuente, aparentando disculparse por la tardanza, a Zapatero no se le ocurrió cosa mejor que decirle: "Imagino que venías en Cercanías". Es sin duda la frase más desafortunada de su mandato. Ha habido otras de mayor gravedad política, como su cuestionamiento de la nación y el Estado o las alabanzas a Arnaldo Otegi. Pero pocas veces un responsable público en España ha tenido el cuajo de hacer un chiste con un problema que ha creado él (asumió personalmente la gestión de Magdalena Álvarez) y que le está amargando la vida a miles de ciudadanos que le pagan el sueldo. Quizá no pague en las urnas lo de Marruecos, o lo del Chad, o lo de Venezuela, o lo de la OTAN. Pero alguien de su equipo debería sacar la calculadora para saber cuántos diputados se le pueden ir por chotearse de la gente con Buenafuente.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp

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