miercoles 7 de noviembre de 2007
Jugar con las palabras
Germán Yanke
Hay batallas que no pueden ocultarse o, más bien, no quieren ocultarse, hay que hacerlas presentes una y otra vez como si de otro modo no pudieran ganarse. Muchas de lo que se dio en llamar “guerra mediática”, es decir, las cuitas entre medios de comunicación (a menudo más comerciales que ideológicas) pertenecen a esa especie. Se sacan a colación con oportunidad o sin ella, se convierten en temas estrella, revelan a veces la posición de los medios mejor que los editoriales.
Ahora están enfadados en Prisa con el presidente Rodríguez Zapatero, como ya se ha contado hasta la saciedad con el tema de La Sexta y el fútbol de fondo (que daña más al grupo que el nuevo periódico Público a El País). Y Juan Luis Cebrián, que ya tuvo duras palabras con el Gobierno, no ha desaprovechado la oportunidad para, desde el respeto, la amistad y todo eso, reprochar a Rodríguez Zapatero esa estrafalaria campaña publicitaria sobre los teóricos logros del PSOE con la Z a cuestas. “No hace falta asesinar la ortografía para ganar las elecciones”, le ha dicho en la Academia. Está bien que un académico defienda la ortografía que el PSOE desprecia con sus bromas publicitarias, pero lo de asesinar suena a una cierta sobreactuación, como si quisiera decirle al presidente que, en determinadas cosas, no se perdona una. Es más, que se subrayan.
Pero lo que me interesa ahora es la reacción de Rodríguez Zapatero que, para zafarse del asunto, replica que “siempre preferiré jugar con las palabras a golpear con ellas”. Resulta, aunque fuese a vuelapluma y conmocionado por el ataque en la mismísima Academia, una curiosa definición de uno mismo y su política: se renuncia a golpear con las palabras (a veces, claro, pero al menos como principio), pero se puede jugar con ellas, como si pudieran, por arte de birlibirloque del poder, dejar de significar lo que realmente significan y servir para otros objetivos. Si ha habido una palabra repetida en esta legislatura ha sido la de consenso, que no tiene por ahora zeta. Ya sabíamos que se jugaba con ella, que no significaba acuerdo general, sino acuerdo con el que gobierna. Ahora constatamos que la crítica no era una exageración, que al presidente le gusta jugar con las palabras.
El problema de jugar con las palabras es que se juega con los conceptos al mismo tiempo e inexorablemente. El rigor no parece el criterio imperante. Ni en la ortografía, ni en la política.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=07/11/2007&name=german
martes, noviembre 06, 2007
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