jueves 8 de noviembre de 2007
TRES PELÍCULAS IDEOLÓGICAS
Política e historia educan a la ciudadanía
Por Juan Orellana
La política y la historia han sido siempre recursos argumentales para el cine. Recursos muy manejables y manipulables para objetivos ideológicos, propagandísticos o difamatorios. Los muertos no suelen defenderse y los historiadores –salvo excepciones puntuales– carecen de hueco mediático. El público joven cada vez sabe menos de Historia –o no sabe nada– y de la política suelen tener asumidos los tópicos de la mentalidad dominante. En conclusión: el cine histórico-político es tierra virgen donde se puede plantar lo que uno quiera sin miedo a que nadie haga fracasar el negocio.
En estos momentos coinciden en la cartelera varias películas enmarcables en este género con diversos niveles de perversión histórica o ideológica. La más inaceptable es Elizabeth: la edad de oro, película británica dirigida por un hijo de sus colonias, Shekhar Kapur. Se trata de la segunda entrega de la vida de la reina Isabel I de Inglaterra, y el argumento arranca en 1585, centrándose en su enfrentamiento con nuestro Felipe II. También aborda el pseudo-romance de la Reina con marino-pirata Sir Walter Raleigh. Pues bien, la imagen que se ofrece de la entonces católica España y sobre todo del emperador Felipe II es sencillamente grotesca, caricaturesca y ofensiva. Hace acopio de las peores consignas de la Leyenda Negra para ensalzar a la Reina y denigrar al Emperador. Y lo más triste es que el actor que encarna al patético personaje imperial es un actor español, Jordi Mollá, que hace el peor papel de su carrera. 60 millones de dólares para mostrar por todo el planeta la maldad de un imperio católico y para celebrar su desaparición.
Muy por encima de ese dislate histórico tenemos una interesante producción de animación para adultos que llamada Persépolis, cinta francesa dirigida por la iraní Marjane Satrapi. Se trata de una aproximación muy subjetiva a la historia reciente de Irán, desde el final de la época del Sha hasta la actual dictadura islámica, pasando por la guerra con Irak. La película es sin duda muy interesante, pero está atravesada de un profundo escepticismo amargo que contrasta con una ingenua exaltación de los ideales del comunismo. Aunque el film no niega a Dios, propone prescindir de cualquier mediación, sea islámica o cristiana, arribando a un laicismo de sabor muy francés. Se trata de la típica lectura ilustrada de la historia que ignora el papel que los sujetos históricos que no son marxistas tienen y han tenido en el progreso de los pueblos.
Se ha estrenado también Leones por corderos, la última cinta dirigida por el veterano Robert Redford. Interpretada por él mismo y por Meryl Streep y Tom Cruise, la película nos cuenta cómo un joven senador republicano le ofrece un scoop a una veterana periodista, informándole de la nueva estrategia del Gobierno Bush en Afganistán. Coincidiendo con ello, un pelotón estadounidense fracasa en la primera misión de esa estrategia, y dos soldados quedan malheridos en territorio talibán. Por su parte, un entregado profesor de Ciencias Políticas (Redford) explica la vida de esos dos soldados idealistas a otro alumno que parece malgastar sus cualidades. El film se suma a las críticas feroces a la política exterior de Bush, en este caso referidas a Afganistán y no a Irak. Pero se agradece que Robert Redford huya del maximalismo propagandístico tratando de equilibrar el reparto de responsabilidades, incluyendo a los medios de comunicación, y planteando cuestiones de fondo como el valor de los ideales y la necesidad de regeneración moral de los pueblos.
En fin, se trata de tres propuestas muy diferentes, basadas en la historia política, y que suplen, para bien y para mal, las carencias de nuestro sistema educativo. ¿Con qué criterios puede un joven de 18 años valorar el contenido de estos films críticamente?
http://iglesia.libertaddigital.com/articulo.php/1276233962
jueves, noviembre 08, 2007
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