miércoles, mayo 10, 2006

Laboral y economia

jueves 11 de mayo d e2006
LUIS POUSA

CELTAS SIN FILTRO
Laboral y económica
Haciendo suyo el dicho de que después de la tempestad viene la calma, a última hora del martes patronal y trabajadores del sector del metal en la provincia de Pontevedra retomaron las negociaciones. Tras veintitrés horas ininterrumpidas de tiras y aflojas, las partes alcanzaron un preacuerdo que, sin embargo, no supone la desconvocatoria inmediata de la huelga, al tener que ser ratificado por los trabajadores.
Los enfrentamientos del lunes entre manifestantes y Policía, con un balance de quince heridos y trece detenidos, puestos en libertad con cargos tras prestar declaración en el Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo, relegaron a un segundo plano informativo la firma, en La Moncloa, del acuerdo sobre la reforma laboral, consensuado por el Gobierno, la patronal CEOE y las organizaciones sindicales UGT y Comisiones Obreras.
Este pacto introduce mejoras respecto al suscrito en 1997 por patronal y sindicatos -el Acuerdo Interconfederal por la Estabilidad en el Empleo (AIEE)-, que en aquella ocasión abordó el problema de los costes del despido e introdujo la figura del contrato para el fomento de la contratación indefinida. Figura contractual que debería haberse revisado en 2001, a la luz de la experiencia de lo ocurrido en esos cuatro años de aplicación.
No está de más recordar que la reforma laboral de 1984, a la que se opuso CCOO con todas sus fuerzas y UGT la aceptó muy a regañadientes, propició la contratación temporal de forma desmesurada y, según los especialistas, adoleció de un gran defecto que tampoco fue reparado en la de 1994: cualquier reforma, emprendida por la Administración, que pretendiese modificar rigideces, tendería a introducir otras o a desjuridizar las relaciones laborales, algo dudosamente compatible con el marco constitucional ( J.I Palacio Morena y E. Viaña Remis, Las relaciones laborales). En 1988 tuvo lugar la huelga general del 14 de diciembre, cuyo éxito hizo patente el fuerte rechazo que había en la sociedad española a un modelo que alimentaba "la precariedad en el empleo".
De todos modos, la realidad es más compleja que la crítica facilona de los sentenciosos. En un famoso artículo publicado en 1937, el premio Nobel Ronald Coase dejó entrever que relaciones laborales y mercado de trabajo no son términos sinónimos, sino que designan realidades muy próximas pero fronterizas: la realidad laboral es una realidad interna a la empresa y el mercado de trabajo es una realidad externa. Aquélla es cosa de los abogados, y ésta de los economistas.
La reforma de mayo de 2006 atiende a cuestiones que pertenecen al ámbito de las relaciones laborales, como mitigar la precariedad en el empleo, al reducir la temporalidad, y reforzar así la mejor inserción y compromiso con la empresa de los empleados. Pero también ayuda a mejorar la productividad y la acumulación de capital humano, dos aspectos que favorecen la competitividad, desde la perspectiva económica.
Desentenderse de lo que ocurre en el mercado de trabajo sería tanto como tapar los ojos ante otros problemas no menos acuciantes: el desempleo no afecta por igual a todos las comunidades autónomas, ni en la misma proporción a los jóvenes que a los mayores, ni a las mujeres que a los hombres. Cuestiones todas ellas que, a su vez, guardan relación con la política económica elegida.

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