jueves 4 de mayo de 2006
Derechos de los simios
por Joaquín Santiago Rubio
Podemos ridiculizar la idea, evidentemente ridícula y, por ello, banalizar el tejido ideológico – es decir, trama de ideas mal conexas- que le sirve de base, pero lo cierto es que la propuesta del pro-simio señor Garrido, diputado socialista español, en el Parlamento de su país, es la punta del iceberg de una pseudos-filosofía social que o se detiene o amenaza con la base cultural y política de los occidentales. Y digo bien, porque la desorientación que hay en el pensamiento occidental le hace proclive a autodestruirse con pasos como éste de los derechos para los grandes monos.
Lo de menos son los argumentos pseudo-científicos que los activistas del Proyecto Gran Simio utilizan para fundamentar su batiburrillo conceptual. Que genéticamente haya una similitud del 98,5% con los seres humanos y que eso sea determinante para concederles derechos como los nuestros es ridículo cuando son, justamente, los genes que no compartimos los que confieren a los humanos la diferencia moral, es decir la que confiere la capacidad sumamente elevada de ser depositarios de responsabilidad moral y legal y, por ende, de ser sujeto de derechos y de obligaciones.
Además, con ese argumento, ¿por qué no introducir en un futuro en que ya seamos iguales a los monos, la propuesta de igualarnos a otros animales con los que tengamos un porcentaje del 80%, o del 70%? La investigación del comportamiento de los animales y se está avanzando mucho en el descubrimiento de rasgos de manejo intelectivo complejo en muchos cefalópodos, en cetáceos, etc. Podríamos acabar sumando a éstos al grupo de los humanizados El peligro no está en los argumentos científicos que mutilan el aspecto esencialmente cultural del ser humano que le hace, como decimos sujeto de responsabilidad moral y legal. Son tan baudios y simplistas que se pueden desmontar fácilmente.
Dos son los argumentos más peligrosos de estos nuevos abanderados de la extensión histérica de derechos. El primero de ellos se refiere a lo que podríamos llamar “argumento educativo”. Se trata de un mito de la progresía, extraído de un mal digerido concepto de la era de la Ilustración que hacía énfasis en la extensión de la educación y de la instrucción a todas las personas como forma de convertir a los súbditos en ciudadanos con plenos derechos. La necesidad palmaria que, en el siglo XVIII, y en muchas zonas hoy día, había y hay de educación hace que exageremos el papel que cumple en el desarrollo económico y cultural de los pueblos. Otro factor, la libertad y los derechos de propiedad, juegan un papel mucho mayor para acceder al bienestar material y cultural. Pero el señor Garrido y tantos como él, deducen que, si los simios tienen una capacidad para aprender superior a otros animales, esto les convierte en candidatos a una humanización que les podría acabar asimilando aún más a nosotros, justificando así, “a posteriori”, lo que, previamente se les quiere dar o, como ellos dicen, reconocer. Tras dos siglos y medio de desarrollo, se demuestra que ni la educación hace buenos a los no educados ni la ignorancia los convierte en incapaces. La libertad y el imperio de la ley, es, sin duda, más importante pues humanizan a sabios y a ignorantes, les obliga a respetar a sus prójimos y les incita a mejorar su condición bajo su responsabilidad. La capacidad –exigua, en comparación con la nuestra- de aprendizaje de los simios jamás les hará competentes moralmente. Es por tanto, importante que desmitifiquemos la falsa idea de que, incluso entre nosotros, sea la educación, el elixir mágico que todo los soluciona, el motor de la humanización.
La segunda de las falsas ideas que hay detrás de los que argumentan en torno a eso del Gran Simio es la de que los que nos oponemos a ello, nos parecemos a aquellos inhumanos racistas que estuvieron y están en contra de que los individuos negros, judíos, o de otras etnias, tengan los mismos derechos que el resto de seres humanos. Siguiendo esa argumentación, cuando los grandes simios tengan derechos, se podrá pedir su extensión a los macacos y, luego a los lemures y a los gibones. Se utilizaría idéntica argumentación falaz, estúpida y pobre intelectualmente.
Aunque, la verdad, con ser grave la base ideológica que sustenta a tanta peligrosa estupidez, lo que más descorazona es que los seudo-progresistas del Proyecto Gran Simio, parecen tarados morales al ignorar culpablemente la carencia de derechos humanos en la que aún viven millones de seres que sí se lo merecen. Nada dicen de los humanos de Cuba, de China, de Corea, de Arabia Saudí, de Irán, y de tantos que malviven en indignas condiciones materiales y morales.
No nos riamos de los pro-simios, ataquemos con rigor sus argumentos y, sobre todo, demos valor a cosas que verdaderamente lo tienen, como la Civilización Occidental, por poner el ejemplo de especie cultural altamente valiosa en peligro de autoextinción.
miércoles, mayo 03, 2006
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