miércoles, noviembre 07, 2007

La fragilidad de las relaciones con Marruecos

miercoles 7 de noviembre de 2007
La fragilidad de las relaciones con Marruecos
DOMINGO DEL PINO. Periodista
EL show del «Gran Hermano» hispano-marroquí está de nuevo en marcha. Todos los ingredientes que utiliza Marruecos para estos potajes en los que de vez en cuando cocina sus relaciones con Espana están reunidos: viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla, según la prensa marroquí «expoliadas»; «represión de marroquíes en la Cañada Real Galiana»; «Gobierno español que quiere segar la hierba bajo los pies del Partido Popular en esta precampaña electoral»; «afán de protagonismo de un juez impredecible» (Baltasar Garzón), etc. A ello se une el irreductible patriotismo de los marroquíes que se lanzan a la calle en algunas ciudades del norte de Marruecos para reivindicar Ceuta y Melilla. Estos son los «sólidos» argumentos que han sido esgrimidos en estos días por altos funcionarios del Majzen (el poder inmediato en torno al Rey Mohamed VI) y del Gobierno marroquí para justificar una crísis a todas luces injustificable. La radio, la televisión y los medios marroquíes han amplificado la crisis de forma hasta ahora incomprensible.
¿Por qué así, por qué ahora, por qué tanta brutalidad repentina por un asunto o algunos asuntos en suma banales? La pregunta la he hecho a responsables españoles y funcionarios marroquíes, y la respuesta es la misma: «Pues no lo sabemos, no lo entendemos; se trata de alta política. Incluso algunos viejos diplomáticos del Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí me han dicho que ellos mismos no entienden qué pasa.
De un lado y de otro se pone de relieve la excelencia de las actuales relaciones hispano-marroquíes, que tienen su soporte en el apoyo a veces ostentoso de la diplomacia española a los proyectos marroquíes en relación con el conflicto del Sahara occidental. «En 2007», decía hace sólo una semana el confiado embajador español en Rabat a un periódico local, «la ayuda española a la cooperación para Marruecos se habrá cuadruplicado en relación con 2006; en tres años se han celebrado más de cien reuniones a nivel ministerial».
Lo esencial del esfuerzo cultural español, América excluida, colegios, institutos Cervantes, e incluso la única Universidad que España se propone construir en el extranjero, tienen como destinatario a Marruecos. El Principe Felipe inauguraba hace tan sólo unas semanas un nuevo centro Cervantes en Marrakech. España es el segundo cliente y el segundo suministrador de Marruecos. Los esfuerzos por comprender al islam y a la cultura vecina, por ayudar en lo que concierne a la integración de la inmigración y su reagrupación familiar, dan preferencia desde hace tiempo a los marroquíes.
En su apoyo a Marruecos en el contencioso del Sahara occidental, la diplomacia española no sólo ha ignorado los mayoritarios sentimientos de amistad y consideración al pueblo saharaui de los españoles, sino que ha contribuido con ello, indirectamente, a que Argelia hubiese denunciado hace poco el contrato más interesante conseguido por España en aquel país, el de Gasi Touil. Aunque los dos países se han esforzado por presentarlo como un problema entre empresas, a nadie escapa la irritación argelina con el Gobierno español desde 2004. Si nadie lo remedia rápidamente, España estará por primera vez en crisis declarada con Marruecos y en crisis camuflada com Argelia. Se trata de una proeza, estar a mal simultáneamente con los dos grandes países del Magreb, que la diplomacia nunca había logrado y que confirma que ningún «colchón de intereses» es capaz de evitar estas crisis, que no responden a nada que racionalmente podamos explicar, sino a aquello que el Rey Hassán II solía definir como la «meteorología cambiante» de las relaciones hispano-marroquíes. Meteorología o no, las relaciones entre dos países no pueden estar al albur de estos saltos de humor, por otra parte inexplicables.
Es verdad que el auto en que el juez Garzón se declara competente en una querella interpuesta por ciudadanos saharauis contra una docena de altos dirigentes marroquíes incluye a personajes claves del Reino, pero también es verdad que otro juez francés presentó una demanda parecida durante la reciente visita del presidente francés Nicolas Sarkozy a Marruecos sin que esos poderes que ahora han creado esta crisis con España fruncieran ni siquiera las cejas. La represión que Nicolas Sarkozy emprendió contra las barriadas parisinas en 2005, siendo ministro del Interior, incluyó a numerosos inmigrantes marroquíes, pero la Embajada francesa en Paris no creyó oportuno interpelar al Gobierno frances por ello, como ahora hizo el embajador marroquí con motivo de unos incidentes en la Cañada Real de mucha menor entidad, que involucraron al gobierno local de Madrid pero no al Estado español.
