lunes, noviembre 12, 2007

Pablo Sebastian, El chiton del Rey

lunes 12 de noviembre de 2007
El chitón del Rey
Pablo Sebastián
El “por qué no te callas” del Rey a Chávez va a tener consecuencias, al margen de las que decida el presidente venezolano contra los intereses de España tras la fallida Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile. Para empezar, puede que el principio del fin de este tipo de convocatorias, al menos tal y como estaban planteadas. Y buena parte de responsabilidad tiene en ello José María Aznar, que rompió, frente a Cuba y Venezuela, las normas de comportamiento internacional —la “Doctrina Estrada”— que durante muchos años ha primado en las relaciones entre los Estados al margen de sus regímenes, tratando de evitar la injerencia en los llamados “asuntos internos” de cada país. Aznar primero se pasó de injerencia, y Zapatero en talante —como con los nacionalistas en España—, y en condescendencia con personajes como Chávez.
Y vamos a ver qué efecto político y mediático tiene el incidente de Chile sobre la imagen de España en toda América Latina, porque Chávez tiene sus seguidores, y no sólo en Nicaragua, Cuba y Bolivia, por más que su liderazgo, camino de la dictadura, deje mucho que desear.
También habrá consecuencias en el territorio español porque el chitón del monarca a Chávez ha puesto en valor la figura del jefe del Estado en un tiempo en el que, como consecuencia de la centrifugación española favorecida por Zapatero a lo largo de la legislatura, cada vez hay menos Estado. Después de los ataques sufridos por el Rey en los últimos meses por parte de los nacionalistas radicales y la extrema derecha —en especial por la COPE de la Conferencia Episcopal—, el gesto de Don Juan Carlos I frente al pintoresco venezolano y frente a los insultos a España del líder nicaragüense, Ortega, ha dado la vuelta a España y al mundo. Y ha puesto en un pedestal la figura del monarca que, en España, venía de ganar otro desafío —esta vez frente al monarca alauita, Mohamed VI— con su visita a Ceuta y Melilla.
Lo llamativo de todo esto, a lo que hay que añadir la ruptura imparable de la convivencia nacional y la diáspora confederal de las autonomías dotadas de gobiernos nacionalistas, es que todo ello ha ocurrido en muy pocos años bajo el gobierno de Zapatero. Ello al margen y además de todos los errores cometidos por el primer partido de la oposición, el PP, que no han sido pocos y que no cesan, para regocijo del PSOE, que ha encontrado, en la loca algarada del PP, la oportunidad para camuflar sus altas responsabilidades.
Con el añadido, por una y otra parte, de que la bronca seguirá porque no se ve en el horizonte ningún vencedor cualificado y ampliamente mayoritario de las elecciones generales que se aproximan, donde los nacionalistas van a tener, otra vez, la oportunidad de controlar la formación y estabilidad del Gobierno de la nación, salvo que un milagro —sin Zapatero ni Rajoy— logre facilitar una gran coalición PSOE-PP, para reconstruir la vajilla nacional de la convivencia ciudadana hecha añicos en estos tres y medio largos años de gobierno del PSOE.
Para bien o para mal —el tiempo lo dirá—, el Rey ha entrado en política, y al día de hoy con acierto y oportunidad, porque, al margen de los insultos de Chávez a Aznar, en la Cumbre de Santiago de Chile se han dicho cosas muy graves contra España, contra los empresarios españoles —a los que Ortega llamó mafiosos— y contra la Historia de nuestro país en América que, amén de falsas, constituyen una inaceptable agresión. De momento, el incidente se ha quedado en el chitón real a Chávez, pero estas cosas, como las bolas de nieve, suelen crecer y engordar a medida que dan vueltas sin parar. Por lo que cabe imaginar que todo ello cola traerá.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=12/11/2007&name=manantial

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