miércoles, mayo 10, 2006

Apocalipticos e integrados otra vez

jueves 11 de mayo de 2006
XAVIER NAVAZA
corresponsal en galicia
Apocalípticos e integrados otra vez
Entre apocalípticos e integrados, sometidos a un eterno antagonismo, Galicia sigue a la busca de su propio modelo industrial mientras el resto de los pueblos de la Unión va tomando posiciones en la nueva sociedad global. Y al final nos pillará el toro otra vez, como ya es natural.
Es la impenitente lectura del ombligo, que amenaza con sumir al entrañable finisterre ­europeo en la melancolía económica e industrial.
Uno de los elementos principales de la polémica desatada en torno a ENCE en la ciudad del Lérez es la ausencia de una ubicación alternativa a la actual fábrica de celulosas. Allí, el futuro parece haber sido invitado a subirse a un caballito trotón y ahí le tienen: dando vueltas por paisajes imaginarios, mientras se aleja cada vez más la posibilidad de que la palabra de Galicia cuente algún día en el seno de la UE cuando se hable de la industria forestal y del papel.
Es que nuestros queridos gobernantes autónomos, con Emilio Pérez Touriño a la cabeza y Anxo Quintana tras él, han decidido navegar en aguas tibias y alejar de sí cualquier desafío que pueda depararles la enemiga del movimiento ecologista... que por cierto, está mayoritaria y virtualmente en manos de una esforzada facción del Benegá.
Y cuando se deciden, primero disparan y después preguntan quién va. Eso es lo que sucede con los proyectos que Manuel Fernández Sousa y Pescanova habían diseñado para poner en marcha una planta de Rodaballo en la virginal Costa da Morte, poblada por el paisaje y el paisanaje y ausente de todo desarrollo cabal.
Como en Pontevedra, el Gabinete autonómico ha dicho primero que no. Y cuando alguien le ha preguntado por una ubicación alternativa, no ha sabido qué contestar: no había previsto, antes de lanzar el anatema, una localización alternativa para un proyecto que lleva en su ADN la marca de la identidad industrial de nuestra tierra en el ámbito de las boyantes industrias de la alimentación.
Y así se pasa el tiempo, mientras el Gobierno consulta consigo mismo sometido a una especie de autismo político tan sorprendente como inusual.
Qué tiempos, cuando Valentín Paz Andrade -durante muchos años vinculado a las factorías pesqueras- iba a la caza de jóvenes cerebros galaicos que desarrollasen su actividad profesional en la FAO (la organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación). Su idea era que proyectasen allí la impronta de Galicia como un país cuyo potencial en materia acuícola y pesquera le deparaba, inevitablemente, un futuro preñado de horizontes: un lugar de privilegio entre los grandes de Occidente. Los resortes que Galicia guarda en su seno, tanto a partir de su masa forestal, como en el emergente planeta de la acuicultura, forjaron algunos de los sueños más cuidados del galleguismo histórico. Hoy, ya ven, son nacionalistas los primeros implicados en demonizarlos... mediante el uso de argumentos ultraconservacionistas que tienen su origen en países que compiten con el nuestro en los mercados de la Unión.

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