Lo cierto es que en Marruecos existe un nuevo Gobierno desde hace un mes que, al igual que le ocurrio al ex presidente Aznar, es de signo ideológico contrario al del Gobierno de Madrid. Durante las legislaturas del PP, el rey de Marruecos nombró al frente del Gobierno marroquí a un socialista, que obviamente se entendió mal con Aznar. La crisis de Perejil fue el resultado más llamativo de aquel desencuentro. Ahora está al frente del Gobierno en Rabat un político del Istiqlal, un partido eminentemente nacionalista y conservador que saca su legitimidad principal del enorme expediente territorial contra la colonización, Mauritania, Ifni, el Sahara occidental y Ceuta y Melilla. Este es el Gobierno de los cincuenta años de independencia que menos respaldo popular tiene. Sólo acudió a votar en las pasadas legislativas marroquíes el 37 por ciento de los marroquíes inscritos, pero cuatro millones de marroquíes no se inscribieron en las listas de votantes; el 19 por ciento de los que votaron emitieron un voto nulo, lo que permite suponer una cierta intención de castigo. En suma, sólo el 18 por ciento de los marroquíes voto a favor de este Gobierno, al que por otra parte el Rey, siguiendo con la practica, por otra parte constitucional, de reservarse aquellos ministerios que considera de soberania, le ha amputado al Gobierno de Abbes el Fassi once de las principales carteras, que ha nombrado directamente el Rey y que responderán al monarca solamente.
Uno de los hombres más cercanos al Rey Mohamed VI, el poderoso Fuad Ali el Himma, que sólo obtuvo tres diputados con la lista que presentó, ha logrado en menos de un mes formar con tránsfugas de otros partidos un grupo parlamentario de 36 diputados y, en consecuencia, ha recibido la presidencia de algunas de las comisiones parlamentarias más sensibles, en nombre de las cuales ha hablado ampliamente contra el viaje de los Reyes de España a Ceuta y Melilla.
La tentación de los políticos de recuperar con el irredentismo sobre Ceuta y Melilla parte del interés que los marroquíes han demostrado no tener por la política y los políticos de su país puede ser muy fuerte, pero no nos equivoquemos en esta crisis: el Gobierno marroquí la sigue, pero no la ha originado. Esta crisis ha surgido, como la de 2001, en el entorno más próximo al Rey Mohamed VI. Una de las primeras consecuencias, sobre la cual el Rey de Marruecos y el Gobierno marroquí deberían reflexionar, es la amenaza que ha proferido contra España y Francia el segundo hombre de la organización terrorista Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, quien por primera vez mencionó a Ceuta y Melilla. Marruecos debería ser muy cuidadoso a este respecto, porque ha sufrido igual que España los atques brutales del terrorismo.
Para la diplomacia española quedará, pase lo que pase con la actual crisis, una terrible lección que asimilar: cómo tratar con el Magreb en su conjunto. Tiene que recordar que la proyección española por el Mediterráneo no se detuvo nunca en el río Muluya, y que el español no sólo se hablaba en Tetuán. Pero sobre todo, y ya que Francia ha sido tantas veces motivo de «imitatio» para nuestra diplomacia, tiene que aprender cómo se hacen respetar países como Francia. Para los españoles queda la necesidad de solucionar de una vez por todas este problema territorial que Marrurecos nos tiene presentado. Ningún organismo internacional competente ha recibido y aceptado una queja marroquí por Ceuta y Melilla. Mientras Marruecos no presenta ninguna interpelación a aquellas instituciones internacionales que los usos y costumbres y el Derecho Internacional han consagrado como competentes en estas cuestiones territoriales, y mientras esos organismos internacionales no acepten su demanda a trámite, todas estas escenificaciones en torno a Ceuta y Melilla constituyen una flagrante injerencia en los asuntos internos españoles y una eventual desestabilización de los gobiernos en Madrid. Estos rifirrares entre gobiernos contrastan con la cordialidad, e incluso la complicidad, del trato invidual con los marroquíes. Los estados y los gobernantes deberían aprender de sus ciudadanos.

http://www.abc.es/20071107/opinion-firmas/fragilidad-relaciones-marruecos_200711070250.html

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