Ultreya
Reflexiones sobre la libertad de expresión
Luis Miguez Macho
4 de mayo de 2006.
En una democracia, lo normal es que a los ciudadanos no se les moleste por hacer uso de su libertad de expresión dentro de los límites establecidos por la ley, que son bastante anchos cuando de opinión política se trata. Algo grave sucede en un país cuando hay que recordar un principio tan elemental.Colaboro con Elsemanaldigital.com de manera prácticamente ininterrumpida desde su fundación hace más de cinco años. En todo este tiempo, sólo en una ocasión había sido objeto de presiones en mi ámbito profesional por las opiniones expresadas en el periódico.La ocasión a la que me refiero fue la de las movilizaciones contra la reforma universitaria emprendida por la ministra Pilar del Castillo. El apoyo a la reforma me valió un intento de ponerme en la picota pública tan pueril como ineficaz, aunque no por ello menos malintencionado.Dicho intento consistió en imprimir mis artículos sobre el tema, subrayarlos y pegarlos por ahí. Lógicamente, así lo único que se consiguió fue darles una publicidad que de otra forma no habrían tenido, pues los medios digitales, aun los que tienen tantos lectores como éste, siguen padeciendo las limitaciones para llegar a la mayoría de la gente que nacen del escaso grado de generalización del acceso a internet que existe en España.Con todo, la intención de estigmatizar al disidente era clara. En otras zonas menos pacíficas se pintan dianas y se inscriben nombres dentro.Ahora que los correligionarios de aquellos anti-LOU han llegado al poder (y, por cierto, de la tan denostada Ley Orgánica de Universidades sólo han cambiado una disposición transitoria cuando estamos ya a mitad de legislatura), parece que queremos volver a las andadas. Conviene aclarar que las maniobras de este tipo no proceden de personas con responsabilidades públicas importantes, que tienen otras cosas de que preocuparse, sino de algunos elementos de segunda y tercera fila más papistas que el papa, como sucede con frecuencia.Pues bien, ya que esos personajes me leen con tanta asiduidad, aprovecho para dejarles claro que ni me intimidan ni me van a hacer callar. Más me importa mi libertad que todas las prebendas profesionales del mundo. Ello no tiene nada de particularmente heroico. ¿Cómo podría compararme yo con los amigos de Navarra y el País Vasco que, con tregua o sin tregua de ETA, exponen sus vidas por colaborar en este medio?Una reflexión final: con tanta ampliación de derechos como están llevando a cabo nuestros actuales gobernantes y que próximamente se extenderá a los simios, los humanos que no compartimos sus ideas corremos el riesgo de perder nuestras libertades. Pero si ellos disponen de poder para hacer lo que están haciendo, no hay poder en la tierra que pueda evitar que nos tengan que oír reprochárselo.
miércoles, mayo 03, 2006
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