martes, mayo 09, 2006

Montilla presiona a Maragall para que no se presente como...

miercoles 10 de mayo de 2006
Montilla presiona a Maragall para que no repita como candidato a la Generalitat

El ministro defiende un pacto con CiU y propone a Castells como posible cabeza de cartel del PSCT. Santaeulària / M. Pardeiro
Maragall celebró ayer el día de Europa en un acto con alumnos de varias escuelas de Barcelona
Barcelona- Las incertidumbres que asolan la política catalana podrían cobrarse el cargo a más de un dirigente. El primer secretario del PSC, José Montilla, podía decirlo más alto pero no más claro. El mandato del también ministro de Industria para el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, es que eche a ERC del Gobierno catalán para garantizar la cohesión del Ejecutivo de cara al referéndum del Estatut y así, de paso, movilizar a los desencantados electores socialistas en la consulta. Sin embargo, no hay unanimidad dentro de las filas socialistas catalanas, y no todos los dirigentes de peso afincados en Nicaragua -sede del PSC en Barcelona- comparten la tesis de Montilla. Por ello, la decisión final -que todos coinciden en considerar de «muy complicada»- se ha dejado en manos del imprevisible Maragall, quien, a la postre, es el único con facultades para acometer próximos cambios en su Ejecutivo. Pero las variaciones no sólo afectan a sus consejeros, sino que también le implican a él mismo. Es el mandatario catalán quien debe decir, en apenas 36 horas, si quiere continuar como cabeza de lista o «dejar paso» a la sucesión en el PSC, señalaron ayer fuentes socialistas. Contactos antes de decidir. En definitiva, la salida de Esquerra del Gobierno podría afectar directamente a la continuidad de Pasqual Maragall. En caso de que el mandatario catalán no pacte el calendario electoral con los republicanos, los de Carod, enfurecidos, no reeditarían el tripartito catalán, sugieren algunas voces de la familia independenitista. Pero Maragall todavía no se ha puesto en contacto con el presidente de ERC, ya que, antes, debe reunirse con los líderes del tripartito. Será este jueves, una vez superado el trámite en el Senado, cuando las cartas se pongan sobre la mesa. También Mas formará parte de esta ronda de contactos, aunque éste se producirá a posteriori. Concluidas las conversaciones, el presidente deberá tomar una determinación -que afectará al Gobierno de Cataluña y al presidente- y anunciar la convocatoria del referéndum del 18 de junio e, incluso, un eventual avance electoral. El divorcio político entre socialistas e independentistas -salvo que alguna formación obtuviera mayoría absoluta en las próximas elecciones, coyuntura bastante improbable- haría inevitable el pacto político entre CiU y PSC tras los comicios autonómicos y daría una gran satisfacción al PSOE, harto de las actitudes «extraparlamentarias» de sus todavía socios. La denominada «sociovergencia» pasaría por sacrificar a Pasqual Maragall, ya que el líder de CiU, Artur Mas, se niega a formar gobierno con el actual presidente de la Generalitat. Así las cosas, si Maragall opta por fulminar a Esquerra del Gabinete, las carteras vacías, y en especial, la consejería primera, se convertirán en la perfecta plataforma para promocionar al heredero y nuevo candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat. El nuevo cabeza de lista socialista podría ser, según varias versiones, el conseller de Economía, Antoni Castells, bien visto por el PSOE y con ambición para asumir el cargo. De hecho, no deja de ser significativo que el presidente catalán quisiera que Castells se sentase a su derecha anteayer, durante la comparecencia parlamentaria en la que debía rendir cuenta de la última reestructuración de su Gabinete. En cualquier caso, un alto dirigente socialista quiso ayer frenar este debate porque «ya es suficiente con la que está cayendo». Pero, en realidad, el vertiginoso ritmo que está adquiriendo la secuencia de crisis en la política catalana obliga a plantearse este asunto, sobre todo, cuando se intuye una guerra entre Montilla y el PSC. El ministro, en sintonía con el PSOE, ya ha comenzado a presionar para que se impongan sus tesis. Pero los socialistas catalanes recelan y cierran filas con su presidente.

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